Hay festivales que ordenan su programación por géneros. Lollapalooza Chicago hace exactamente lo contrario. El viernes volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los eventos más importantes del mundo: mientras miles de personas esperaban a Charli XCX para vivir uno de los shows más comentados del fin de semana, otro sector igual de multitudinario del Grant Park se preparaba para reencontrarse con The Smashing Pumpkins, una banda que juega de local y que forma parte de la historia musical de Chicago.
Lejos de competir, ambos recitales convivieron con absoluta naturalidad. Esa es, quizás, la mayor virtud de Lollapalooza: entender que el público ya no escucha un solo género. En un mismo grupo de amigos puede haber alguien que quiera bailar durante una hora con Charli y otro que prefiera cantar clásicos del rock de los '90. Acá nadie tiene que elegir de qué lado estar.
La segunda jornada mostró un predio mucho más dinámico que el jueves. Con el mapa ya aprendido y los recorridos incorporados, el público empezó a llegar desde temprano y los escenarios comenzaron a poblarse varias horas antes de los shows principales.
El Eurosummer bajo las nubes de Chicago
El día arrancó nublado, con lluvia por momentos, pero a Zara Larsson no le importó. Cerca de las seis de la tarde, la artista sueca se paró en el escenario principal y trajo colores donde el cielo de Chicago solo ofrecía grises. Su show fue exactamente eso: una explosión de energía y pop de alta temperatura que hizo bailar y gritar a una marea de gente que la esperaba -muy ansiosa- desde temprano.
Larsson también se tomó un momento para hablar con su público. Agradeció el presente, reflexionó sobre sus últimos nueve años de carrera y sobre cómo un giro en su recorrido la catapultó a la fama global y la depositó en uno de los horarios centrales del festival más importante del verano norteamericano. No fue un discurso, fue una confesión breve y genuina que el público recibió con la misma calidez con la que ella lo entregó.
Una multitud en el cierre del segundo día del festival más grande del mundo.
Pero Larsson no convence solo con palabras. Baila sin parar, es magnética, carismática, y tiene una potencia vocal natural que resulta difícil de ignorar incluso para quienes no la conocían antes de pisar el Grant Park. Lollapalooza tiene esa capacidad: convertir desconocidos en fans en el tiempo que dura un show. Zara Larsson, el viernes, se llevó varios.
Yungblud y un vínculo intacto
Yungblud regresó a Lollapalooza Chicago con el objetivo de no pasar inadvertido. El artista británico performó en el escenario de manera intensa y llena de energía. Puso sobre la mesa temas de su álbum Idols y los usó como columna vertebral de un show que no tuvo un sólo segundo de descanso.
El momento más lindo y emotivo vino por parte de una desconocida. La protagonista fue Katie, una fan de Michigan que estaba entre la multitud y que Yungblud invitó a subir al escenario. Le entregó su guitarra y su púa, y juntos interpretaron Fleabag. Chicago se vino abajo.
Lo que siguió fue un recital electrizante, con espíritu rockero, que terminó con Yungblud saltando del escenario para chocar las manos y abrazar a más fans. En un festival donde los shows compiten en producción y escala, ese gesto simple termina siendo uno de los más recordados del día.
La ciudad de fondo y el cielo de Chicago acompañan a una multitud en Lollapalooza.
Charli XCX: caos controlado y una nueva versión de sí misma
Hacia la noche llegó el momento más esperado del segundo día. Charli XCX siempre genera expectativa por sus performances en vivo porque suelen explotar de energía, y Lollapalooza no fue la excepción.
Pero hubo algo distinto. Charli irrumpió en el escenario principal con una estética y un sonido más oscuro, más rockero, mostrando una versatilidad para performar que no todos los artistas de pop pueden exhibir sin que suene forzado. En ella, sonó natural.
Bailarines, un juego de luces específicamente pensado para cada momento del show, planos cinematográficos y hit tras hit. Charli XCX no especuló: salió a escena, entregó y no paró. Eso la convirtió en una de las artistas imprescindibles de esta edición y en uno de los nombres que el público ya espera como garantía de que algo va a pasar en el escenario.
De Chicago para Chicago
El broche de oro de la noche principal llegó de la mano de The Smashing Pumpkins, que superaron las expectativas en su actuación de cierre del viernes. No la tuvieron fácil: tenían en el escenario opuesto el electropop de Charli XCX. Sin embargo, los héroes del rock alternativo de Chicago, estuvieron a la altura y congregaron a un público considerable, compuesto no sólo por personas nacidas en el siglo XX.
Su repertorio también abarcó distintas generaciones: combinaron varios de sus clásicos consagrados con material más reciente, y completaron su show con una serie de invitados especiales que terminaron de definir el carácter multigeneracional de la noche. Olivia Rodrigo subió al escenario para Thirty-Three y Yungblud hizo lo propio en Luna, cerrando un círculo que empezó horas antes en su propio show y que confirmó que, en Lollapalooza, los artistas también se escuchan entre sí.
El cierre del segundo día tuvo a Charli XCX como una de las protagonistas.
El cierre épico que nadie planeó
El cierre definitivo del segundo día le correspondió a Major Lazer, que le puso el pecho a la lluvia que se desató sobre Chicago y convirtió lo que podría haber sido un problema en uno de los momentos más épicos del festival. Porque Lollapalooza también es eso: la capacidad de hacer que las condiciones adversas terminen sumando a la experiencia en lugar de restarle.
El viernes dejó en claro que esta edición tiene un nivel de convocatoria y de propuesta artística que no tiene techo. Quedan dos días más y el Grant Park ya demostró que está listo para todo lo que venga.
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