La frase es corta, precisa y sintetiza perfectamente la mirada de Arthur C. Brooks sobre el envejecimiento. “El cambio en tu vida es inevitable, pero el sufrimiento no”, asegura el catedrático de la Universidad de Harvard, Arthur C. Brooks.
Sucede que para este científico social y economista de 62 años, el paso del tiempo supone pérdidas y transformaciones que no siempre pueden eludirse, pero la manera de enfrentarlas sí puede modificar profundamente la experiencia de esa etapa de la vida.
En este sentido, una buena parte de su filosofía actual surgió de una preocupación que él mismo experimentó: ¿qué ocurre cuando las capacidades que permitieron alcanzar el éxito comienzan a disminuir?
Quién es Arthur C. Brooks, "el filósofo de la felicidad"
En los últimos años, este prestigioso profesor estadounidense se convirtió en una de las voces más reconocidas en el estudio y la divulgación de la felicidad.
Brooks nació en 1964 en Spokane, Washington, y su trayectoria profesional estuvo lejos de comenzar en los ámbitos académicos que hoy frecuenta.
Como destaca su biografía, en su juventud se dedicó profesionalmente a la música y fue intérprete de corno francés. Por esto, antes de completar sus primeros estudios, abandonó la universidad y tocó durante años en orquestas de Estados Unidos y España.
Arthur C. Brooks reflexiona sobre el paso del tiempo y cómo cambiar junto a él. Foto: Archivo
Tiempo después, retomó su formación académica. Estudió Economía y obtuvo un doctorado en análisis de políticas públicas. Al finalizar, se desempeñó como profesor en Syracuse University y, entre 2009 y 2019, presidió el American Enterprise Institute (AEI), un centro de estudios de Washington.
Posteriormente, se incorporó a la prestigiosa Universidad de Harvard, donde actualmente da clases sobre liderazgo y felicidad. Además, Es también autor de numerosos libros y escribe la columna “How to Build a Life” ("Como construir una vida") para The Atlantic, en la que se dedica a explorar, desde las ciencias sociales, cómo armar una vida más satisfactoria.
La segunda mitad de la vida, desde otra perspectiva
Buena parte de la filosofía actual de Arthur C. Brooks surgió, como adelantamos, de la preocupación que él mismo vivió en primera persona al perder -o ver cómo se modifican- ciertas habilidades con el paso de los años.
En busca de una respuesta, desarrolló esa inquietud en From Strength to Strength: Finding Success, Happiness, and Deep Purpose in the Second Half of Life (La madurez inteligente: Cómo alcanzar el éxito, la felicidad y un propósito profundo), publicado en 2022.
En allí aparece su afirmación: "El cambio en tu vida es inevitable, pero el sufrimiento no" (“Change in your life is inevitable, but suffering is not”).
Y el contexto resulta fundamental para comprenderla. Es que Brooks no sostiene que sea posible evitar el dolor, la enfermedad, las pérdidas o el deterioro asociado con el paso del tiempo, por el contrario, su propuesta consiste, más bien, en diferenciar aquello que sucede de la resistencia psicológica que podemos oponer a lo inevitable.
Lo importante es la resistencia psicológica que podemos oponer a lo inevitable. Foto: Adobe
Una de sus principales preocupaciones del académico es el declive de ciertas capacidades profesionales.
A partir de investigaciones sobre inteligencia y rendimiento, explica que muchas habilidades conectadas con la rapidez mental, la innovación y la resolución de problemas novedosos -lo que habitualmente se conoce como “inteligencia fluida”- tienden a alcanzar su máximo relativamente temprano y después comienzan a disminuir.
La reacción habitual, según Brooks, consiste en intentar conservar a toda costa las capacidades de la juventud. Y allí puede comenzar el problema: medir el presente utilizando sólo los parámetros con los que se evaluaba el éxito décadas atrás.
Pero el envejecimiento, sostiene, también puede traer consigo otra clase de fortaleza.
Enseñar, aconsejar, interpretar y transmitir conocimientos: la inteligencia cristalizada
En busca de una "solución" a esta realidad irremediable, Arthur C. Brooks contrapone la inteligencia fluida con la denominada “inteligencia cristalizada”, que se relaciona con la capacidad de utilizar conocimientos y experiencias acumulados.
Esta última, sostiene, puede mantenerse -e, incluso, fortalecerse- durante más tiempo y resulta especialmente valiosa para enseñar, aconsejar, interpretar situaciones complejas y transmitir conocimientos.
Enseñar y aconsejar: claves de la "inteligencia cristalizada". Foto: Pexels
De ahí surge una de las metáforas centrales del libro: en lugar de aferrarse a una curva descendente, hay que aprender a “saltar” de una curva a otra.
Para alguien cuya identidad estuvo construida alrededor del rendimiento, esa transición puede resultar difícil.
Sin embargo, el catedrático propone reemplazar de forma progresiva la ambición centrada en la propia carrera por otras fuentes de satisfacción como enseñar, orientar a los más jóvenes, profundizar los vínculos personales, desarrollar la vida espiritual y encontrar actividades cuyo valor no dependa exclusivamente del reconocimiento profesional.
Su concepción del envejecimiento, por lo tanto, no consiste en negar el declive y tampoco en repetir que la edad es solamente “un número” sino que, por el contrario, parte de aceptar que el tiempo modifica las capacidades humanas.
Una filosofía de la aceptación: acumular menos, desprenderse más
En el pensamiento de Brooks confluyen en armonía investigaciones de la psicología y las ciencias sociales con tradiciones filosóficas y espirituales.
Una influencia importante es el concepto budista sobre el apego que sostiene que cuanto mayor es la dependencia de determinados logros, posesiones o identidades para sentir que la vida tiene valor, más difícil puede resultar aceptar su pérdida.
Construir vínculos y relaciones es esencial para una buena vejez. Foto: Shutterstock
También concede especial importancia a las relaciones. Su trabajo sobre felicidad insiste en que los vínculos profundos como la pareja, la familia y amistades constituyen una inversión decisiva para el bienestar durante la vejez.
Ocurre que frente a una cultura que suele asociar éxito con acumulación, él propone que la segunda mitad de la vida sea, en cierto sentido, un proceso inverso conectado con menos acumulación y más desprendimiento.
Por esto, “el cambio en tu vida es inevitable, pero el sufrimiento no” no es una invitación a pensar positivamente frente a cualquier adversidad.
Es, en realidad, la síntesis de una idea más exigente que consiste en reconocer que algunas pérdidas llegarán, abandonar la batalla por permanecer idénticos a quienes fuimos y preguntarnos qué capacidades pueden aparecer cuando otras comienzan a desaparecer.
Concluyendo, para este reconocido científico social, envejecer bien no significa conseguir que el tiempo se detenga; significa aprender a cambiar junto a él.
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Arthur C. Brooks, catedrático de Harvard, explica los cuatro pilares de una vida feliz
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