25/07/2026 19:50
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La psicología dice que tendemos a pensar que nuestras acciones derivan de nuestras creencias, pero la disonancia cognitiva implica que a menudo reescribimos nuestras creencias para justificar lo que ya hemos hecho

La psicología dice que tendemos a pensar que nuestras acciones derivan de nuestras creencias, pero la disonancia cognitiva implica que a menudo reescribimos nuestras creencias para justificar lo que ya hemos hecho

Según los especialistas, aunque creemos que nuestras decisiones son el resultado de valores firmes, solemos modificar nuestras ideas para justificar lo que ya es un hecho consumado

Cualquier persona se percibe a sí misma como un ser racional, alguien que toma decisiones de acuerdo con sus valores y convicciones. Bajo esta lógica, si defendemos firmemente la honestidad, actuamos con transparencia; si valoramos el bienestar, elegimos hábitos saludables. Creemos que primero decidimos qué pensamos y, después, actuamos en consecuencia.

Sin embargo, la vida cotidiana está plagada de pequeñas grietas donde esas certezas se desdibujan. Compras impulsivas que no necesitábamos, horas perdidas frente a una pantalla cuando nos habíamos propuesto descansar o la permanencia en un espacio laboral que criticamos abiertamente. Ante estas situaciones, lejos de reconocer una contradicción, la mente activa un mecanismo sutil para reescribir el guion original.

Muchas veces, el conflicto aparece después de haber tomado una decisión. En lugar de reconocer que actuamos en contra de lo que pensábamos, tendemos a adaptar nuestras explicaciones para que esa conducta parezca coherente con la imagen que tenemos de nosotros mismos.

La psicología analiza este proceso no como una muestra de hipocresía voluntaria, sino como una necesidad de supervivencia emocional. Los seres humanos no somos animales racionales, sino "máquinas de racionalizar". No se trata de un engaño cínico hacia los demás, sino de un sistema de defensa interno que reconfigura las prioridades en tiempo real para protegernos de nuestra propia incoherencia.

Por qué justificamos decisiones que contradicen lo que pensamos

Este proceso de edición mental responde a lo que el psicólogo Leon Festinger definió en la década de 1950 como disonancia cognitiva, un fenómeno que explica por qué el autoengaño es una respuesta común ante la frustración.

La disonancia cognitiva explica por qué el autoengaño es una respuesta ante la frustración. Foto: Freepik.

El portal especializado Psicología y Mente recurre a la clásica fábula de la zorra y las uvas para ilustrarlo: al no poder alcanzar los frutos por estar demasiado altos, el animal se retira diciendo que aún están verdes. En lugar de tolerar el malestar de no conseguir lo que desea, la mente modifica la forma de interpretar la situación para reducir esa incomodidad.

Un estudio histórico desarrollado por el propio Festinger junto a James Carlsmith en 1959, y publicado en The Journal of Abnormal and Social Psychology, demostró experimentalmente cómo las personas ajustan sus actitudes cuando actúan en contra de sus creencias. En la investigación, se les pidió a los participantes que realizaran una tarea extremadamente aburrida. Luego, se les pagó a unos un dólar y a otros veinte dólares por mentirle al siguiente participante diciéndole que la tarea era fascinante.

Lo sorprendente ocurrió después: quienes recibieron solo un dólar terminaron cambiando genuinamente su opinión y declararon que la tarea sí había sido divertida. Al no tener una recompensa económica suficiente para justificar su mentira, sus cerebros tuvieron que modificar la creencia interna para no sentirse deshonestos.

En la vida cotidiana, este reajuste de principios se manifiesta a través de dinámicas muy claras:

  • Restarle importancia a lo ocurrido: modificar la gravedad de una elección ("en realidad no afecta a nadie") para que no choque con la imagen de persona responsable.

  • Buscar nuevas explicaciones: recurrir a argumentos secundarios que justifiquen el beneficio colateral de una mala decisión, transformando un error en una supuesta estrategia.

  • Recordar los hechos de otra manera: convencerse de que la nueva postura adoptada es la que se sostuvo desde el principio, borrando el conflicto inicial.

Horas perdidas frente a una pantalla cuando nos habíamos propuesto descansar. Nuestra mente lo justifica como una decisión. Foto: Shutterstock.

Especialistas en psicología cognitiva señalan que esta "reescritura" ayuda a proteger la imagen que cada persona tiene de sí misma. Si la mente registrara de forma cruda cada una de nuestras contradicciones, el costo en ansiedad y culpa paralizaría la toma de decisiones diaria.

El riesgo de la autojustificación constante

Aunque este mecanismo protege la autoestima a corto plazo, los terapeutas advierten que cuando se abusa de la edición mental se pierde la capacidad de autocrítica. El peligro radica en encerrarse en un bucle de decisiones perjudiciales, donde la persona se vuelve incapaz de corregir el rumbo porque siempre encuentra una narrativa interna que valida sus errores.

Entender cómo funciona este mecanismo no significa que todas nuestras decisiones sean irracionales. Pero sí ayuda a reconocer que, muchas veces, primero actuamos y recién después construimos una explicación que nos permita sentir que seguimos siendo coherentes con quienes creemos ser.

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