Nada dura para siempre, canta Ian McCulloch, el líder y la voz de Echo & the Bunnymen, la banda que tuvo la ocurrencia y la arrogancia de hacerse llamar el otro cuarteto de Liverpool. Nada dura para siempre, al menos por ahora. Y es obvio: todo, absolutamente todo, tiene fecha de vencimiento. La vida, las modas, las ideas. Hasta el chocolate, aunque ese cuadradito suizo que quedó encanutado en el cajón del trabajo tras el viaje de un compañero hace un par de años todavía tiente casi tanto como la manzana a Adán y Eva. Y ya saben cómo terminó esa tentación.
Nada dura para siempre. Y, aunque cueste aceptarlo, habrá que asumir que la Scaloneta, la mejor Selección Argentina de fútbol de la historia y, junto con la Generación Dorada del básquetbol, uno de los mejores seleccionados argentinos de todos los tiempos, tampoco durará para siempre.
El paso del tiempo, inevitable, marcará el final de una era. Pero este equipo que lideran Lionel Scaloni y Lionel Messi parece tener la resiliencia de ese irresistible chocolatín. Su prime ya pasó. Eso sucedió en Qatar y lo que pasó en Qatar quedará en Qatar. Sin embargo, en el Big Mundial de Canadá, México y Estados Unidos, la Scaloneta cambia Echo & the Bunnymen por Gloria Gaynor y canta a viva voz I Will Survive.
Foto: Juano Tesone / enviado especial
Resiste la Selección Argentina, que se metió entre los cuatro mejores del torneo para agrandar aún más la leyenda. Pasó la fase de grupos sin sobresaltos. Surfeó al valiente Cabo Verde, remontó al osado Egipto y, sin muchas piernas y sin cambio de ritmo, descifró a Suiza gracias al golazo que tanto necesitaba Julián Alvarez.
Y así, seis partidos después, con 17 goles a favor y seis en contra, la Scaloneta se metió en las semifinales. Dio la cara, una vez más, por el fútbol sudamericano. Y ahora procurará demostrar que sigue viva, aunque todos saben que nada dura para siempre.
¿Se puede seguir soñando? Claro que sí. Con Messi en la cancha, a pesar de sus 39 años, todo parece posible. Y no sólo por Leo. También por algo de lo que ya se habló: el amor propio que moviliza a este grupo. Las ganas de ganar, obvio, pero también la devoción por el capitán y el deseo de que su historia tenga un final más que feliz.
Se insiste: pase lo que pase de acá al 19 de julio, no cambiará la concepción de la Scaloneta. Ningún resultado modificará lo que ya construyó. Contra Harry Kane, Jude Bellingham y compañía, además, habrá que convivir con toda la carga emotiva, histórica y geopolítica que convirtió en haka al "el que no salta, es un inglés".
Foto: Juano Tesone / enviado especial
Nada dura para siempre, se sabe. Por eso será clave el partido que imaginen Scaloni y su cuerpo técnico. Tendrán por primera vez enfrente en esta aventura a un rival tope de gama, pero también a un adversario que cargará con una mochila pesadísima: 60 años sin jugar una final del Mundial y la obligación de ganar. Son los inventores del fútbol. Son los dueños de la mejor liga del planeta, cuyos hinchas ven cada fin de semana al grueso de los mejores jugadores del mundo.
Será un rival que saldrá a buscar el partido con delanteros y mediocampistas temibles. Pero también con defensores y un arquero que dejaron dudas cada vez que los exigieron. Incluso tuvieron la fortuna de que el vikingo Erling Haaland tuviera su Waterloo por culpa del insoportable calor húmedo de Miami y no pudiera sacar ventaja de esas vacilaciones. Será otra exigencia, otro partido. También otra oportunidad.
Nada dura para siempre. Pero todavía no se sabe cuándo esa canción se convertirá en la banda de sonido de esta película maravillosa. Argentina llegó a la última semana del Mundial por segunda Copa del Mundo consecutiva. Y Messi, el crack inolvidable, el que vivió casi todo lo que podía vivir en el fútbol, tendrá por fin su bautismo contra Inglaterra. Después de 205 partidos, 125 goles y 63 asistencias y la tercera estrella. Es Leo, además, uno de los competidores más competitivos de la historia del deporte. No va a querer que su película termine allí. Tal vez el aura de Diego Maradona lo ilumine. Le multiplique las energías. Quién sabe. Ojalá.
Nada dura para siempre. Algún día también llegará el final de esta hermosa historia. Pero quizá todavía no sea el momento de que suene esa melodía depre liverpuliana. Porque es fútbol. Y en el fútbol, ya se sabe, todo sigue siendo posible.
Foto: Juano Tesone / enviado especial
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