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Milei navega en la ola de nacionalismo y el inesperado resurgir de Malvinas

Milei navega en la ola de nacionalismo y el inesperado resurgir de Malvinas

El Presidente se cuida de no aparecer usando el éxito de la selección y tardó en referirse a la bandera que exhibieron los jugadores. El giro en la política sobre las Islas. Villar

La primera reacción oficial sobre la bandera que exhibieron los jugadores en la cancha después el triunfo ante Inglaterra fue de la cuenta de La Libertad Avanza, a menos de una hora de ocurrido el hecho. “Somos un país, no una película de Disney”, decía el texto, en tono irónico, acompañado debajo por una foto que mostraba el inesperado gesto de reivindicación de Malvinas, cuyo efecto político se amplificó en el mundo en apenas segundos.

La frase había sido usada originalmente, en inglés, el 10 de diciembre de 2022 por LLA, cuando Javier Milei soñaba con ser candidato, para responder a un artículo de The Washington Post en el que se cuestionaba la falta de futbolistas negros en el equipo argentino. El mensaje había tenido impacto afuera y de ahí viene la referencia a Disney, nave insignia de la industria cultural a la que le atribuyen una agenda “woke”. En ese entonces, la cuenta partidaria era administrada por Agustín Romo, con un lenguaje más afín a la tropa digital, hasta que pasó a manos cercanas a Karina Milei durante la Presidencia. El tuit de Malvinas, que se salió de lo trazado por la línea oficial para el Mundial, está muy inspirado en aquel posteo de Romo. Como suelen repetir en las filas de Santiago Caputo, “las fuerzas del cielo operan de maneras misteriosas” o bien, por una razón más terrenal: aún conservan la contraseña de la cuenta.

Como sea, el Presidente recién se manifestó al día siguiente en una entrevista respecto de la postal que disparó la protesta del gobierno británico. “Es perfectamente válido que ellos se quieran expresar (…) es entendible, les ganó la emoción”, deslizó acerca de los jugadores. Es similar a la explicación que dio ayer el director ejecutivo del grupo de trabajo de la administración de Donald Trump para la Copa el Mundo: “Aquí tienen libertad de hacerlo”.

Milei nunca navegó cómodo en las aguas del nacionalismo, tan agitadas en momentos de euforia mundialista. Desde el principio del campeonato, tomó la decisión de no subirse a la ola y desistió de viajar. Lo hizo a pesar de que distintos sectores del Gobierno proponían aprovechar la épica generada por el plantel liderado por Lionel Messi; usufructuar el sentimiento colectivo que el marketing político por las suyas no logra.

El capítulo Malvinas no estaba entre los cálculos. Hay un frondoso archivo de Milei elogiando a Margaret Tatcher, primera ministra durante la guerra; muestras de cercanía con Londres y contradicciones dentro del Gobierno. Por ejemplo, cuando le restó importancia a la visita a las islas de David Cameron, canciller inglés, en febrero de 2024. “No fue una provocación”, le dijo a la periodista Ione Wells, corresponsal de la BBC, bajándole el tono a las declaraciones previas de Diana Mondino, cuando estaba al mando de las relaciones exteriores.

El planteo de la política de Malvinas del Gobierno está en línea con el de Carlos Menem y Mauricio Macri, enfocado en la relación bilateral y el intento de acuerdos comerciales. Los Kirchner fueron más a la confrontación y a la búsqueda de apoyo en organismos internacionales. Ninguno obtuvo avances respecto del reclamo de soberanía, básicamente porque no logran que exista una mesa de negociación.

Milei apuesta al respaldo de Estados Unidos, un país que históricamente considera a Gran Bretaña en los términos de una “relación especial”, más allá de los vaivenes. Eso quedó demostrado en la visita de Carlos III a Washington, en abril, en el marco del 250 aniversario de la Independencia. “Me atrevo a decir que si no fuera por nosotros, ustedes estarían hablando francés”, sostuvo el rey, haciendo gala del humor inglés y del peso de la historia, durante la cena en la Casa Blanca. Semanas antes, Trump venía presionando a los miembros de la OTAN para que se hagan cargo de los gastos en defensa. Entonces, les dijo que gracias a la intervención estadounidense en la Segunda Guerra en Europa no se habla alemán. Así son las cosas entre viejos amigos.

El Presidente ha reducido su política exterior al alineamiento irrestricto con Estados Unidos e Israel, sin fisuras, como nadie más lo hace. Ese seguidismo previsible y dependiente lo pone en un lugar de escasa relevancia en el tablero de las decisiones a nivel mundial.

