El rey Harald V de Noruega murió este viernes a los 89 años en el Hospital Nacional de Oslo, donde permanecía internado desde hacía once días por complicaciones derivadas de una enfermedad hematológica. El Palacio Real informó que el monarca falleció a las 6.35, hora local, y que su estado de salud había empeorado en las últimas horas.
Tras su muerte, su hijo Haakon asume el trono y se convierte en el nuevo rey de Noruega. El príncipe, que permaneció junto a su padre hasta el último momento, inicia así una nueva etapa al frente de la monarquía junto a su esposa, Mette-Marit, quien pasa de princesa heredera a reina consorte.
El cambio llega en un momento especialmente complejo para ella. A sus problemas de salud se suman los cuestionamientos por su vínculo pasado con Jeffrey Epstein y el escándalo protagonizado por su hijo Marius Borg Høiby, condenado en junio a cuatro años de prisión tras ser declarado culpable de dos violaciones.
En este contexto, la experta en protocolo y realeza María José Gómez Verdú analizó en la revista Lecturas la figura de la reina consorte de 53 años y explicó cómo pasó de representar una imagen cercana y moderna a estar hoy en el centro de los cuestionamientos.
"Tiene experiencia y una personalidad que podrían haber consolidado una imagen muy poderosa de reina moderna, pero hoy su futuro está condicionado", comienza diciendo.
María José Gómez Verdú sobre la reina Mette-Marit: "Su origen humilde la diferenciaba del resto"
Para la experta, la historia personal de Mette-Marit fue precisamente lo que en un inicio la convirtió en una figura diferente dentro de la monarquía noruega.
La ahora reina consorte creció alejada de los protocolos reales y ya era madre cuando conoció al príncipe Haakon de Noruega a fines de los 90'. Su hijo mayor, Marius Borg Høiby, nació en 1997 fruto de una relación anterior con Morten Borg.
El rey de Noruega Haakon Magnus y la reina consorte Mette-Marit. Foto: Reuters.
"Su origen humilde la diferenciaba del resto. Una biografía accidentada que llegaba al palacio como mujer separada y madre de un hijo fue que la permitió conectar con sectores de la sociedad que difícilmente se veían reflejados en la imagen tradicional de una familia real", explica Gómez Verdú.
"Eso en cierto modo, supuso una modernización para la Casa Real", sostiene la experta. Y remarca: "Mette-Marit no era una princesa educada desde la cuna. Y, al igual que Máxima de Holanda, Mary de Dinamarca o la propia reina Letizia, tuvo que aprender".
"Esa evolución formaba parte de su atractivo. Esa historia personal, que en otro momento fue interpretada como un ejemplo de transformación, se ha convertido también en una fuente de vulnerabilidad", asegura.
La familia real de Noruega. Foto: EFE.
Sin embargo, su figura quedó más cuestionada tras la condena de su hijo. En junio de este año, Marius Borg Hoiby fue condenado por el tribunal de Oslo a cuatro años de prisión después de ser declarado culpable de dos violaciones, entre otros delitos. El caso tuvo un fuerte impacto sobre la imagen pública de la familia real noruega.
A esto se sumó la difusión de los vínculos que Mette-Marit mantuvo en el pasado con Jeffrey Epstein, acusado de varios cargos de tráfico y delitos sexuales. En febrero se conocieron mensajes y correos electrónicos intercambiados entre ambos.
Un mes después, la princesa reconoció en una entrevista con el principal noticiero de la TV de Oslo que había sido "manipulada y engañada" por el financista estadounidense y admitió que "por supuesto, hubiera preferido no haberlo conocido nunca".
El rey de Noruega Haakon Magnus y la reina consorte Mette-Marit. Foto: AP.
Por otro lado, su estado de salud también condicionó su actividad pública. Mette-Marit padece fibrosis pulmonar crónica, una enfermedad que le fue diagnosticada en 2018 y que en los últimos meses su salud se agravó. Hace dos meses, fue sometida a un trasplante de pulmón.
"Todo esto ha afectado a su entorno familiar y ha provocado un importante deterioro de su imagen pública", apunta la experta. Y advierte: "La sociedad puede aceptar un pasado complicado, pero resulta mucho menos tolerante cuando percibe falta de transparencia o errores de juicio que afectan a la confianza institucional".
A pesar de este escenario, Gómez Verdú considera que Mette-Marit todavía conserva una característica que puede jugar a su favor. "Su punto fuerte sigue siendo su humanidad", concluye
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