Dejar comida, llenar el bebedero y marcharse hasta el día siguiente puede parecer suficiente para que un perro tenga cubiertas sus necesidades básicas.
Sin embargo, en este caso, la legislación española, establece un límite muy concreto: un perro no puede permanecer sin supervisión durante más de 24 horas consecutivas.
El veterinario y divulgador Víctor Algra recordó esta norma en El Faro, de la Cadena SER, pero introduciendo un matiz fundamental: esas 24 horas no deben interpretarse como el tiempo que resulta aconsejable dejar solo al animal. “Esto es un máximo, no es lo ideal”, advirtió.
La ley dice 24 horas, no que 24 horas estén bien
El origen de la cifra está en el artículo 27 de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales.
La norma prohíbe dejar sin supervisión a cualquier animal de compañía durante más de tres días consecutivos, pero introduce una excepción más estricta para los perros. Es que en su caso, el periodo “no podrá ser superior a veinticuatro horas consecutivas”.
La diferencia es importante porque un límite legal establece cuándo una conducta queda expresamente prohibida, pero no define necesariamente cuál es la rutina óptima para el bienestar del animal.
Siempre hay que buscar la rutina óptima para el bienestar animal. Foto: Shutterstock
Algra lo resume de forma todavía más contundente al hablar de ausencias prolongadas: si una persona no puede garantizar la atención que necesita el perro, debería replantearse cómo organizar su cuidado.
Para muchos perros, incluso unas horas pueden ser demasiado
No existe una cifra universal que sirva para todos los perros. La edad, el estado de salud, el temperamento, el entrenamiento previo y la experiencia de cada animal cambian mucho cuánto tiempo puede tolerar la soledad.
Como referencia de bienestar —no como norma jurídica española— organizaciones veterinarias como People's Dispensary for Sick Animals (PDSA) aconsejan que la mayoría de los perros no permanezca sola mucho más de cuatro horas seguidas.
La Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA) utiliza, por su parte, una recomendación semejante para permitirles salir, hacer ejercicio y mantener contacto social.
Cuatro horas tampoco constituyen una frontera válida para todos. Para un cachorro puede ser demasiado; un perro adulto acostumbrado progresivamente a permanecer solo puede tolerarlo mejor. Un animal enfermo, anciano o con problemas relacionados con la separación puede necesitar mucha más atención.
No siempre sabemos que el perro lo está pasando mal
Uno de los problemas es que muchas señales aparecen precisamente cuando el propietario no está presente. Ladridos o lloros persistentes, caminar repetidamente de un lado a otro, destrozar objetos, hacer sus necesidades dentro de casa o intentar escapar pueden indicar problemas relacionados con la separación.
Muchas señales de que el perro no está bien aparecen cuando el dueño no está. Foto: Shutterstock
Algunos perros, sin embargo, presentan señales mucho menos llamativas y pueden quedarse prácticamente inmóviles.
Una cámara doméstica puede ayudar a saber qué ocurre durante las ausencias, aunque no sustituye una valoración veterinaria o de comportamiento si aparecen signos de sufrimiento.
Dejarlo solo debería aprenderse de forma gradual
La solución tampoco consiste en evitar que el perro esté solo durante toda su vida. Aprender a tolerar separaciones razonables forma parte de una buena adaptación al hogar.
Las recomendaciones veterinarias pasan por empezar con periodos muy cortos y aumentarlos poco a poco, procurando que el perro permanezca tranquilo.
Antes de una ausencia también conviene que haya podido pasear, hacer sus necesidades y disponer de un espacio seguro. Si se va a estar fuera más tiempo, una alternativa es recurrir a familiares, cuidadores o paseadores.
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¿Cuánto tiempo se puede dejar solo a un perro?
Por eso, las 24 horas pueden resultar engañosas cuando se leen fuera de contexto. Son el máximo que fija la legislación española antes de entrar en una prohibición expresa, no una recomendación para organizar el día a día.
Entre lo legalmente permitido y lo que necesita cada perro existe un espacio mucho más amplio. Y ese segundo límite no lo marca el reloj, sino el bienestar y el comportamiento del propio animal.
Arnau Ruiz, La Vanguardia
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