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Salud

Cómo rejuvenecer el cerebro hasta 7 años

Cómo rejuvenecer el cerebro hasta 7 años

Una investigación internacional prueba que con el baile se puede retrasar el envejecimiento cerebral entre 2 y 7 años. Los secretos del estudio y las claves.

Una buena noticia para quienes procuran cuidar su salud, y a la vez divertirse: el baile no solamente es una forma entretenida de poner el cuerpo en movimiento, es decir, de hacer una actividad aeróbica, beneficiosa entre otras cosas para el sistema cardiovascular. Es, también, una forma de cuidar el cerebro, y de mantenerlo joven.

Así lo señala un estudio internacional - en el que participaron investigadores argentinos- publicado en la revista Nature Communications, que viene a poner a la creatividad en un lugar que, hasta ahora, parecía estarle vedado: señala que tanto el baile, como hacer música, realizar actividades plásticas y hasta jugar determinados videojuegos, mostraron tener como efecto una protección medible y directa de la salud cerebral.

El estudio

Agustín Ibañez es un neurocientífico argentino que viene estudiando cuáles son las cuestiones que inciden en el envejecimiento. En esa línea, muchos de sus trabajos analizan el impacto del exposoma -es decir, todas las cuestiones del entorno (ya sea ambientales, e incluso políticas y económicas)-, en el cerebro.

Milonga en el barrio de San Cristóbal. Foto: Antonio Becerra

En este estudio, sin embargo, el foco es otro: el impacto protector de la creatividad. Para eso, examinó, junto a otros investigadores, datos cerebrales de más de 1400 participantes de 13 países (entre los que estaba Argentina), incluyendo expertos creativos (como bailarines de tango, músicos, artistas visuales), estudiantes y no expertos.

Así, descubrieron que la participación sostenida en actividades creativas se asociaba sistemáticamente con cerebros más jóvenes.

La creatividad y los relojes cerebrales

El equipo de investigación utilizó modelos computacionales avanzados, conocidos como relojes cerebrales, para determinar la edad biológica del cerebro.

Estos modelos comparan la edad cerebral prevista con la edad cronológica, generando una brecha de edad cerebral (BAG, por sus siglas en inglés) que refleja un envejecimiento acelerado (mayor) o resiliente (menor).

Así, hallaron que en varios dominios creativos, los relojes cerebrales mostraron un envejecimiento retrasado, especialmente en las regiones más susceptibles a la neurodegeneración. La creatividad, señalan, favorece una mayor eficiencia de las redes cerebrales y una mayor conectividad.

No solo para expertos

Ahora bien, es cierto que el término “creatividad” puede resultar amplio. En este sentido, Ibañez -director científico del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) y profesor de Salud Cerebral Global en Trinity College Dublin- destaca que esta amplitud fue intencional.

“Se trata de toda aquella actividad que requiere flexibilidad, pensamiento novedoso y ciertas estrategias que hacen a la experiencia creativa”, precisa Ibáñez. Y, de esta forma, los distancia de la perspectiva que asocia este beneficio a los expertos.

“Es un término inespecífico y queríamos que así fuera, porque la idea es que la creatividad, si puede ser un bien para la salud, no tiene que ser un bien un Da Vinci, tiene que ser un bien para cualquier ser humano”, reflexiona el neurocientífico.

De hecho, al ser consultado respecto a qué cantidad exacta de tiempo de baile u otras experiencias creativas serían necesarias para lograr obtener los beneficios, Carlos Coronel, primer autor e investigador del GBHI-Trinity College Dublin y la Universidad Adolfo Ibáñez, dice que algunas horas en la semana (específicamente entre 3 y 6, en el caso de los videojuegos) podrían bastar para generar un impacto positivo en la salud cerebral.

Por otro lado, y más allá del tiempo concreto que se le dedique, los autores hacen hincapié en otra dimensión, sin la cual nada de esto tiene sentido: el nivel de involucramiento. En esta línea, a mayor inmersión en la actividad, los investigadores hallaron más impacto que si, por ejemplo, se ejercía “en piloto automático”, o, dicho en términos aún más coloquiales, “con la cabeza en otro lado”.

El poder del pensamiento flexible

Ahora bien, ¿por qué la creatividad tendría este poder?

“Hay algún componente que, no sabemos por qué, se asocia a la creatividad: puede ser la regulación emocional, la capacidad de atención plena o, a lo mejor, es el pensamiento flexible. O dejar de pensar en los problemas. Probablemente sea todo eso junto”, ponderan Ibáñez y Coronel.

