Los hoteles han empezado a mirar con lupa sus bufés libres. El motivo no es otro que el desperdicio alimentario, un problema que, según un artículo de 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, generó en 2022 más de mil millones de toneladas de comida desperdiciada en el mundo, un 28% de la cual provino del sector de la restauración.
Los desayunos bufé, en concreto, son los grandes protagonistas de esta estadística: generan más del doble de desperdicio (unos 300 gramos por comensal) que un desayuno servido en plato (130 gramos). Por eso el Instituto Tecnológico Hotelero publicó guías para que los hoteles se adapten a la nueva Ley 1/2025 española contra el desperdicio alimentario.
Pero mientras los hoteles buscan soluciones (platos más pequeños, porciones ya servidas o incluso inteligencia artificial para medir lo que se tira), en los comedores la batalla campal sigue siendo la misma.
Quien mejor lo sabe es María José Gómez y Verdú, experta en protocolo, que en el programa Zapeando (La Sexta) analizó las claves de lo que denomina Pesadilla en el bufé: “El lugar donde se originan los mayores conflictos de un hotel no es un gimnasio, precisamente, es en el bufé libre”.
Llenar el plato hasta arriba del todo
El primer error es clásico. Llegar, tomar un plato y empezar a apilar: plátanos, yogures, cereales, magdalenas, jamón, fruta... todo junto. “Esa montaña no la escala ni Calleja”, dice la experta. No tanto por el mejunje de sabores como porque “es mejor ponerse un poco y levantarse más veces”.
El impacto del desperdicio no es solo ético: los hoteles con bufé libre pueden llegar a tirar hasta un 30% de la comida expuesta , y ya hay herramientas como "Pancho", un sistema de inteligencia artificial que ha conseguido reducir el desperdicio casi a la mitad en algunos hoteles.
Llenarse el plato de golpe es el primer error. Foto: Adobe
Las pinzas, un reino independiente
El segundo error es la contaminación cruzada. Usar la misma pinza para el yogur, los cereales y las magdalenas.
La experta lo explica con una metáfora: “Cada bol, cada bandeja, tiene su pinza, para no mezclar y no contaminar los otros alimentos. Son como países independientes en los que cada uno reina una ley diferente”.
¿Podemos llevarnos comida del bufé?
Y por supuesto, el gran clásico. El “media pensión” llevado al extremo. Esa pareja que, además de desayunar, se lleva el plato, el pan, el jamón, las magdalenas, las servilletas y hasta un par de albaricoques o duraznos para comer al mediodía.
“¿Cuánto te puedes llevar de un bufé sin parecer un Gumias?” Y se responde a sí misma: “Solo algo simbólico”. Un plátano, una magdalena, pero que te quepa en el bolso y sin que parezca que estás haciendo la compra. La técnica, si acaso, es envolver la fruta en una servilleta y meterla discretamente. Pero no el plato. “El plato también es de los buenos, pero tiene dueño”.
"Sólo algo simbólico" se puede sacar del desayuno bufé. Foto: Adobe
Pijamas y conjunto deportivo
¿Se puede bajar al bufé en pijama? Rotundo no: “El pijama es para dormir. Si lo sacas fuera, se contamina de todo”. El chándal o equipo deportivo tampoco es una opción elegante, pero es mejor que bajar en bañador o malla. “El bufé no es una prolongación de la piscina ni de la playa. Tienes que llevar más tela que el mantel que hay puesto”, sostiene.
La experta hace hincapié en que el objetivo del desayuno no debería ser el de comer sin límites, sino hacerlo con clase. “Comer es deporte, pero no por eso hay que ir de chándal”.
Así pues, para la especialista en protocolo, un bufé libre también es un pequeño examen de civismo.
Gestos aparentemente insignificantes, como llenar el plato sin medida, mezclar las pinzas de distintos alimentos, dejar comida sin comer o acudir vestido de forma inapropiada, reflejan la consideración que cada persona tiene por quienes la rodean.
Marc Mestres, La Vanguardia
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