En el universo digital, donde se mueve Milei, la conversación acerca de Malvinas superó las 2 millones de menciones en cinco días, y el miércoles, cuando se disputó el partido, se duplicó el volumen comparado con el 2 de abril, fecha en que se conmemora el conflicto bélico, según un informe de Ad Hoc. El enfoque resultó negativo para Milei: las menciones vinculadas a él y las islas llegaron a un 66,7% de negatividad.

Desde hace tres meses, se empezó a delinear un giro más agresivo en la estrategia frente a Londres. Una de las razones fue la decisión final de inversión del proyecto Sea Lion, un yacimiento petrolífero que tiene el potencial de triplicar el PBI de las islas, de acuerdo con un artículo del Financial Times publicado a principios de este mes. El canciller Pablo Quirno repudió la firma de la iniciativa en un discurso el 10 de junio pasado.

La tensión subió esta semana con otro hecho: se presentó el lunes una nota de protesta en la Embajada de Reino Unido para expresar su rechazo a la realización de movimientos del buque HMS, que fue “ilegalmente destacado en las Islas Malvinas” y por el que la Argentina no fue “debidamente notificada”.

A contramano de la posición en la primera mitad del mandato, en el que no aparecía en el centro el reclamo por la soberanía, Milei reconfiguró sus palabras.

“Nunca en la historia se han hecho tantos avances diplomáticos para recuperar las Malvinas”, dijo con grandilocuencia, en una entrevista con El Observador, hace tres días.

La dosis de nacionalismo en la campaña 2023 la proporcionó Victoria Villarruel, hija de un militar que combatió en Malvinas. Ese complemento hasta quedó registrado en el Libro de Honor del Congreso cuando asumieron: él firmó con la dedicatoria “Viva la Libertad, carajo”; y ella, con “Todo por Argentina”. La ruptura entre ambos derivó en que el Presidente reforzara esos conceptos en su narrativa, algo que no le sienta del todo natural.

La vice no perdió oportunidad para llamar “piratas usurpadores” a los ingleses previo a la semifinal, mientras la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, por orden de la FIFA, pedía que no ingresaran al estadio con banderas o elementos que hicieran alusión a la guerra de 1982. Lo extraordinario fue que los jugadores trasgredieron la norma al tomar de la tribuna un pedazo de sábana blanca con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. Sin esa imagen, la repercusión política del partido habría sido menor.

Pese a que los hermanos Milei evitan darle protagonismo a Villarruel, Patricia Bullrich le cedió un momento de estelaridad luego de que se difundiera una conversación que mantuvieron por Whatsapp. La jefa del bloque de LLA transmitió parte de ese diálogo a un grupo de chat –que es el primer paso con el propósito de que algo circule– para advertir sobre lo que estaba pasando: la vice le sugería posponer la sesión por la ley de tierras porque el país estaba de festejo y el proyecto habilita a “rifar” todo.

En el ida y vuelta se trenzaron al punto de que la senadora le pidió que si piensa eso debería renunciar. Quienes conocen de cerca la relación entre las dos mujeres bravas, de uno y otro lado, dicen que la vicepresidenta se molestó porque Bullrich evitó saludarla en el acto del Día de la Bandera, en Rosario, cuando estaban a menos de un metro de distancia. “Es el miedo a Karina”, interpretan cerca de Villarruel sobre la actitud, aunque no la validan.

En el Gobierno, consideran que la vice se está vengando de eso con pequeños gestos, como demorar el envío a comisiones del proyecto del Super RIGI: fue aprobado en Diputados el 25 de junio, entró al Senado el 26 y recién fue girado el 13 de julio, casi tres semanas más tarde.

El ruido entre Bullrich y Villarruel no disipa el mar de fondo que hay en la Casa Rosada con Patricia. De hecho, le reprochan sus manejos en la última sesión, cuando volvió a fracasar la intención de tratar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Ya reescribieron 15 veces el texto, en el último, le amputaron el “silencio positivo” a un apartado (cuando el Estado no interviene, es un sí al trámite), una herramienta adorada por Federico Sturzenegger.

Karina, a través de Diego Santilli, Lule Menem e Ignacio Devitt, le “intervino” la conducción de la bancada a Bullrich aunque aún continúan las desavenencias. A lo largo de su vida, “Pato” viene dando muestras de que no se achica y, además, goza de margen político y autonomía comunicacional. Seguramente suba una foto suya este domingo al término de la gran batalla final.

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