Tras el estallido de furia con el canciller Friedrich Merz, Donald Trump dijo este sábado que retirará más 5.000 soldados de Alemania y reactivó tensiones con la OTAN. La decisión representa cerca del 15% de los 35.000 efectivos desplegados en ese país y se da en un contexto de creciente distanciamiento político entre Washington y sus aliados de Europa, con los que está enfrentado por la guerra en Medio Oriente.
El Pentágono había dicho el viernes que se preparaba para sacar 5.000 soldados de Alemania. Pero este sábado Trump subió la advertencia. “Vamos a reducir drásticamente y vamos a recortar mucho más de 5.000″, dijo el presidente de Estados Unidos en declaraciones a los medios en Florida.
Tras la amenaza inicial, desde Berlín el gobierno buscó bajar el tono de la medida, aunque dejó en claro que marca un cambio de época. “Se esperaba que se retiraran tropas de Estados Unidos de Europa, y también de Alemania. Los europeos tenemos que asumir una mayor responsabilidad en nuestra seguridad”, afirmó el ministro de Defensa, Boris Pistorius.
En la misma línea, la OTAN señaló que el movimiento “subraya la necesidad de que Europa siga invirtiendo más en defensa”.
Además de estar enfrentado con las autoridades alemanas, Trump también expuso sus diferencias con Pedro Sánchez y con Giorgia Meloni, luego de que ambos se negaran al uso de las bases en sus países para el conflicto bélico entre EE.UU., Israel e Irán.
La bronca con el presidente del gobierno de España, además, se remonta al rechazo de Sánchez a subir el presupuesto en Defensa en los niveles que quería el mandatario estadounidense.
Merz criticó la semana pasada la guerra en Irán, al afirmar que Estados Unidos está siendo “humillado” por el liderazgo iraní y al reprochar la falta de estrategia de Washington. Antes del anuncio de retiro de tropas, Trump aseguró que el canciller alemán aprobaba el proyecto de Irán de construir una bomba nuclear.
La decisión de repatriar soldados estadounidenses en Alemania también tuvo impacto dentro de Estados Unidos, con cuestionamientos incluso de los republicanos.
Friedrich Merz y Donald Trump, en un encuentro en marzo pasado. Foto EFELegisladores de ese espacio político Unidos advirtieron que la retirada podría “enviar un mensaje equivocado” al presidente ruso Vladimir Putin, en un momento en que la guerra en Ucrania sigue condicionando la seguridad regional. También remarcaron que, aunque Europa aumente su gasto militar, transformar esa inversión en capacidad concreta llevará tiempo.
La presencia militar estadounidense en Europa: un pilar en revisión
El repliegue, que el Pentágono prevé completar en un plazo de entre seis y doce meses, podría ser solo el primer paso de un ajuste más amplio.
Estados Unidos suele mantener entre 80.000 y 100.000 militares en más de 40 bases distribuidas en Europa. Su presencia se reforzó tras la invasión rusa de Ucrania, aunque se mantiene lejos del pico posterior a la Segunda Guerra Mundial: 475 mil soldados desplegados en el continente.
Alemania es el eje de ese despliegue, con alrededor de 35.000 efectivos en siete instalaciones clave (algunas fuentes indican que el número real llega a 39.000).
Entre ellas, la base aérea de Ramstein se destaca como el principal nodo logístico fuera del territorio estadounidense, mientras que en Stuttgart se encuentran los comandos para Europa y África. Además, instalaciones como Grafenwöhr, Landstuhl o Büchel cumplen funciones estratégicas que van desde el entrenamiento hasta el almacenamiento de armamento sensible.
En Italia hay alrededor de 13.000 soldados, en Polonia 14.000, en el Reino Unido 10.000, en España unos 4.000 —con la base naval de Base Naval de Rota como punto estratégico— y en Rumania cerca de 2.000. En este último país, la base de Constanza se encuentra en expansión y podría superar en tamaño a Ramstein.
Soldados de Estados Unidos en una base de entrenamiento en Hungría. Foto Zsolt Czegledi/MTI via APAdemás, Estados Unidos mantiene nueve guarniciones del Ejército (USAG): cinco en Alemania, una en Bélgica, una en Italia, una en Polonia y dos en la región del Mar Negro (Rumania y Bulgaria). Francia, en tanto, no alberga bases estadounidenses y mantiene un sistema de disuasión nuclear independiente.
La presencia estadounidense en Europa no se limita a tropas. También incluye sistemas de defensa antiaérea integrados en la estructura de la OTAN y parte del llamado “paraguas nuclear”, con armas desplegadas en varios países bajo control de Washington. Este entramado ha sido, durante décadas, uno de los pilares de la disuasión frente a Rusia.
En paralelo, Europa comenzó a acelerar debates que hasta hace poco parecían lejanos. La necesidad de fortalecer sus propias capacidades de defensa y reducir la dependencia de Washington aparece ahora como una prioridad. En los últimos años, varios países aumentaron su gasto militar y se comprometieron a destinar una mayor proporción de su producto interno a este objetivo.
En ese contexto, Alemania aparece como una pieza clave. Su rol dentro de la OTAN, su peso económico y su ubicación estratégica la convierten en un actor central para cualquier intento de reconfiguración de la seguridad europea. Al mismo tiempo, el repliegue de tropas estadounidenses reabre interrogantes sobre el equilibrio dentro de la alianza.
Con información de agencias
