16/08/2026 16:59
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Milagros Costabel, 25 años, recorrió 19 países con su perro guía: “Hemos viajado a lugares a los que un perro lazarillo no había ido jamás”

Milagros Costabel, 25 años, recorrió 19 países con su perro guía: “Hemos viajado a lugares a los que un perro lazarillo no había ido jamás”

Perdió la visión en la incubadora, pero pudo romper todas las barreras. Hoy, asesora de la ONU, cuenta cómo su compañero canino se convirtió en su “razón para sentirse libre”.

Cuando Milagros Costabel nació de forma prematura en Colonia del Sacramento, Uruguay, pesaba apenas 700 gramos; los médicos advirtieron a sus padres que las probabilidades de sobrevivir eran escasas.

Consiguió salir adelante, pero el mismo oxígeno que le salvó la vida en cuidados intensivos quemó sus retinas, dejándola completamente ciega. Lejos de que esto marcara sus límites, su trayectoria ha sido de crecimiento exponencial.

Aprendió inglés de forma autodidacta, comenzó a escribir para medios internacionales a los 17 años y se graduó en la Licenciatura en Gobierno y Derechos Humanos en la Universidad de Harvard.

Su vida es un constante desafío a las estadísticas y una lucha por la inclusión, lo que la ha llevado a trabajar como asesora para la ONU. Hoy, convertida en una periodista que escribe sobre tecnología, inteligencia artificial y accesibilidad, Milagros tiene una idea muy clara del activismo: “No quiero un asiento en la mesa; quiero rediseñar la habitación”, defiende.

Sin embargo, para conquistar esa autonomía total, hay un protagonista indispensable en su día a día: su perro guía, Indio. Más que una herramienta de movilidad, este compañero de vida, el pilar que le permite viajar por el mundo, y ya recorrieron 19 países juntos, superando todo tipo de obstáculos en ciudades que no siempre están adaptadas.

"Lo que más nos ayudó fue cultivar nuestro vínculo"

-¿Cómo recuerdas esos primeros meses construyendo el vínculo con Indio?

-La cosa no fue fácil. Desde el principio a Indio le tocó adaptarse a una vida muy dinámica. Él era un perro reentregado, es decir, tenía otro tutor ciego antes y, por diversos motivos, se lo tuvieron que quitar, así que ya teníamos un contexto en el que Indio ya había pasado por muchos cambios difíciles.

De repente me lo entregan, y a la semana viajamos a Estados Unidos. ¡No quiero imaginarme lo que él habrá pensado!

Milagros Costabel junto a su perro Indio. Foto: Cedida/La Vanguardia

-¿En qué momento sentiste que ya eran uno solo?

-Irónicamente, lo que más nos ayudó fue cultivar nuestro vínculo. Yo pasaba días investigando cosas que podía hacer con él —como puzles y juegos mentales—. Lo llevaba a lugares distintos siempre; nos perdíamos juntos a propósito en lugares que no conocíamos, porque cuando las cosas nos salían bien, resolverlo nos daba una confianza impresionante.

Creo que me empecé a dar cuenta de que éramos uno solo cuando él, sin que yo se lo enseñase, empezó a aprender los nombres de los lugares a los que íbamos seguido, las clases, mi pastelería favorita. Cuando me di cuenta de que él disfrutaba tanto trabajar conmigo como yo caminar junto a él.

-Para alguien que no conoce el día a día con un perro de asistencia, ¿cuál es la diferencia emocional y práctica entre moverte con un bastón blanco y hacerlo caminando junto a él?

-Nosotros caminamos muy rápido, más rápido que cualquier persona que que conozco, y la gente suele enojarse y no entender por qué. Pero nadie entiende que, tras vivir toda una vida en la que nunca pudiste elegir la velocidad a la que podés caminar, tener la libertad de ir a paso rápido con toda la seguridad del mundo porque tu perro no te va a dejar que te pase nada es algo que no tiene precio.

Yo siempre digo que con el bastón tenés que pensar mucho más. Estás caminando y vas ajustando todo el tiempo, tocando cosas, rodeando lo que tocás... Son cosas minúsculas, micropausas, que para mí a lo largo de todo un día se me hacían agotadoras. ¡No podés salir a correr con el bastón porque eso sí sería súper peligroso!

-¿Y qué implica trabajar con él?

-Con el perro, en cierto punto, tenés que trabajar más duro porque estás a la cabeza de un equipo, y tu perro, al contrario que el bastón, piensa por sí mismo.

Te lleva alrededor de obstáculos, personas, te lleva a los cruces, pero tenés que saber qué hacer si de repente se le da con que quiere ir al parque, o si piensa que estás haciendo algo incorrecto (por ejemplo vos querés ir a un lugar nuevo y él piensa que querés ir a otro).

Mi entrenadora una vez me dijo: “Con un perro te perdés más rápido porque tenés menos tiempo de reacción”, pero la verdad es que una vez que podés entenderlo y comunicarte con él, es increíble lo mucho que podemos pensar juntos y movernos con seguridad en lugares que no conocemos de nada.

"Lo bueno de Indio es que él se adapta a todo"

-A nivel logístico y emocional, ¿Cómo es viajar por el mundo con un perro guía?

