Lo que durante décadas fue uno de los mayores desafíos de la remediación ambiental podría encontrar un aliado inesperado: las bacterias. Un grupo de investigadores científicos identificó microorganismos que viven en las aguas contaminadas de una ex mina de uranio en Alemania y que son capaces de capturar el material radiactivo, transformándolo en un compuesto mucho más estable.
El descubrimiento fue realizado por científicos del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) de Alemania junto con especialistas de la Universidad de Granada, y sus resultados fueron publicados en la revista científica Nature Communications.
La investigación se llevó a cabo en la antigua mina de Schlema-Alberoda, en el estado alemán de Sajonia, considerada la mayor antigua explotación de uranio de Europa. El yacimiento, utilizado intensamente durante la Guerra Fría para abastecer al programa nuclear soviético, fue cerrado en 1990, pero todavía requiere un costoso tratamiento permanente para descontaminar sus aguas.
Cómo las bacterias logran inmovilizar el uranio
Los científicos analizaron microorganismos que sobreviven en un ambiente extremo, con escaso oxígeno y altas concentraciones de metales pesados. Entre ellos identificaron bacterias del género Desulfovibrio, capaces de modificar químicamente el uranio cuando disponen de glicerol como fuente de energía.
La mayor ex mina de uranio de Europa esconde bacterias que atrapan el material radiactivo del agua. Foto: IA
En experimentos de laboratorio que se extendieron durante 130 días, los investigadores observaron que la concentración de uranio disuelto pasó de 1 miligramo por litro a apenas 0,04 mg/L, lo que representa una reducción cercana al 96%.
Durante las primeras tres semanas el proceso fue lento, con una disminución de apenas entre el 5% y el 10%. Sin embargo, a partir del día 20 la actividad bacteriana se aceleró y permitió inmovilizar casi todo el material radiactivo presente en el agua.
Además, las muestras mostraron un cambio visible: el agua, inicialmente amarillenta por el uranio disuelto, se volvió mucho más transparente mientras aparecía un sedimento oscuro en el fondo de los recipientes.
Un tipo de uranio que sorprendió a los investigadores
Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue que las bacterias lograron convertir el uranio en una forma química extremadamente rara: uranio pentavalente (U(V)).
Hasta ahora, los científicos consideraban que este estado químico era apenas transitorio en la naturaleza. Sin embargo, descubrieron que las bacterias consiguen mantenerlo estable el tiempo suficiente para que reaccione con hierro y oxígeno y forme un nuevo compuesto mineral denominado FeU(V)O₄.
Este mineral presenta una ventaja clave: es mucho menos móvil que el uranio disuelto, por lo que reduce significativamente el riesgo de que el contaminante se propague hacia ríos o acuíferos.
La mayor ex mina de uranio de Europa esconde bacterias que atrapan el material radiactivo del agua. Foto: IA
Las imágenes obtenidas mediante microscopía también revelaron que diminutas partículas de uranio quedan adheridas alrededor de las membranas celulares de las bacterias, confirmando que estos microorganismos participan directamente en la formación del nuevo mineral.
Un avance que podría cambiar la descontaminación de minas
Aunque el descubrimiento todavía se encuentra en una etapa experimental, los investigadores consideran que este mecanismo biológico podría complementar las tecnologías actuales utilizadas para limpiar aguas contaminadas por uranio.
En la antigua mina de Schlema-Alberoda, por ejemplo, el tratamiento activo continúa más de tres décadas después de su cierre y sigue generando grandes cantidades de residuos secundarios, además de implicar elevados costos operativos.
Según los autores del trabajo, aprovechar estos procesos naturales mediados por bacterias podría acelerar la recuperación ambiental de minas abandonadas y, eventualmente, aplicarse también en explotaciones de uranio que todavía permanecen en actividad.
De todos modos, los especialistas advierten que antes de trasladar esta estrategia al mundo real será necesario comprobar su eficacia en diferentes condiciones geológicas y químicas, ya que cada sitio contaminado presenta características particulares.
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