
¿Se acuerdan cuando Pedro Almodóvar era desprejuiciado en sus tramas, sus personajes y en las líneas de diálogo de sus personajes? Si lo recuerdan es porque tienen muy buena memoria. El director de Mujeres al borde de un ataque de nervios supo tener una etapa desvergonzada e insolente, la de sus comienzos, pero ¿alguien sigue siendo el mismo 40 años después?
Pedro luego miró con devoción y veneración a Hollywood, y en su última etapa decidió “sacrificar” su idioma, el español, para filmar con estrellas los cortos La voz humana (Tilda Swinton) y Extraña forma de vida (Ethan Hawke y Pedro Pascal) y el largo La habitación de al lado (Swinton, Julianne Moore, John Turturro).
Y ahora que regresó a su lengua, Almodóvar vuelve al croquis, porque no llega a ser un esquema, de Dolor y gloria. Un cineasta que está en crisis creativa, y por qué no personal, y apela a lo seguro, sea repetirse a sí mismo o mirar a su alrededor y encontrar inspiración en seres cercanos, queridos.
En Amarga Navidad, que es una película claramente personal, sobre la creación, la salud -los dolores de cabeza de Elsa, la protagonista, son los recurrentes de Almodóvar-, la traición y el miedo, el realizador manchego zigzaguea entre la ficción y la realidad. Y si la trama por momentos se vuelve confusa es porque realmente lo es. Hay una película dentro de otra.
En una historia, ambientada en 2004, Elsa (Bárbara Lennie) es una directora de cine de autor fracasada que ahora filma publicidades, que tiene amigas que la están pasando peor que ella (entre ellas Victoria Luengo, vista ahora en Cannes como coprotagonista de El ser querido como la hija de Javier Bardem) y que encuentra el amor en un bombero y stripper (Patrick Criado).
Pero esta historia en verdad es imaginada por otro cineasta, Raúl (Leonardo Sbaraglia, que si en Dolor y gloria era un ex del protagonista director de cine que componía Antonio Banderas, ahora ese rol lo cumple él) que atraviesa la crisis de ideas y apela a una historia reciente de una compañera y amiga de trabajo (Aitana Sánchez-Gijón).
Almodóvar parece muy preocupado en la introspección, que lo llevó a esta autometaficción. Amarga Navidad es hiper personal, pero también reiterativa, por más que el director desde el guion lance dardos antes de que lo tilden de poco autocrítico -contra Netflix, o contra los cineastas que se venden-.
Sí mantiene los rasgos de estilo con su paleta de colores. Hay azules, rojos y amarillos furiosos, una composición de encuadre siempre envidiable y una canción (La Llorona, por Chavela Vargas) en uno de los mejores momentos o más emotivos del filme. Elsa está sentada junto a Patricia (Luengo). No hablan, pero en ese silencio se siente la emoción mientras escuchan a la cantante mexicana.
Cuando la película impone un giro dramático, cuando parece que abre una veta que nos devuelve al Almodóvar de La piel que habito, cuando esa vampirización del director por apropiarse de la vida de otros como hecho creativo, llega el desenlace. Abierto, como si fuera una temporada de una serie o telenovela, y no sabemos si sentir angustia, frustración o qué.
Comedia dramática. España, 2026. 111’. De: Pedro Almodóvar. Con: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo. Salas: Hoyts Abasto, Palermo, Unicenter y Dot, Cinépolis Recoleta, Pilar y Avellaneda, Showcase Belgrano, Norcenter, Haedo y Rosario.
