Quince jurisdicciones ya acordaron una agenda común para federalizar sus ecosistemas digitales y lograr un entrecruzamiento de datos. El primer caso testigo de esta alianza será la interconexión de los Registros de Deudores Alimentarios. El verdadero desafío ya no es tecnológico: es que ese encuentro se convierta en un pacto.
La provincia de Buenos Aires publicó en el Boletín Oficial el Decreto 742/2026 mediante el cual aprobó su marco de gobernanza de la inteligencia artificial. La nueva normativa crea un registro obligatorio de todos los sistemas de IA de la administración pública, exige evaluar riesgos e impacto antes de usarlos, fija pautas sobre la forma de contratación del Estado y prohíbe automatizar decisiones que afecten derechos fundamentales sin supervisión humana. La IA como asistencia, no como reemplazo del criterio de una persona.
Esta decisión dista de ser un hecho aislado, es más bien el emergente de un fenómeno más profundo: en Argentina, la capacidad del Estado para incorporar inteligencia artificial se está construyendo de abajo hacia arriba, allí donde están las responsabilidades más críticas de la gestión pública. Son las provincias las que gestionan la salud, la educación y la seguridad; son ellas las que están dando los primeros pasos.
Desde el Grupo de Investigación sobre Políticas de Modernización del Estado (UBA) relevamos las veintitrés provincias y la Ciudad de Buenos Aires buscando marcos que ordenaran la gobernanza de la IA, un plan estratégico que le diera rumbo y proyectos concretos funcionando. El resultado es alentador: trece normas de distinto tipo y alcance, siete planes estratégicos y más de ochenta iniciativas en marcha. Hay movimiento real, aunque desigual: cada jurisdicción parte de una base distinta y avanza a su propio ritmo.
Y ahí aparece el punto. El problema no es que cada provincia se adelante; de hecho es una buena noticia que lo haga, y ninguna debería pedir permiso. El riesgo es otro, y es viejo: que cada una ordene su gobernanza puertas adentro y que esos esfuerzos nunca se toquen. Que terminemos con veinticuatro procesos paralelos que no se hablan entre sí. La fragmentación de siempre, ahora digital.
Registro de Deudores Alimentarios: un ejemplo alcanza para entender qué está en juego
En la actualidad, cada provincia gestiona su propio Registro de Deudores Alimentarios. Esto significa que una persona inscripta en una jurisdicción puede mudarse a la de al lado y, en los hechos, desaparecer del radar. No es un problema de tecnología: es un problema de datos que no circulan. Ninguna herramienta, por sofisticada que sea, lo resuelve si los registros no se hablan entre sí. Del otro lado de ese vacío hay miles de niñas y niños que se ven afectados.
Afortunadamente, ese vacío ya se está cerrando. En el mes de mayo se realizó el 1° Encuentro Federal para la Transformación Pública Digital, convocado por FederAI, en donde quince jurisdicciones acordaron una Agenda Federal de Innovación Pública con cuatro ejes: interoperabilidad, identidad digital, ciberseguridad e inteligencia artificial. Y suscribieron una alianza para federar sus ecosistemas digitales, cuyo primer caso testigo es precisamente la interconexión de los Registros de Deudores Alimentarios.
El federalismo nació como un pacto y eso es exactamente lo que todavía falta. Lo más valioso del decreto bonaerense es que no es un modelo cerrado: el registro, la evaluación de impacto previa, la cláusula de supervisión humana, la lógica de adhesión municipal son piezas de gobernanza que cualquier jurisdicción puede tomar y adaptar a su propia realidad, sin arrancar de cero. Eso es federar la innovación: compartir lo que funciona.
La IA en el Estado no resuelve todo de forma instantánea ni milagrosa. A cualquier tecnología hay que sumarle infraestructura, datos y reglas claras. Y nada de eso se construye por decreto ni en soledad: se logra en red, entre jurisdicciones que parten de capacidades muy distintas. Veinticuatro procesos aislados no hacen un país más inteligente, sino uno más fragmentado. El camino ya empezó. Es momento de recorrerlo juntos.
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