Un Nobel de Economía no cree que la IA vaya a provocar despidos masivos: “Reemplazar trabajadores es una propuesta perdedora”

Mientras en Silicon Valley abundan las advertencias sobre una posible ola de despidos por inteligencia artificial, el economista Daron Acemoglu sostiene una mirada mucho más cauta. El ganador del Premio Nobel de Economía 2024 considera que la IA todavía no mostró capacidad para destruir empleo de manera masiva y cree que muchas de las promesas sobre automatización total están sobredimensionadas.

“Reemplazar trabajadores por una IA es una propuesta perdedora”, afirmó en una entrevista publicada por MIT Technology Review, donde cuestionó especialmente el discurso de algunas grandes tecnológicas sobre el futuro del trabajo.

Antes incluso de recibir el Nobel junto a Simon Johnson y James A. Robinson, Acemoglu ya había quedado a contramano del entusiasmo dominante en la industria. En 2024 publicó el trabajo “The Simple Macroeconomics of AI”, en el que calculó que el impacto de la inteligencia artificial sobre la productividad de Estados Unidos sería “modesto” durante la próxima década.

Según su estimación, la mejora no superaría el 0,66% en diez años y podría incluso ubicarse por debajo del 0,53% si se considera que muchas tareas futuras serán más difíciles de automatizar que las primeras aplicaciones de IA generativa.

Esa visión chocaba con las proyecciones de CEOs tecnológicos que desde hace años anticipan una transformación radical del trabajo de oficina. Sin embargo, dos años después, Acemoglu asegura que los datos todavía no respaldan un “apocalipsis laboral”.

De hecho, menciona que distintos estudios no encontraron hasta ahora efectos significativos sobre las tasas de empleo ni un aumento generalizado de despidos asociados a la IA. Incluso un informe de la Reserva Federal de Estados Unidos publicado en marzo de 2026 concluyó que no había “evidencia de una reducción” de ofertas laborales en las industrias con mayor adopción de inteligencia artificial.

El economista aclara, de todos modos, que eso no elimina el riesgo de impactos específicos sobre determinadas profesiones o grupos de trabajadores más expuestos a la automatización.

Por qué la IA todavía no reemplaza empleos

Acemoglu, durante el seminario en la Universidad Austral de Pilar, años atrás. (Foto: Maxi Failla)

Uno de los principales focos actuales de debate son los llamados “agentes de IA”: sistemas capaces de ejecutar tareas con mayor autonomía que un chatbot convencional. Varias compañías tecnológicas los presentan como herramientas capaces de reemplazar trabajadores completos.

Acemoglu no comparte esa idea. Para él, un empleo está compuesto por múltiples tareas heterogéneas que las personas coordinan de manera natural y flexible, algo que la IA todavía no logra replicar con facilidad.

Como ejemplo, menciona el caso de un técnico de rayos X. Su trabajo no se limita a tomar imágenes médicas: también implica recopilar historiales clínicos, organizar archivos, manejar bases de datos, adaptar procedimientos y coordinarse con otros profesionales.

“Un trabajador puede cambiar naturalmente entre formatos, bases de datos y estilos de trabajo”, explicó. La duda, según plantea, es cuántas herramientas, protocolos o sistemas distintos necesitaría una IA para realizar la misma combinación de tareas sin errores.

Para el Nobel, el verdadero desafío de los agentes de IA pasa por la capacidad de “orquestar” distintas actividades con la fluidez que tienen los humanos. Y sostiene que, mientras eso no ocurra, muchos puestos seguirán lejos de una automatización total.

El rol de las tecnológicas y la pelea por el relato

El CEO de OpenAI, Sam Altman. (Foto: Reuters)

Otro de los puntos que observa con preocupación es el creciente desembarco de economistas en empresas de inteligencia artificial. OpenAI contrató en 2024 a Ronnie Chatterji como economista jefe y luego anunció trabajos conjuntos con Jason Furman para investigar el impacto de la IA sobre el empleo y la productividad.

También Anthropic reunió a un grupo de economistas para estudiar el fenómeno, mientras que Google DeepMind incorporó al economista Alex Imas como director de economía de AGI.

Acemoglu reconoce que tiene sentido que las empresas quieran comprender el impacto económico de sus tecnologías, sobre todo en un contexto de creciente escepticismo social respecto de la IA y el empleo. Pero advierte sobre otro riesgo: que las investigaciones más influyentes sobre el futuro del trabajo queden en manos de compañías con intereses directos en promover conclusiones favorables.

“Lo que espero que no ocurra es que estén interesados en economistas solo para impulsar sus puntos de vista o alimentar el hype (expectativa exagerada)”, señaló.

El economista también cuestiona otro aspecto central del boom actual: la falta de aplicaciones verdaderamente simples y masivas. Para explicarlo, compara la situación actual de la IA con programas como Word o PowerPoint, que podían instalarse y utilizarse rápidamente para resolver tareas concretas.

“Cualquiera podía instalar esos programas y conseguir que hicieran lo que quería”, explicó. En cambio, sostiene que todavía no aparecieron herramientas basadas en IA con el mismo nivel de usabilidad y adopción práctica para la mayoría de los trabajadores.

Aunque millones de personas ya interactúan con chatbots, Acemoglu considera que eso no significa automáticamente un salto sostenido de productividad ni una transformación inmediata del mercado laboral.

Su mirada sobre el futuro, de todos modos, no es completamente optimista. En otra entrevista reciente, el Nobel advirtió que el modelo económico impulsado alrededor de la inteligencia artificial puede aumentar la desigualdad y deteriorar la calidad del empleo si se orienta principalmente hacia la automatización masiva.

“Este desarrollo es malo para la igualdad, malo para la clase trabajadora, malo para la democracia y malo para la cohesión social”, afirmó.

Según plantea, el problema no es solamente tecnológico, sino también político y económico: cómo empresas, gobiernos y laboratorios de IA construyen el relato alrededor de la inteligencia artificial y deciden aplicarla sobre el trabajo humano.

Mientras tanto, Acemoglu insiste en una idea central: pese al clima de alarma que rodea a la IA, todavía existe “una enorme incertidumbre” sobre su verdadero impacto económico y laboral.

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