Una mujer de 47 años contó cómo cambió su manera de vivir la maternidad después de darse cuenta de que el tiempo que hoy pasa llevando y buscando a sus hijos podría convertirse en uno de los recuerdos que más extrañen en el futuro.
La autora publicó su relato en el sitio Bolde, donde explicó que tiene tres hijos de entre 13 y 17 años y que buena parte de sus días está marcada por entrenamientos, clases, exámenes y cambios de último momento.
“Estoy cansada prácticamente todo el tiempo”, reconoció. Durante años, los pedidos inesperados y las modificaciones de horarios fueron para ella una fuente constante de fastidio. Alguien necesitaba que lo llevara a algún lugar, otro cambiaba el horario del entrenamiento o alguno recordaba a última hora que necesitaba comprar algo.
Una madre agotada empezó a mirar esos viajes de otra manera
La autora reveló que muchas veces ayudaba a sus hijos, pero dejaba en claro que aquello le suponía un esfuerzo. Llegaba a buscarlos, enviaba un mensaje avisando que había llegado y durante el trayecto les recordaba que deberían haberle avisado antes.
Con el tiempo, comenzó a cuestionar esa reacción. Para ella, llevar a uno de sus hijos al entrenamiento podía ser simplemente una tarea más de la agenda. Para ellos, en cambio, podía ser el momento de encontrarse con sus amigos o de sentirse buenos en una actividad.
Una mujer de 47 años contó cómo cambió su manera de vivir la maternidad. (Foto: Pexels)
La reflexión también la llevó a recordar su propia infancia. No pensó en los horarios ni en las obligaciones que tenían sus padres, sino en los viajes en auto. Recordó a su padre llevándola a natación con las ventanillas bajas y a su madre esperándola afuera de la escuela con una barrita de granola.
“Yo vivo estos años como la persona que organiza la agenda. Ellos los viven como su infancia”, escribió.
“Mamá nos llevaba a todas partes”
La mujer aclaró que no pretende obligarse a disfrutar cada instante. Está cansada y considera razonable molestarse cuando sus hijos cambian un horario a último momento o no avisan algo con anticipación.
Lo que decidió modificar fue la manera en que expresa ese cansancio. La autora contó que una vez su hija de 17 años subió al auto después de entrenar y comenzó a contarle durante veinte minutos una pelea entre dos amigas. En lugar de pedirle que esperara, decidió escucharla.
La mujer sabe que sus hijos probablemente no recordarán qué entrenamiento cambió de horario ni cuántas veces tuvo que esperar en un estacionamiento. Pero cree que sí pueden recordar que ella estaba allí. Por eso, cuando imagina qué quiere que digan sobre su infancia cuando tengan 25 años, espera que la respuesta sea simple: “Mamá nos llevaba a todas partes”.
La autora de este relato decidió modificar fue la manera en que expresa ese cansancio. (Foto: Pexels).
Dentro de unos cinco años, sus tres hijos podrían estar fuera de casa. Y esa posibilidad modificó la forma en que observa el presente: “Estos días tan corrientes, que intento sobrellevar como puedo, son probablemente los mismos días que ellos echarán de menos”.
La autora cerró su reflexión con una idea que ahora intenta tener presente cuando está detrás del volante: no solo está acompañando a sus hijos durante estos años, sino que está construyendo los recuerdos que algún día podrían extrañar.
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