Con apenas siete años, Marc Bernal ya dedicaba buena parte de cada tarde a perseguir un sueño. Salía antes del colegio, subía a un taxi que recorría varios pueblos del Bages recogiendo a otros jóvenes futbolistas y, tras más de tres horas de trayecto entre ida y vuelta, regresaba a casa después de entrenar con el FC Barcelona. “Era el primero que recogían y el último en dejarme”, recuerda el centrocampista, que asegura que aquellos desplazamientos también servían para hacer deberes y compartir el camino con otros niños que soñaban con llegar algún día al fútbol profesional.
Tras la euforia del Mundial, llega uno de los momentos favoritos de los aficionados: las pretemporadas. Más allá de los nuevos fichajes, siempre existe expectación por descubrir qué jóvenes de la cantera serán capaces de abrirse paso en el primer equipo. En el Barça de Hansi Flick, que termina su satge en Inglaterra, junto a nombres ya consolidados como Casadó, Fermín, Balde o Héctor Fort, Marc Bernal representa el perfil del canterano discreto, resiliente y de enorme personalidad que continúa ganándose un sitio en la élite.
Después de sufrir una grave lesión de rodilla cuando apenas comenzaba a consolidarse en el primer equipo, el futbolista regresó sin perder la confianza del técnico alemán y acabó firmando una notable temporada 2025-26, participando en 22 partidos, 13 de ellos como titular, y anotando cinco goles. Ahora, en una entrevista concedida al pódcast de Panini Studios que conduce el periodista deportivo Raül Llimós, ha repasado el camino que le llevó desde Berga hasta la élite.
Bernal comenzó a jugar con apenas cuatro años en Berga. Foto: IG/marcbernal
Una infancia entre taxis, Berga y La Masia
Bernal comenzó a jugar con apenas cuatro años en Berga. Tras pasar por el Gimnàstic de Manresa, el Barça llamó a su puerta cuando solo tenía siete años. Aquella oportunidad cambió por completo la rutina de toda la familia.
Como todavía era demasiado pequeño para vivir en La Masia, cada día recorría decenas de kilómetros para entrenar en la Ciudad Deportiva Joan Gamper. “Por la mañana iba al colegio, salía un poco antes y nos íbamos en taxi. Yo era el primero que recogían y el último que dejaban”, explica. Aquellos viajes interminables terminaron convirtiéndose en parte de su formación antes incluso de pisar el césped.
El salto definitivo llegó a los 14 años, cuando ingresó en La Masia. No fue una decisión sencilla. “Al principio costó un poco dejar a mis padres, mi familia y todo lo que tenía aquí. Ellos también lo pasaron mal, pero fue lo mejor para todos”, reconoce.
Pese a vivir en Barcelona desde muy joven, Bernal mantiene intacto el vínculo con Berga. Siempre que puede regresa para reunirse con su familia y sus amigos y participar en la Patum, una celebración que considera imposible de explicar a quien no la ha vivido. “Para mí es una de las mejores fiestas del mundo”, asegura.
La lesión, la familia y la vida lejos del fútbol
Si algo marcó su carrera fue la grave lesión de rodilla sufrida en 2024. Apenas unos días después de debutar como titular con el primer equipo, pasó de vivir un sueño a enfrentarse al periodo más duro de su carrera.
Si algo marcó su carrera fue la grave lesión de rodilla sufrida en 2024. Foto: IG/marcbernal
“No creo que haya una manera de gestionarlo. Los primeros meses no tienes ganas de hacer nada. Solo intentas que pasen los meses y buscar cosas para no pensar tanto”, admite. Incluso cuando ya entrenaba con el grupo seguía sintiendo que estaba “en un nivel inferior”, aunque asegura que hoy se encuentra “mejor que antes” tanto física como mentalmente.
Fuera del fútbol se define como una persona muy activa. Le gusta volver a Berga siempre que puede, jugar al pádel durante las vacaciones y pasar tiempo con los suyos. También lleva ese vínculo grabado en la piel: varios de sus tatuajes están dedicados a sus abuelos, a su madre y al resto de su familia. “Me hubiese gustado disfrutar más de mis abuelos”, explica, mientras muestra las iniciales de sus padres y de su hermano tatuadas en el brazo.
Pau Ortiz
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