De lo que no tienen dudas, y encontraron a lo largo de diferentes estudios, es que opera un proceso subyacente que tiene un impacto directo en el rejuvenecimiento cerebral.

El baile

Si bien todas las actividades analizadas reportaron este beneficio, el baile fue el que más puntaje obtuvo. Mientras que jugar videojuegos puede retrasar en 4 años y las actividades plásticas 6, bailar tango reportó un rejuvenecimiento cerebral de 7 años.

El género tomado para el estudio fue el tango, y el videojuego fue el Starcraft 2. Pero lo cierto, aclaran los autores, es que puede hacerse extensible a otras variantes.

Tango: "Tiene un componente sensorio-motor muy fuerte". Foto: Freepik.

“El baile tiene un componente sensorio-motor muy fuerte, que la pintura por ejemplo no tiene, y lo cierto es que hay muchos aspectos específicos asociados a la creatividad, pero lo que tiene de bueno este estudio es que encuentra que independientemente del tipo de actividad creativa (baile, pintura, música, gaming) todos tienen un proceso en común que es retrasar el envejecimiento cerebral”, dice Coronel.

“Además -añade-, el conjunto de áreas principalmente asociadas al rejuvenecimiento son comunes para todos los grupos, con pequeñas variaciones”.

De todas maneras, el baile tiene ciertas particularidades que lo hacen especial: combina ejercicio físico, coordinación, memoria, atención, estimulación emocional y social, refiere Coronel.

Prescripción social de creatividad

Los autores son optimistas en cuanto al impacto de este hallazgo. De hecho, lo ponen en línea con las recomendaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con la serie especial de “The Lancet” sobre los beneficios de las artes para la salud, y con las sugerencias que ya se realizan en países como Inglaterra o Estados Unidos de prescribir actividades artísticas.

Por un lado, en 2019 la OMS publicó un análisis denominado “¿Cuál es la evidencia sobre el papel de las artes en la mejora de la salud?”, en base a dos décadas de lo que catalogaron como “un aumento significativo” de la investigación sobre los efectos de las artes en la salud y el bienestar

El informe sintetizó los resultados de más de 3000 estudios que identificaron el rol de las artes en la prevención de enfermedades, la promoción de la salud y la gestión y el tratamiento de enfermedades en una variedad de contextos culturales, espacios de salud y atención, y a lo largo de la vida.

Por otro, la “Serie Global de The Lancet”, que concentra importantes estudios científicos referidos a este tema, destaca la creciente evidencia científica que respalda el papel de las artes en la salud y el bienestar.

La serie, lanzada a fines del año pasado, muestra cómo las artes contribuyen a la salud mental, física y social al fomentar la resiliencia, el compromiso emocional y la cohesión social, factores clave para lograr la definición holística de salud de la OMS.

Un antídoto contra el estrés

Por último, es importante destacar que las actividades creativas cuentan con lo que se denomina salutogénesis (definido, al contrario que la patogénesis, como el proceso de sanación y creación de salud) como efecto terapéutico, postulan los investigadores.

A diferencia de lo que se denomina patogénesis, Ibáñez propone, por ende, poner estos hallazgos en perspectiva de oportunidad.

“Vivimos en un mundo de incertidumbre, de constante estrés, de una agresividad que se incrementa cada día, de radicalización del pensamiento, de inseguridad; entonces, poder construir un espacio, una burbuja en la que desarrolles habilidades creativas, puede concebirse como una ventana”, reflexiona.

El estrés, en cierto nivel, puede fomentar la creatividad, reconoce, “pero cuando se incrementa paraliza la actividad, no hay tiempo para pensar porque tenés que dar respuestas rápidas, no vas a tener pensamientos más flexibles, no vas a disfrutar de la actividad, no vas a tener autorregulación emocional porque vas a estar estresado”, contrapone.

Sin embargo, cierra: “Ya sabemos, como dijimos en otro paper, que la inestabilidad política incluso te acelera el envejecimiento; entonces, poder crear un espacio de salutogénesis propio que hasta te proteja de estas condiciones ambientales, ciertamente que no es fácil, pero es una oportunidad que tenemos. Y así como está el mundo, es más que necesario”.

Tangoterapia

La vinculación entre la salud del cerebro y el baile, es abordada no solo desde la prevención, sino también como herramienta para aliviar síntomas de determinadas afecciones cognitivas.

Tanto el Hospital de Clínicas como el Ramos Mejía, ofrecieron durante años clases de tango para pacientes con Parkinson. En el caso del último, fue declarado de interés social por la Legislatura Porteña. Pero ese taller fue este año discontinuado por falta de financiamiento.

