Durante tres días, en Mar del Plata, empresarios, dirigentes, especialistas y referentes de distintos ámbitos buscamos respuestas a una pregunta que excede cualquier ciclo político: ¿Qué necesitamos hacer para que la Argentina pueda crecer de manera sostenida durante los próximos veinte años?
La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para recuperar previsibilidad, atraer inversión y pensar en crecimiento y desarrollo. Es un punto de partida para una agenda de largo plazo, que pueda atravesar gobiernos y ciclos económicos.
Por eso, desde IDEA planteamos nueve compromisos, que consideramos necesario para lograr el objetivo de transformar una Argentina de promesa a potencia:
- Consolidar definitivamente la estabilidad macroeconómica, con políticas consistentes, equilibrio fiscal, inflación compatible con el mundo y deuda sostenible.
- Honrar los compromisos asumidos por el Estado, independientemente de quién los haya asumido o de quién gobierne.
- Construir una economía competitiva y de alta productividad, basada en inversión, tecnología, innovación y generación de empleo. Que permita avanzar hacia una nueva Ley de Coparticipación Federal y eliminar los impuestos distorsivos, para ordenar el federalismo y mejorar la competitividad.
- Promover la formalización y combatir la evasión, para asegurar reglas de juego más equitativas y reducir la competencia desleal.
- Impulsar la integración internacional de la Argentina, con una visión estratégica y de largo plazo.
- Asegurar una transición con inclusión social, fortaleciendo la educación y la capacitación frente a los cambios tecnológicos.
- Establecer objetivos básicos comunes y reglas de juego estables, construyendo consensos entre los principales actores políticos, económicos y sociales.
- Fortalecer la calidad institucional, con reglas estables, seguridad jurídica, respeto por la propiedad y una Justicia independiente, eficaz y transparente.
- Promover una ética empresaria centrada en las personas, basada en la transparencia, la integridad y el rechazo de la corrupción.
Hay reformas que no pueden seguir postergándose. La discusión sobre una nueva Ley de Coparticipación Federal, por ejemplo, requiere un acuerdo entre la Nación y las provincias y responde a un mandato constitucional que lleva décadas pendiente. Al mismo tiempo, necesitamos eliminar definitivamente aquellos impuestos distorsivos que dañan la competitividad de nuestra economía y también al consumidor, que paga precios más caros que en cualquier lugar del mundo.
También necesitamos promover la formalidad y combatir la evasión. Una economía competitiva necesita reglas claras e iguales para todos.
Lo mismo ocurre con la calidad institucional. Esto implica avanzar en reformas profundas: mejorar los tiempos de la Justicia, fortalecer los mecanismos de selección de magistrados, aprovechar la tecnología para reducir opacidad en la gestión de expedientes, contar con estadísticas confiables y fortalecer los sistemas de control y auditoría.
Pero ninguna transformación será sostenible si deja personas afuera. La educación y la capacitación son centrales frente a un mundo en el que la tecnología y la inteligencia artificial están modificando la manera en que estudiamos, trabajamos y producimos.
Y el sector empresario tiene una responsabilidad. Tenemos que invertir, innovar, generar empleo y riqueza, y hacerlo con transparencia e integridad. El desarrollo no puede medirse solamente en términos económicos: tiene que traducirse en mejores oportunidades, educación, salud, seguridad, trabajo y calidad de vida.
En este Coloquio dimos un primer paso para construir una conversación diferente: dejar de pensar solamente en el próximo año y empezar a pensar en los próximos veinte.
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