29/10/2026 18:42
Titulares
El regreso de la presentadora Mari Carmen García Vela a sus 84 años y su relación con la televisión: “El enganche es para toda la vida” Se estrelló un helicóptero de la misión de paz de la UE en Bosnia: cuatro soldados italianos muertos y 11 heridos Tenía 19 años, salió con amigos a ver una pelea de boxeo y murió baleada: el crimen que conmocionó a Australia Subastan el zafiro de los Románov por más de un millón de dólares: la joya que sobrevivió a la revolución rusa Cristiano Ronaldo festejó el Balón de Oro de la polémica con un desafiante posteo: "¡El fútbol pertenece a los hinchas!" El reconocido cazador de osos Vitali Elfímov murió tras ser atacado por un oso pardo en un bosque siberiano Fernando Alonso, a sus 18 años, cuando se subió por primera vez a un F1: "Me llamaron a boxes y me dijeron que no era necesario ir tan rápido" Su mamá le tiró un dibujo a la basura y la nena de 3 años le dijo: "Ahora vas a tener problemas" El regreso de la presentadora Mari Carmen García Vela a sus 84 años y su relación con la televisión: “El enganche es para toda la vida” Se estrelló un helicóptero de la misión de paz de la UE en Bosnia: cuatro soldados italianos muertos y 11 heridos Tenía 19 años, salió con amigos a ver una pelea de boxeo y murió baleada: el crimen que conmocionó a Australia Subastan el zafiro de los Románov por más de un millón de dólares: la joya que sobrevivió a la revolución rusa Cristiano Ronaldo festejó el Balón de Oro de la polémica con un desafiante posteo: "¡El fútbol pertenece a los hinchas!" El reconocido cazador de osos Vitali Elfímov murió tras ser atacado por un oso pardo en un bosque siberiano Fernando Alonso, a sus 18 años, cuando se subió por primera vez a un F1: "Me llamaron a boxes y me dijeron que no era necesario ir tan rápido" Su mamá le tiró un dibujo a la basura y la nena de 3 años le dijo: "Ahora vas a tener problemas"
Boom de Noticias - Villa Carlos Paz
Nacionales

No me pidan que elija música

No me pidan que elija música

Voy a arrancar la columna de hoy con otra de mis confesiones pianta audiencia: no escucho música. Bueno, quizás estoy exagerando, a veces se me pega una canción y la pongo en youtu

Voy a arrancar la columna de hoy con otra de mis confesiones pianta audiencia: no escucho música. Bueno, quizás estoy exagerando, a veces se me pega una canción y la pongo en youtube hasta gastarla.

También tengo una playlist que me ayuda a ordenar la casa y una radio que me acompaña cuando manejo. Pero hasta ahí llega mi melomanía.

No soy fan de ninguna banda, no me desvivo por ningún artista y no tengo esa necesidad imperiosa que ataca a muchos de mis amigos de acompañar cada minuto de su existencia con una cortina musical, como si la vida fuera una película que necesite banda sonora permanente.

A mí me gusta el silencio. Atender a mis pensamientos sin perturbaciones. Escuchar el ruido real de las cosas: el tintineo metálico de la cucharita contra los bordes de la taza cuando revuelvo el café, el rechinar del resorte del sillón viejo cuando me dejo caer encima sin mucho cálculo, el zumbido intermitente y a la vez monótono del motor de la heladera, el hipnótico y estimulante cantar de las teclas bajo mis dedos cuando escribo.

Esos son los acordes que mejor me acompañan hoy, pero esto no fue siempre así. Mi predilección por el silencio tiene un origen traumático.

En mi adolescencia, allá por los '90, elegir qué bandas te gustaban era una decisión de vida. La música era algo que te representaba y definía tu mundo. Asociada a cada estilo venía un comportamiento, una actitud, un vestuario específico, un panorama de eventos, y todo un círculo de pertenencia.

Era la época en que las tribus urbanas combatían entre sí como hinchadas de fútbol y yo sufría mucho no encontrar la mía. Tenía una crisis de identidad cada media cuadra: pasé por una etapa hippie, con Sui Géneris, símbolos de la paz y polleras de bambula. Después quise ser punk, me corté el pelo y me puse cinturones de tachas. Intenté con el rock, el tango, la cumbia y hasta incursioné en la movida electrónica, sin encontrar un estilo que me representara del todo. El asunto realmente me torturaba.

Por eso, cuando superé la tórrida etapa teenager decidí despedirme de la música como eje identitario y pasar a responder, cuando me preguntan qué escucho: “cualquier cosa, poné lo que quieras vos”.

Pero lo cierto es que no superé el trauma. Cada vez que veo la emoción de los fans en los estadios estallados o la pasión de los verdaderos cultures cuando una banda saca un tema nuevo, me vuelve la angustia de estar perdiéndome de algo enorme. Algo que moviliza a las masas y hace feliz a la gente.

Cuando murió el Indio me cayó una ficha grande. Me sentí bastante estúpida por estar glorificando el silencio, escuchando los ruidos de los muebles y los ladridos del perro del vecino, mientras perdíamos a uno de los próceres de nuestro rock.

Desde ese día, sigo disfrutando de los momentos callados, sigo admitiendo que no entiendo demasiado de ritmos, pero cuando me preguntan que quiero escuchar, siempre pido Los Redondos.

Comentarios

Debes iniciar sesion o registrarte con una cuenta de lector para comentar.

Todavia no hay comentarios aprobados.

Boom FM
Boom FM En vivo