La sensación de estar atravesando una época de transformaciones aceleradas tiene detrás algunos datos difíciles de ignorar. La demanda mundial de electricidad aumentó un 3% en 2025 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que crezca a un ritmo medio anual del 3,6% entre 2026 y 2030, impulsada, entre otros factores, por la electrificación, el aire acondicionado y la expansión de los centros de datos.
El cambio también resulta especialmente visible en el clima. Uno de los lugares que concentra la atención científica es la Antártida Occidental, donde el glaciar Thwaites lleva décadas retrocediendo. Este enorme bloque de hielo, aproximadamente del tamaño de Gran Bretaña, ya es responsable de alrededor del 4% del aumento global del nivel del mar. ([British Antarctic Survey][2])
Sobre este escenario de cambios tecnológicos, ambientales y sociales habla José Millán, físico e ingeniero de formación, antiguo trabajador de la Comisión Europea y astrólogo humanista. “Uno de los grandes ciclos que estamos viviendo ahora mismo es lo que se llama el ciclo del aire”, cuenta en el podcast 'Tengo un plan'.
¿Qué es el llamado “ciclo del aire”?
Millán utiliza la astrología mundial para interpretar grandes transformaciones históricas. Dentro de ese marco sitúa el denominado “ciclo del aire”, que relaciona con épocas caracterizadas por profundos cambios sociales y demográficos.
El planteamiento procede de la astrología, no de la astronomía ni de la climatología. Millán utiliza los movimientos planetarios como una herramienta interpretativa para buscar patrones en grandes transformaciones históricas y sociales.
Además, ya explicó esta idea en una entrevista con La Vanguardia publicada en 2024. Allí describió el paso de una supuesta época de “tierra” a otra de “aire” como una transición desde una sociedad fundamentada en bienes materiales hacia otra marcada por las redes, la circulación de información, la tecnología y el intercambio de ideas.
El experto, ahora, llega a establecer paralelismos con grandes epidemias históricas, como la peste negra del siglo XIV o la peste de Justiniano, aunque la astrología no constituye un método científico para explicar o predecir epidemias, acontecimientos políticos o transformaciones climáticas.
Un método científico para explicar o predecir epidemias. Foto: FB/astrolabjm
¿Qué pasa con el Doomsday Glacier o glaciar del Juicio Final?
La International Thwaites Glacier Collaboration, uno de los mayores programas científicos desarrollados sobre la Antártida, ha constatado que su retroceso se ha acelerado considerablemente durante las últimas décadas. Si Thwaites llegara a desaparecer completamente, su pérdida elevaría por sí sola unos 65 centímetros el nivel medio global del mar.
Eso no significa que exista un “tapón” a punto de soltarse y provocar inmediatamente semejante subida. Los investigadores consideran improbable una desintegración completa durante las próximas décadas, aunque esperan que el glaciar retroceda más deprisa durante los siglos XXI y XXII. El riesgo adicional es su relación con el resto de la capa de hielo de la Antártida Occidental, cuya desestabilización tendría consecuencias todavía mayores.
La segunda cuestión planteada por Millán afecta a un fenómeno mucho más cercano: el crecimiento de la inteligencia artificial. El físico asegura que se calcula que hacia 2030 esta tecnología podría consumir el “20% de la energía necesaria a nivel mundial”.
Los investigadores del British Antarctic Survey consideran que una reducción inmediata y sostenida de las emisiones es la mejor oportunidad para retrasar la pérdida de hielo de Thwaites, mientras que la AIE reclama anticipar el fuerte crecimiento eléctrico de los centros de datos y desarrollar las redes y fuentes de generación necesarias. Dos desafíos muy distintos que ayudan a explicar por qué esta época puede percibirse como un cambio de ciclo.
Casandra Maggio
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