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¿No hay RIGI para las pymes?

¿No hay RIGI para las pymes?

Nos hemos acostumbrado a la idea de que "la macro está bien". Pero cierran empresas y se destruye empleo privado.

La definición del Gobierno de promover las grandes inversiones en los sectores más dinámicos de la economía ha conseguido un amplio consenso político. Hay acuerdo en la oportunidad y conveniencia de aprovechar las ventajas comparativas de la agroindustria, la energía y la minería, ponerlas a producir mucho, exportar y conseguir divisas, para resolver de una buena vez el histórico y recurrente drama de la falta de dólares.

Tampoco se discute la decisión de encauzar las cuentas públicas y resolver otro problema recurrente de nuestra historia, la emisión monetaria irresponsable y su consecuencia inflacionaria. La estabilidad es un valor compartido.

El consenso que falta, o que al menos no se ve en la discusión pública, es la necesidad de que la economía funcione y se expanda. La necesidad de desarrollo.

Es extraño, pero nos hemos acostumbrado a esta idea de que "la macro está bien", mientras cierran empresas y se destruye empleo privado. Según cifras oficiales, en los últimos dos años y medio cerraron su puertas 26.448 empresas, la gran mayoría de ellas pymes, y el empleo registrado cayó en 339.841 puestos de trabajo, también la mayor parte en pymes.

Y es que hay un consenso más, muy preocupante y se ha enunciado con bastante insistencia: la destrucción creativa. Quienes no puedan competir, desaparecen, y está bien. Está pasando. Pero ¿es posible que haya acuerdo aquí? ¿Nadie sale en defensa de las pymes argentinas? Se habla de dos economías diferentes que viajan a dos velocidades distintas. La analogía parece complaciente. La verdad es que hay reglas de juego muy diferentes, una cancha inclinada y embarrada.

Una cancha inclinada, porque mientras para los nuevos sectores más dinámicos, que ya gozan por definición de ventajas comparativas y oportunidades en el mercado mundial, se han fijado reglas fiscales, laborales y legales de excepción, y muy ventajosas, las pymes enfrentan el ajuste y contracción del consumo interno, una presión tributaria altísima, crédito escaso y caro, y el lento pero implacable aumento de costos: la inflación en dólares a raíz del retraso cambiario.

Pero además la cancha está embarrada. Se acusa a los empresarios de cazar en el zoológico, de prebendarios, de casta. Y la verdad es que las pymes argentinas funcionan hace décadas pagando todo tipo de impuestos, sin crédito, con tasas altísimas, con regulaciones laborales farragosas, cepos e infinidad de trabas. Los pequeños y medianos empresarios argentinos han demostrado una y otra vez su aptitud, creatividad y capacidad. Han sido ellos quienes sostuvieron la actividad y el empleo. Y ahora tienen que cerrar.

Las sociedades se dan gobiernos para organizar mejor la vida común, su prosperidad y bienestar. El objetivo básico de una política económica es promover la actividad y el empleo. ¿Por cualquier medio y de cualquier forma? No; nadie le pide al gobierno que incurra en prácticas irresponsables. Pero tampoco es aceptable que siga avanzando la descomposición del tejido empresario argentino. Del cierre de empresas y destrucción de empleo, se alimenta la desintegración social, la decadencia de la cultura del trabajo, la desesperanza y el malestar.

Tampoco hay macro sustentable si la realidad cotidiana de la mayoría de las empresas es la contracción o el cierre. El superávit fiscal no se sostiene si cada vez menos empresas pueden funcionar y pagar sus impuestos.

Tenemos que discutir y buscar un consenso diferente en este punto. Hay que cuidar a las pymes, darles por lo menos condiciones iguales, ayudarlas a competir, aliviar su carga fiscal, ofrecerles líneas de crédito accesible, y promover sanas negociaciones colectivas que les permitan crear empleo. Hace falta un RIGI para pymes, o alguna política seria que le devuelva viabilidad y perspectivas. Y la dirigencia y el gobierno tenemos que buscar un acuerdo constructivo en este punto crucial.

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