Quinteros y el intendente Torres: cruces, acusasiones y la foto de la paz

La relación entre el intendente de Alta Gracia, Marcos Torres, y el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, atravesó en pocos días una secuencia que expuso tensiones internas dentro del oficialismo provincial. No hubo ruptura formal ni declaraciones de quiebre, pero sí una cadena de hechos, silencios, cruces indirectos y mensajes públicos que alteraron un vínculo que hasta entonces se mostraba alineado.

El punto de partida fue la madrugada del 1° de enero de 2026. Los festejos de Año Nuevo en el sector del Parque del Sierras Hotel derivaron en episodios de violencia, personas heridas y múltiples intervenciones sanitarias. Durante horas, el Municipio desplegó ambulancias, personal de la Guardia Local de Prevención e inspectores municipales para contener situaciones que se sucedían sin pausa.

La escena, según el diagnóstico municipal, desbordó las capacidades locales.

En ese contexto, Torres decidió hablar. Lo hizo el viernes 2 de enero. Dijo, en el sitio Mi Valle, que la Policía de Córdoba no estuvo presente durante la noche. Aseguró que hubo siete móviles municipales y ningún efectivo provincial. Planteó que la situación estaba prevista por la alta concurrencia habitual del lugar. Y afirmó que el Municipio terminó cubriendo tareas que no le corresponden.

Fue una exposición pública de un reclamo que, hasta ese momento, había circulado por carriles internos. Torres no cuestionó la apertura del parque ni las actividades recreativas. Marcó que la ausencia policial y el desgaste de la gestión local al asumir funciones ajenas.

“Nos dejaron solos”, dijo y anunció que elevaría una nota al ministro de Seguridad porque, dijo, Alta Gracia había quedado fuera del esquema provincial.

La respuesta no llegó de inmediato por los canales formales. Primero apareció el ruido político. Ese mismo viernes, el legislador radical Matías Gvozdenovich publicó un mensaje que llevó el conflicto a la Legislatura. Se preguntó quién decía la verdad, si el intendente o el ministro. Anunció un pedido de informes para determinar si la Policía había intervenido o no.

El texto amplió el foco y habló de improvisación en seguridad, de la Guardia Urbana y de una interna en el peronismo con proyección electoral.

La discusión ya no era solo entre un intendente y un ministro. Había pasado a ser un tema provincial, con lectura partidaria. En ese punto, el oficialismo quedó expuesto por una diferencia interna que había quedado a la vista.

Horas más tarde, desde el entorno de Torres intentaron bajar el volumen. En off, se señaló que el problema original había sido con la policía local y con el comisario departamental. Se dijo que la ausencia policial estaba comprobada. Se explicó que Quinteros había tomado el reclamo como una cuestión personal y que por eso se decidió emitir un comunicado de respuesta ante versiones que indicaban que el parque se había abierto esa noche, algo que el Municipio negó y aseguró poder probar.

En ese mismo mensaje, se marcó que Torres no quería polemizar con el ministro ni escalar el conflicto. La idea era, explicaron, señalar una falla puntual, reclamar explicaciones y corregir el esquema.

Matías Gvozdenovich, presidente del bloque de legisladores de la UCR.

Sin embargo, para ese momento, el tema ya estaba en circulación política y mediática. Y otros actores lo estaban utilizando.

La foto

El sábado llegaría la foto que ordenó el relato oficial. Quinteros viajó a Alta Gracia y se reunió con Torres. El Ministerio de Seguridad difundió un comunicado conjunto. Allí se habló de evaluación de los hechos, de compromiso para reforzar el trabajo preventivo y de coordinación futura.

No hubo referencias a la ausencia policial ni a responsabilidades concretas.

El ministro eligió un mensaje personal. Dijo que la seguridad no admite grises. Señaló que Torres, además de ser su amigo, era un intendente que hacía esfuerzos desde el municipio. Afirmó que las diferencias de criterios se hablan y se solucionan.

Cerró con una frase que marcó el cierre del episodio: no había más tiempo para polémicas, había trabajo por hacer.

Torres, por su parte, valoró la predisposición del ministro y sostuvo que el trabajo conjunto con la Policía de Córdoba era la única forma de dar respuestas. Coincidió en el diagnóstico sobre una situación social que exige más herramientas del Estado, tanto en recursos como en normativa.

