Vendió los derechos, celebró que fuera a ser estrenada en el país que tanto le gusta, pero luego le costó aceptar que su obra, al menos en Buenos Aires, se llamara de otra manera. No había caso: él insistía con el original, Nunca he estado en Dublín, y desde este lado del océano Gustavo Yankelevich intentaba hacerle entender que así no podía conquistar espectadores. Ganó Gustavo (bueno, ganamos todos, porque Una Navidad de mierda es una comedia implacable, imperdible). Y hace unos días su autor, Markos Goikolea Unzalu decidió viajar de España a la Argentina para ver de cerca el fenómeno. Y apenas pisó tierra entendió todo.
Y cuenta: “Ni bien bajo del avión tomo un taxi, me pongo a conversar con el señor y me dice ‘¿Vienes a trabajar, vienes de vacaciones?’. Y le digo ‘No, vengo a ver una obra de teatro que escribí’. ‘Ah, sí, ¿cuál?’. ‘Una Navidad de mierda’, le digo. Me miró por el espejito y me dijo ‘Ah, buenísima, la vi, me reí mucho. Y qué buen título, te felicito’. Y yo me he quedado así, con la boca abierta. Y le conté la historia detrás del título, lo que he luchado… Y ahora, la verdad, le tengo un cariño enorme”.
Markos tiene 36 años y un decir medio catalán, tal vez conseguido por el tiempo que lleva vivido en Barcelona, después de haber dejado atrás su País Vasco natal.
No es ésta su primera vez en Buenos Aires: “Vine hace diez años porque en esa época salía con un chico de Rosario. Viajamos por un tema personal suyo y luego estuvimos bastante por el norte de este país y más tarde nos fuimos para Colombia. Pero en esta hermosa ciudad estuvimos cuatro días, era verano, y Corrientes no era esta locura que es ahora, no había tanta oferta en cartel. Estoy alucinado, hay de todo para ver”.
Tomás Fonzi, Anita Gutiérrez, Alejo García Pintos, Markos Goikolea Unzalu, Verónica Llinás y Peto Menahem.-¿Ya eras dramaturgo cuando viniste aquella vez?
-No había empezado a escribir.
-¿Cuando nace el dramaturgo?
-El dramaturgo serio nace en pandemia, pero a mí siempre me ha gustado escribir. Yo trabajaba de redactor publicitario en una agencia, y en la pandemia, cuando nos encerraron en casa, tenía esta idea dando vuelta y decidí meterme con eso: una cena familiar en la que alguien traía a su pareja invisible. Y aproveché ese tiempo para darle forma y terminarla.
Apenas pisó suelo argentino, Markos recibió de un taxista la felicitación por la obra y por el título y él le contó, con humor, la historia del tira y afloje. Foto Emmanuel FernándezEl tira y afloje
-¿Y qué título tenía?
–Nunca he estado en Dublín. Nada que ver con cómo se llama aquí.
-Y cuando te dijeron que le iban a poner “Una Navidad de mierda”, ¿qué pensaste?
-Al principio me horroricé con el título que le pusieron aquí, pero ahora estoy fascinado. En España suena un poco más fuerte que aquí, creo. Cuando me lo dijeron me chocó mucho y me explicaban que aquí Nunca he estado en Dublín no decía nada. Y empecé a mandar alternativas y no me aceptaban ninguna.
-¿Te acordás de algún título que sugeriste?
-No lo recuerdo bien, pero creo que uno era “Una ilusión de Navidad”, a mitad de camino entre una cosa y otra, no tan abstracto como el de Dublín y más concreto sobre la cena de Navidad. Es que, insisto, en España la palabra “mierda” es fuerte… aquí la vengo escuchando con mucha naturalidad en las charlas. Y, bueno, después de mandar yo muchas opciones, mi agente me envía una nota de Gustavo Yankelevich en la que decía ‘Mira, por favor confía en nosotros, conocemos al público de Buenos Aires a la perfección y creemos que con este título, y con Verónica esta obra va a funcionar’.
-¿Y cómo siguió la negociación?
-Bueno, me tragué un poco mis palabras y le hice caso y confié. ‘Vamos pa’ lante. Lo que ustedes crean’. Y di el sí.
Ésta fue la segunda visita del autor vasco a la Argentina. Aprovechó para anotarse en un seminario de Kartun. Foto Emmanuel FernándezY lo bien que hizo, porque desde que se estrenó, el 23 de mayo del año pasado, la obra es uno de los máximos fenómenos de la temporada 2025/2026. Se presenta de jueves a domingo en el teatro Premier, estuvo en la cartelera de verano de Punta del Este y ya lleva realizadas 249 funciones, con 107.399 espectadores (al menos hasta el cierre de esta nota, porque la recomendación del boca a boca no para).