Tangoterapia. Postura y movimiento, útiles para el Parkinson.

“El tango permite, mediante la danza, interiorizar adaptaciones en la postura y el movimiento que son útiles para las personas con Parkinson. Al bailar, se pone en juego el equilibrio dinámico, la coordinación de movimientos y sincronización del cuerpo con el ritmo; útil para contrarrestar los síntomas del Parkinson”, dicen desde el Clínicas, que aún no tiene fecha de inicio de las clases.

¿Por qué el tango? Según refieren, se trata de un género musical de ritmo repetitivo que permite estructurar con facilidad el tiempo y con ello una predisposición al movimiento.

“Al seguir la melodía, mientras se baila, se contrarresta la pérdida del ritmo interno que tienen los pacientes por los síntomas de lentitud, rigidez y temblor. También, con cada giro y movimiento acertado se va generando un nuevo registro del cuerpo que permite un mayor dominio del mismo. Estos logros contribuyen a mejorar la autoestima y dan seguridad en los movimientos que se realizan todos los días”, resumen.

La moda retro del rock

El repertorio va desde Fantasma de Canterville, Just a Gigoló y Green Onions hasta El rock de la cárcel y Cosita loca llamada amor. Todos bailan, los cuerpos se igualan: “Acá no existe la edad”, dice el profesor a cargo de la clase de rock, en una sede de Monserrat. Y agrega que la moda retro volvió con todo y que tiene lista de espera para enseñar a bailar.

Juan Aron es el director de Gente de Rock, junto a su esposa Ana Castro. Juntos abrieron la escuela hace 12 años y ya tienen 10 sedes, 28 clases semanales y más de 800 alumnos. El público es mixto, de edades bien diferentes, que llegan hasta los 70 y pico.

“Buscamos que en cada clase haya paridad entre hombres y mujeres. Hicimos un estudio sociológico y la mujer se anima más y viene en mayor cantidad. Tratamos de que la proporción sea 60-40 por ciento, no más. Al hombre le cuesta más, se frustra más rápido, pero cuando se suelta, no lo para nadie. La mujer es más dúctil y desinhibida, pero también más inconstante”, describen los directores.

“Obvio que enseñamos a bailar rock, pero no para que salgan a competir sino para disfruten del lugar y de la compañía”.

En Monserrat. Clase de rock. Foto Martín Bonetto

Hay comerciantes, abogadas, contadores, médicos, empleados jerárquicos y rasos, pero en la clase todos se igualan, no sólo por la bajada de línea de los directores, sino porque la mayoría va en jean y joggineta. A divertirse.

“Este es un punto de encuentro, un lugar en común para bailar y sociabilizar -dice Castro-. El rock, que ahora está mucho más visible que antes, es una buena excusa para buscar otras cosas, por ejemplo para combatir la soledad, para salir de la rutina y dejar los problemas de lado por un rato”.

El salón de Monserrat, sobre la calle Alsina al 1600, está lleno esta noche cruda de invierno. Entre los alumnos, los pasos están muy bien sincronizados y nadie pisa los pies del compañero. La primera parte de la clase es más técnica e informativa, luego llegan Charly, el Indio, Creedence, Elvis Presley y la magia se apodera del lugar. A ninguno se le ocurre preguntar cuántos años tiene la persona que le sostiene fuerte la mano, con la que gira de un lado al otro. Todo fluye, como la música.

Francisco Pallejá tiene 49 años y es profesor de baile en Dance Troupe, en el Pasaje Bollini 2167, Recoleta. Allí se baila casi todos los días. No solo rock, sino también tango, folklore y salsa. “El lema de nuestra escuela es ‘bailar hace feliz’”, dice Francisco con tanta pasión que hay que creerle.

El promedio de edad de los alumnos es de 60 años, gente que tiene ganas de cumplir pendientes de la vida. La mayoría son profesionales: “Muchos son vecinos del Bollini que se entusiasman con el boca a boca”.

En Dance Tropue también enseñan comedia musical, canto y hasta idiomas con música.

Los martes a las 20 la cita es a puro rock, y algunos llegan con look rockabilly. Cada tanto, incluso, aparece un abogado de la zona lookeado como Elvis Presley. Es el día de la semana para practicar traslados, dobles y triples. También, giros y contragiros al ritmo de Jailhouse Rock y otros temazos del rey del rock and roll. Entonces, contadores y ginecólogas se olvidan por un rato de sus profesiones y se dejan envolver por la magia de la música que los iguala a todos.

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