El conflicto, al menos en la superficie, quedó cerrado. No hubo nuevas declaraciones cruzadas ni reclamos públicos posteriores.

La relación entre el intendente de Alta Gracia, Marcos Torres, y el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, atravesó en pocos días una secuencia que expuso tensiones internas dentro del oficialismo provincial. No hubo ruptura formal ni declaraciones de quiebre, pero sí una cadena de hechos, silencios, cruces indirectos y mensajes públicos que alteraron un vínculo que hasta entonces se mostraba alineado.El punto de partida fue la madrugada del 1° de enero de 2026. Los festejos de Año Nuevo en el sector del Parque del Sierras Hotel derivaron en episodios de violencia, personas heridas y múltiples intervenciones sanitarias. Durante horas, el Municipio desplegó ambulancias, personal de la Guardia Local de Prevención e inspectores municipales para contener situaciones que se sucedían sin pausa. La escena, según el diagnóstico municipal, desbordó las capacidades locales.En ese contexto, Torres decidió hablar. Lo hizo el viernes 2 de enero. Dijo, en el sitio Mi Valle, que la Policía de Córdoba no estuvo presente durante la noche. Aseguró que hubo siete móviles municipales y ningún efectivo provincial. Planteó que la situación estaba prevista por la alta concurrencia habitual del lugar. Y afirmó que el Municipio terminó cubriendo tareas que no le corresponden.Fue una exposición pública de un reclamo que, hasta ese momento, había circulado por carriles internos. Torres no cuestionó la apertura del parque ni las actividades recreativas. Marcó que la ausencia policial y el desgaste de la gestión local al asumir funciones ajenas. “Nos dejaron solos”, dijo y anunció que elevaría una nota al ministro de Seguridad porque, dijo, Alta Gracia había quedado fuera del esquema provincial.La respuesta no llegó de inmediato por los canales formales. Primero apareció el ruido político. Ese mismo viernes, el legislador radical Matías Gvozdenovich publicó un mensaje que llevó el conflicto a la Legislatura. Se preguntó quién decía la verdad, si el intendente o el ministro. Anunció un pedido de informes para determinar si la Policía había intervenido o no. El texto amplió el foco y habló de improvisación en seguridad, de la Guardia Urbana y de una interna en el peronismo con proyección electoral.La discusión ya no era solo entre un intendente y un ministro. Había pasado a ser un tema provincial, con lectura partidaria. En ese punto, el oficialismo quedó expuesto por una diferencia interna que había quedado a la vista.Horas más tarde, desde el entorno de Torres intentaron bajar el volumen. En off, se señaló que el problema original había sido con la policía local y con el comisario departamental. Se dijo que la ausencia policial estaba comprobada. Se explicó que Quinteros había tomado el reclamo como una cuestión personal y que por eso se decidió emitir un comunicado de respuesta ante versiones que indicaban que el parque se había abierto esa noche, algo que el Municipio negó y aseguró poder probar.En ese mismo mensaje, se marcó que Torres no quería polemizar con el ministro ni escalar el conflicto. La idea era, explicaron, señalar una falla puntual, reclamar explicaciones y corregir el esquema. Sin embargo, para ese momento, el tema ya estaba en circulación política y mediática. Y otros actores lo estaban utilizando.La fotoEl sábado llegaría la foto que ordenó el relato oficial. Quinteros viajó a Alta Gracia y se reunió con Torres. El Ministerio de Seguridad difundió un comunicado conjunto. Allí se habló de evaluación de los hechos, de compromiso para reforzar el trabajo preventivo y de coordinación futura. No hubo referencias a la ausencia policial ni a responsabilidades concretas.El ministro eligió un mensaje personal. Dijo que la seguridad no admite grises. Señaló que Torres, además de ser su amigo, era un intendente que hacía esfuerzos desde el municipio. Afirmó que las diferencias de criterios se hablan y se solucionan. Cerró con una frase que marcó el cierre del episodio: no había más tiempo para polémicas, había trabajo por hacer.Torres, por su parte, valoró la predisposición del ministro y sostuvo que el trabajo conjunto con la Policía de Córdoba era la única forma de dar respuestas. Coincidió en el diagnóstico sobre una situación social que exige más herramientas del Estado, tanto en recursos como en normativa.El conflicto, al menos en la superficie, quedó cerrado. No hubo nuevas declaraciones cruzadas ni reclamos públicos posteriores.La Voz