El hit que te hace morir de risa
Protagonizada por Verónica Llinás, Alejo García Pintos, Anita Gutiérrez y Tomás Fonzi, la comedia -codirigida por Llinás y Peto Menahem– ventila la disfuncionalidad (y el amor) de una familia que se reencuentra un 24 de diciembre, el día que la hija de los dueños de casa llega de Europa con su novia… no tan a la vista del público. Es desopilante.
Markos, conmovido y fascinado con lo que sucede con su texto, confiesa que “mi mayor miedo era que la palabra mierda rebajara un poco la historia que ha tenido mucho éxito en España. Y más allá de cómo se llame, siempre pienso por qué gusta tanto. Y creo que al margen de tener una premisa tan disparatada, con vínculos o situaciones familiares que todo el mundo ha vivido, la gente conecta mucho con los personajes, en un contexto de comedia absurda“.
-¿Qué buscabas mostrar: las miserias o el amor de una familia?
-Las dos cosas, mostrar las miserias de forma cómica. Y los cuatro (madre, padre, dos hijos) son personajes que se están engañando a sí mismos, de alguna manera, para soportar su realidad, pero en el engaño de cada uno chocan entre ellos y al mismo tiempo son muy tiernos porque les ves intentar quererse.
-Y de lo que vos escribiste a lo que viste acá ¿hay mucha transformación?
-La siento mía, pero reconozco que hay un gran trabajo de adaptación de Peto y de Verónica y de todos los intérpretes. La idea está intacta. Tampoco soy una persona que tenga apego por sus obras. No soy un autor super rígido que necesite que se respete cada palabra… que la obra mute no me incomoda, al contrario, me fascina. De hecho ver y analizar qué decisiones hay detrás de estos cambios me interesa más de lo que me molesta. Comprobé que el texto cayó en muy buenas manos, Me dio orgullo ver cómo lo defendían en el escenario.
En charla con Clarín, y en medio de una agenda que lo tiene yendo a ver obras y cursando un seminario de dramaturgia que dicta Mauricio Kartun, cuenta el recorrido de su máxima creación: “Se estrenó en el País Vasco en el ‘23, luego se hizo la adaptación española en Madrid en marzo del año pasado y en mayo llegó aquí. Se ha hecho en Panamá, se está haciendo en Paraguay y en México y este año se estrena en Colombia y en Perú”.
-¿Y qué sentís?
-Alegría, ilusión, mucha sorpresa. Cuando la escribí no tenía expectativa de este fenómeno. Que se estrenara en País Vasco ya era la gloria y mira todo lo que faltaba.
-¿Cuándo te llegaron los primeros reportes de acá?
-Cuando se estrenó empecé a seguir a todos por redes y me iba enterando, y luego conocí personalmente a Gustavo en Madrid y fuimos a tomar algo y me contó lo que pasaba con la obra y no lo podía creer. Después vi los premios ACE que ganaron, pero hasta que no la vi creo que no había dimensionado realmente este éxito. Llegué y de repente vi la sala llena hasta arriba y todos matándose de risa.
De chico escribió un texto inspirado en Harry Potter, pero la escena transcurría en una escuela del País Vasco. Foto Emmanuel FernándezPersonas y personajes
Ahora está en pareja con Víctor (es de Ibiza), pero viajó solo porque no podía ordenar las fechas de sus posibles acompañantes: “Le he prometido a mi madre que la voy a traer, porque ella es muy fan de la obra, la ha visto muchas veces. Y el personaje de Verónica es un poco ella”.
-¿Y vos sos cuál?
-Si yo fuera alguien sería Ana (el personaje de Gutiérrez se llama Elena, la chica que se fue a Europa porque sentía que sus padres cuestionaban su sexualidad, y ahora está de regreso), pero hay un poco de todos en todos.
Y, luego, a modo de yapa, comparte una anécdota que oficia de ovillo del relato: tras una separación, cuando salía con sus amigos, todos iban en pareja menos él, entonces ponía una silla extra diciendo que tenía una pareja invisible. Y esa broma se transformó en un disparador narrativo arrasador.
“Una Navidad de mierda” es la comedia más recomendada de la Calle Corrientes. Protagonizada por Alejo García Pintos, Tompas Fonzi, Verónica Llinás y Anita Gutiérrez.-¿Has pasado alguna Navidad de mierda?
-Tengo una relación bastante sana con mi familia. Una Navidad así no he pasado, pero los tipos de relaciones que hay ahí sí que dependen del universo que he vivido.
-¿Cómo saliste del teatro las dos veces que la viste aquí?
-En general me cuesta bastante estar feliz con la cosas que hago. Me he reído mucho. Y fue muy fuerte de pronto estar en un teatro de Calle Corrientes, reventado de gente, riéndose de mi obra, y preguntándome en qué momento ha sucedido esto, con los personajes hablando en argentino. Me dieron muchas ganas de escribir más comedia.
-¿Ya hay otra en marcha?
