En Alaska, los esfuerzos de conservación y la propia resistencia de la especie ayudaron a que los alces Roosevelt recuperaran su población a tal punto que el gobierno permitió la caza de hembras, con una cantidad limitada de permisos.
La historia de los alces de Roosevelt (Cervus canadensis), en el estado, comienza en 1929 cuando ocho ejemplares fueron llevados desde el estado de Washington a la isla Afognak. Desde allí, la manada comenzó a extenderse a la vecina isla Raspberry, donde prosperó y, en los años 60, sumó unos 1.400 ejemplares.
En 1987, otros 33 alces de Roosevelt y 17 alces de las Montañas Rocosas (Cervus elaphus nelsoni) fueron capturados en Oregón y trasladados a la isla Etolin, en el sureste de Alaska. Luego, estos alces se dispersaron y establecieron una segunda población reproductora en la vecina isla de Zarembo.
“Sin embargo, la población experimentó importantes altibajos, a menudo relacionados con inviernos rigurosos con mucha nieve que limitaba el acceso al forraje, así como con la presión de la depredación por parte de osos y lobos”, explica un artículo de la Congresional Sportmen`s Foundation (CSF).
Cuáles son las amenazas que enfrentan los alces en Alaska
El Departamento de Caza y Pesca de Alaska (ADFG, por sus siglas en inglés) incluye entre los factores que limitan el crecimiento de las poblaciones del alce “la caza descontrolada, el hambre, las enfermedades, la depredación por osos pardos y una menor tasa de natalidad”.
Para mantener la población dentro de los objetivos de conservación, solo emitieron 25 permisos para alces sin astas para la temporada de caza 2025-2026. Foto: USWFS.
Esto ocurre “cuando los animales se vuelven demasiado numerosos para ser sustentados por el alimento disponible”. Agrega que la tala y la construcción de caminos forestales también afectan el hábitat de los animales.
A pesar de todo esto, en julio de 2024, el Departamento estimó la manada existente en la isla Raspberry en unos 200 ejemplares. “Esta estabilidad refleja décadas de estrategias de gestión adaptativa, que incluyen el monitoreo del hábitat y las evaluaciones de depredadores, priorizando la salud de la población sobre el crecimiento descontrolado”, explica el artículo de la CSF.
Con la manada lo suficientemente robusta como para soportar una caza limitada sin riesgo, el Departamento autorizó la caza de hembras en el archipiélago de Kodiak. Para mantener la población dentro de los objetivos de conservación, solo emitió 25 permisos para alces sin astas para la temporada de caza 2025-2026.
El CSF dice que “la gestión selectiva de alces en la isla Raspberry es un ejemplo del Modelo Norteamericano de Conservación de la Vida Silvestre, reconocido como el estándar de oro para la gestión sostenible de la vida silvestre”. El Modelo se basa en la Doctrina de la Confianza Pública, que sostiene que la vida silvestre pertenece a todos los ciudadanos y debe ser gestionada científicamente por agencias gubernamentales para el beneficio público.
En este contexto, dice el CSF, “los cazadores se convierten en guardianes del sistema y en un componente vital de su gestión equilibrados”. Explica que “al participar en estas cacerías reguladas, contribuyen directamente a este legado, demostrando que la caza ética no es solo un privilegio, sino una poderosa herramienta para la conservación que beneficia por igual a cazadores, pescadores y amantes de la naturaleza”.
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