25/08/2026 02:46
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"La arquitectura de la impunidad diseñada por y para el poder"

"La arquitectura de la impunidad diseñada por y para el poder"

Las cosas de la vida rara vez son producto del azar cuando se cruzan con las cosas del poder. Lo que para el ciudadano común es un sistema penal punitivo, inflexible y celoso del p

Las cosas de la vida rara vez son producto del azar cuando se cruzan con las cosas del poder. Lo que para el ciudadano común es un sistema penal punitivo, inflexible y celoso del procedimiento, para las denominadas castas políticas, sindicales y sus extensiones consanguíneas, los hijos del poder, se transforma en una cancha inclinada a favor de la impunidad.

No se trata necesariamente de jueces comprados con sobres bajo la mesa, sino de algo más sofisticado, un engranaje procesal diseñado para enredar cualquier investigación hasta volverla inofensiva.

El episodio que involucra al ex diputado y dirigente sindical Facundo Moyano y a su pareja, Candela Arizaga, es una radiografía de este mecanismo en tiempo real. Un hecho que comenzó en la madrugada con llamadas al 911, una joven deambulando por Libertador, el SAME, imputaciones graves por lesiones y privación ilegítima de la libertad, y un trasfondo opaco de consumo de sustancias. Pero en horas, el relato oficial mutó hacia un terreno plagado de contradicciones y oscuros; llamados a emergencias por supuesto brote psicótico, RCP con una sola mano, cambios de versión, declaraciones cruzadas en medios antes que en sede judicial y una veloz estrategia de moderación letrada. Es el protocolo del poder en funcionamiento. Una mezcla de contención mediática, redefinición de los hechos y relativización de la gravedad inicial hasta que el impacto social se diluya. No es aislado; es el síntoma visible de estrategias de ingeniería procesal al que solo acceden los que tienen recursos y contactos adecuados.

Cuando el involucrado es alguien de peso, las garantías constitucionales que existen para proteger al ciudadano frente al Estado se desnaturalizan y se convierten en privilegio. Un ciudadano común enfrentaría prisión preventiva o un proceso sin atenuantes; en cambio, la casta o como prefieran llamarla, despliega una batería de artilugios que convierten cualquier delito en un malentendido o en un drama descontextualizado.

Mientras los jueces no frenen las chicanas sistemáticas y la Justicia penal continúe cediendo ante la presión mediática y política, la confianza institucional seguirá destruida. No son las cosas de la vida, es la arquitectura de la impunidad diseñada por y para el poder. Cada causa estancada, cada contradicción no investigada y cada expediente archivado en la penumbra son la demostración de cómo opera el poder en la Argentina para garantizar que el peso de la ley recaiga sólo sobre los que no tenemos a quién llamar a la madrugada.

Francisco Manuel Silva

OTRAS CARTAS

Un ejemplo a seguir

La miniserie documental “San Martín, antes de la leyenda” de Todo Noticias (TN) y editada con inteligencia artificial nos enseña algo más que una hazaña militar. Nos obliga a trazar un paralelismo entre el padre y fundador de la patria y los partidos tradicionales. Ver a un José de San Martín coordinando la logística de 5.000 hombres mientras padecía graves problemas de salud difiere notablemente del proceder de ciertos políticos -tanto oficialistas como de la oposición- que, en la búsqueda de sus propios intereses, se olvidan de las necesidades del ciudadano común.

Nuestro prócer renunció a honores y sueldos. No buscaba la gloria personal. Su humildad y desinterés por el poder fueron tales que prefirió emigrar a Europa antes que colocarse del lado de un bando político contra otro. Ojalá esta obra audiovisual les llegue a todas las fuerzas partidarias de la Argentina para que adopten ese mismo espíritu de servicio.

Hugo Modesto Izurdiaga

“Con la moderación no se saca un país adelante”

Mucho se especula sobre la salud mental del Presidente. Lo que la realidad muestra es que el poder distorsiona la conducta habitual. Lo mismo se decía de la ex presidente regalando cadenas nacionales casi todos los días e insultado a “viejitos amarretes”, “diabéticos de alto poder adquisitivo” y demases.

Por otro lado, está comprobado científicamente que la persona que usa malas palabras tiene un coeficiente intelectual superior al promedio. Es cierto que un presidente debería ser un ejemplo de moderación, pero eso no está escrito en ningún lado. Nadie es médico ni el Presidente es paciente de ningún psiquiatra. Y si hubiese algún médico devenido a periodista, existe lo que se llama secreto profesional, y nadie podría divulgar ninguna supuesta enfermedad del Presidente.

Dejemos al Presidente hacer su trabajo y que sea el voto de la gente que decida qué tan enfermo está. Para ser presidente se necesita un cierto grado de locura antes que tener a algún “coherente” que esté dando vueltas por ahí. Con la moderación no se saca un país adelante.

Gustavo Gil

“Un país que mejora, lástima los argentinos...”

El Presidente explica que separar la macroeconomía de la microeconomía es un error. Tiene razón: sería imposible. La macro que festeja el Gobierno termina entrando por la puerta de cada casa. El problema es que a muchas entra con los bolsillos vacíos.

Propongo un experimento. Esta noche sirvamos equilibrio fiscal de entrada, riesgo país de plato principal y reservas de postre. Si los chicos preguntan por las milanesas, explíquenles que no sean populistas: los fundamentos están sólidos.

La macro debe ordenarse. Nadie discute eso. Pero el comerciante que vende menos, la pyme que produce menos, el jubilado que recorta remedios y el sueldo que termina antes que el mes tampoco son “sensaciones”. Son economía. La de verdad.

Gobernar no puede ser conseguir que cierre la caja del Estado mientras la gente abre la heladera y hace cuentas. Si eso es éxito, inventamos una maravilla argentina: un país que mejora, lástima los argentinos.

Los números merecen respeto. La realidad, bastante más. Porque un país no mejora cuando lo anuncia un gráfico. Mejora cuando lo nota la gente. Y la gente, Presidente, ¿lo está notando? Porque si hay que explicarle todos los días que está mejor, quizá no sea la gente la que no entiende. Quizá sea la realidad la que todavía no recibió el comunicado.

Liliana Cánaves

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