-Bueno, lo último que he escrito es un drama, El síndrome del Norte, para teatro. Se lo di a leer a mi familia y he echado de menos el efecto que tuve con Nunca he estado en Dublín, eso de verles reírse de nosotros mismos. Esa capacidad de reírte de ti mismo es muy satisfactorio. Pero El síndrome del Norte tiene lo suyo, me gusta mucho lo que he logrado.
Cuando llegó a Barcelona se formó y se probó como actor, pero descubrió que le “gustaba más inventarme la historia que representarla. Apenas llegó el primer ordenador (computadora) a mi casa yo era chico y estaba leyendo Harry Potter y me inventé una versión de un colegio de magia en el País Vasco. También era adicto a las novelas de Agatha Christie y escribía un montón de relatos breves de asesinatos”.
Admirador de Moria Casán y de Antonio Gasalla, sabe seguir la ruta de los argentinos por el mundo: “He visto obras de (Javier) Daulte y de (Daniel) Veronese en Barcelona y es una cultura que me interesa mucho”. Y cuenta que ahora está “terminando una serie documental sobre una superviviente del 11-S. Y también estoy arrancando una comedia similar a ésta, de una familia en vacaciones”.
-¿Y está otra vez “tu mamá” en escena?
-Creo que en ésta estoy más yo. Pero hay mucha gente. Es sobre la necesidad de vivir otras vidas. Porque ‘qué es este puto rollo de la monogamia existencial’. Estoy intentando armar una comedia, veremos qué sale.
-¿Vos lográs ser otro en algún momento?
-Yo soy otro todo el rato. Todos los días soy otro, a veces me gusto, a veces no. De eso también se trata la vida, de redescubrirse.
Markos le prometió a su madre que la va a traer a la Argetina para ver la versión local de su obra favorita. Foto: Emmanuel FernándezLa palabra de Gustavo Yankelevich
El productor general de Una Navidad de mierda cuenta que “cuando compré los derechos yo sabía que Nunca he estado en Dublín no iba a ser el título, con el elenco pensábamos lo mismo. Todo transcurre en la noche de Navidad y, en un ensayo, uno de nuestros productores artísticos dijo ‘Esto es una navidad de mierda’ y Vero dijo ‘Me encanta’, yo dije me encanta y empecé a pelear con la agencia que representa al autor para que sea Una Navidad de mierda y no había manera”.
Yankelevich da su versión de los hechos, idéntica a la que compartió Markos, pero desde la otra vereda: “Nos mandaron tres mails, con letras mayúsculas diciendo que era un horror, que no. Y los días iban pasando, les dije ‘Yo tengo que salir a la venta, y con la promoción y no tengo definido el título’. Habían pasado como 40 días y el autor mandó un mail diciendo pongan lo que quieran. Y así fue y ahora está feliz de la vida”.
Y agrega: “Es más, está vendiendo la obra a otro países, en algunos como Nunca he estado en Dublín y en otros como Una Navidad de mierda. Lo argentinizamos y ahora que se sabe que es comedia y que la gente sale muy bien da la sensación de un titulo genial”.
Acerca de las expectativas, confiesa que “esperaba que nos fuera muy bien, pero esto está a nivel éxito, se siente. Fue la comedia del año pasado, sigue siendo la comedia de la Calle Corrientes, está muy fuerte y en ningún momento se nos cruza por la cabeza cuándo puede terminar, porque apenas sacamos las entradas a la venta se agotan”.
La palabra de Verónica Llinás
Verónica es uno de los cuatro protagonistas y codirige la obra junto a Peto Menahem.La protagonista y codirectora reconoce que “la venida de Markos por un lado nos entusiasmaba y por el otro nos daba cierto resquemor porque la obra tuvo muchos cambios, no solamente por el tipo de humor y los chistes muy argentinos, sino tambien en lo estructural. Tiene 25 páginas menos que la original, monólogos que desaparecieron, escenas que cambiaron de lugar, ciertas cosas que se agregaron”.
da detalles de la previa a la visita: “Gustavo lo previno, estábamos un poco temerosos. Pero Peto se reunió con él antes de la función y dijo que tenía la mejor de las ondas. Cuando fue a verla había gente de la producción que lo espiaba y nos decía ‘Se está muriendo de risa, a veces se sacude en la butaca’, ahí nos quedamos tranquilos y cuando vino a saludarnos estaba muy feliz. Nos dijo ‘Me gusta cómo la habéis resuelto vosotros’, lo cual nos dio muycha alegría”.
A más de un año del estreno y lejos del tedio por decir siempre la misma letra, Llinás explica que “ése es el arte del teatro: nunca me va a aburrir si yo estoy bien con mis compañeros. Al contrario, además nunca es exactamente igual, permanentemente sufre pulidos y pequeñas mutaciones. Siempre hay un trabajo que hacer para mantener eso vivo”. Las consecuencias, a la vista.