-Viajar con él es una de mis cosas favoritas. Indio ha estado en más de 150 vuelos (le encantan los aviones) y hemos ido a países en los que un perro guía no estuvo jamás, como Egipto, en el que fuimos el único y primer equipo de perro guía en trabajar en el país; ayudamos a distintas cadenas de hoteles a cambiar sus políticas y trabajamos con el gobierno de Egipto y la ONU para hacerlo realidad.

Hacer estos viajes para mí también es algo muy personal. Yo siempre intento luchar, desde mi posición, por los derechos de las personas con discapacidad, así que estoy trabajando con fundaciones y equipos de turismo de distintos países para mejorar el acceso a los perros de servicio.

-¿Cómo se adapta él a tantos cambios de cultura y entornos?

-Lo bueno de Indio es que él se adapta a todo. En cada país, los cruces, veredas, puertas y papeleras son distintos. Yo no sé cómo hace; creo que a esta altura es costumbre y estamos habituados a salir y enfrentarnos a lo que se venga, pero tarda menos de un día para aprender el nuevo sistema y luego se maneja como si hubiese vivido ahí toda la vida.

Se aprende dónde está el hotel, luego el cuarto exacto, y me lleva muchas veces sin yo darle ningún tipo de indicación, a veces de hasta varias cuadras de distancia. Yo disfruto ver cómo resuelve problemas y, aunque la mayor parte de las veces sé cómo llegar y siempre estoy en control, me divierte dejarlo tomar sus propias decisiones; muchas veces inventa rutas que a mí no se me hubieran ocurrido.

"No puedo imaginarme haberlo hecho sin Indio"

-¿Cómo fue recibir la noticia de ser elegida para la beca en Harvard y la experiencia con Indio en la universidad?

-Fue una de las cosas más increíbles en mi vida, porque aunque quizá no se crea, postulé un poco como un chiste; era como jugar a la lotería; a Harvard de 100 que postulan entran 3, y yo no tenía conexiones, solo escribía desde mi cuarto en la pandemia y soñaba con un futuro mejor.

Harvard me dio eso y más. Y no puedo imaginarme haberlo hecho sin Indio. Él sabía cosas como los nombres de mis clases o las cafeterías a las que iba con amigos. Y la compañía, porque si hay algo increíble de estar con un perro guía es que gracias a él nunca vas a estar solo.

En la ONU, Milagros Costabel con Indio. Foto: Cedida/La Vanguardia

-¿Qué diría que falta por cambiar en la sociedad y en las leyes para que se entienda de una vez que viajar y acceder a los sitios con tu perro guía es un derecho fundamental y no un capricho?

-Muchas veces pensamos en viajes accesibles y se nos ocurren las cosas más visibles, como por ejemplo las personas que utilizan sillas de ruedas, y siempre está esta idea de que viajar con un perro guía es difícil, si no imposible, ¡y en parte es cierto! Porque la documentación a veces es difícil, y muchas veces el mundo no está listo para aceptarnos.

En muchos países nos niegan la entrada en supermercados, o simplemente no existen ni siquiera leyes. Yo viajo porque quiero que en un futuro otra persona ciega piense en viajar con su perro, y no se encuentre con esta idea de que no se puede hacer.

-¿Por dónde habría que empezar?

-Tendríamos que empezar por los gobiernos mismos, que muchas veces los certificados que imponen para la circulación de animales añaden costos extras terribles (hablo de hasta 600 euros en algunos casos) y restricciones de tiempo, por ejemplo no podés hacer algunos viajes de forma espontánea porque tenés que iniciar el mecanismo “X” días antes.

Y luego siento que muchas empresas se beneficiarían de replantear el trato hacia nosotros, las ideas básicas de cómo funciona un perro guía, por qué es importante, por qué no se debe tocar mientras trabaja.

-¿Podría contarnos de qué trata su trabajo actual?

-¡Ahora estamos viajando! Y trabajando, claro. Doy distintas charlas y trainings para empresas en todo el mundo, no necesariamente motivacionales, sino de temas específicos.

También doy charlas en escuelas, algo que me gusta mucho porque en los niños y adolescentes podés ver el cambio y el efecto que tienen tus palabras en la vida real, porque luego pasan varios meses y te escriben y resulta que tu charla les hizo cambiar una forma de hacer algo, o de pensar, o incluso los impulsó a cambiar sus propias realidades.

-¿Y con respecto a la ONU?

-Sigo apoyando a la ONU y trabajo con ONGs de todo el mundo para ayudarlos a impulsar su trabajo respecto a los derechos de las personas con discapacidad. Por ejemplo, el mes que viene voy a estar tres semanas en Rumanía apoyando a la ONG más grande de discapacidad allí, haciendo trainings para empresas y participando en un par de conferencias.

-Para terminar, ¿qué nuevos retos profesionales y personales os esperan a Indio y a ti?

-Eventualmente, me gustaría hacer una maestría en EE.UU. y encontrar un trabajo más fijo que me permita generar un impacto en el mundo, pero por ahora estoy abierta a oportunidades y quiero disfrutar que aún tengo a mi perro conmigo y que podemos viajar y descubrir el mundo juntos.

María Paz Deleris, La Vanguardia.

Video

Milagros Costabel cuenta su experiencia con Indio, su perro guía.

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