Uno de los principales telescopios espaciales de la NASA reingresó este miércoles de forma descontrolada en la atmósfera terrestre sobre el norte de la isla indonesia de Sumatra, sin registrar por ahora daños y poniendo fin a su investigación de 22 años sobre las mayores explosiones del universo.
La NASA había previsto que la mayor parte del telescopio, de unos 1.450 kilogramos, se desintegraba por el calor durante el descenso, aunque algunos de sus componentes podrían haber superado el paso por la atmósfera.
Antes de la caída, la agencia había cifrado en 1 entre 2.100 la probabilidad de que los restos causaran daños a alguna persona.
Por la inclinación de su órbita, los restos solo podían caer entre los 20,6 grados de latitud norte y sur, una franja que rodea el planeta y que en América va del centro de México al norte de Chile.
El fin del Observatorio Swift ocurrió menos de tres meses después de que fracasara una urgente misión de rescate.
La Fuerza Espacial de Estados Unidos confirmó el reingreso de Swift cerca de Indonesia tras seguir su órbita en descenso, resultado de la intensa actividad solar de los últimos años.
Después de 22 años en el espacio el telescopio cayó sobre la Tierra (Instagram).
La NASA contrató a una empresa privada para tratar de subir el telescopio, pero la nave robótica de Katalyst Space tuvo problemas tras su lanzamiento en julio y terminó estrellándose en septiembre.
No se sabe qué parte de la nave espacial de 1½ toneladas se quemó en la atmósfera. La NASA estima que algunas de las piezas más densas sobrevivirán.
Una tarea impresionante
Lanzado en noviembre de 2004 para una misión de dos años, el Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del cosmos, y más de 1.400 supernovas, según la NASA.
Sus datos se usaron en unos 7.000 artículos científicos.
Su rapidez para apuntar a fenómenos fugaces le permitió registrar en 2005, por primera vez, el resplandor de un estallido corto, de solo 0,03 segundos, lo que respaldó la teoría de que esas explosiones nacen de la fusión de dos estrellas de neutrones.
"El Swift nos deja un archivo extraordinario de observaciones en múltiples longitudes de onda que impulsará nuevos descubrimientos durante décadas", afirmó en octubre en un comunicado el director de la División de Astrofísica de la NASA, Shawn Domagal-Goldman.
Lanzado en noviembre de 2004 para una misión de dos años, el Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del cosmos, y más de 1.400 supernovas (NASA).
Ese archivo público ocupa unos doce terabytes, con más de 1,5 millones de imágenes, y la NASA busca cómo cubrir con otras misiones la capacidad del Swift de reaccionar con rapidez ante los fenómenos cósmicos.
La NASA está evaluando el interés en emprender una misión de rescate para otro observatorio cuya órbita está siendo erosionada por tormentas solares: el Telescopio Espacial Hubble. Lanzado en 1990, el Hubble probablemente termine estrellándose hacia mediados de la década de 2030, según análisis recientes.
La agencia espacial busca aportes de empresas privadas sobre cómo elevar la órbita del Hubble, modernizar sus sistemas o guiarlo hacia un reingreso controlado (o las tres cosas). Cualquier misión de ese tipo tendría que realizarse para 2032.
A diferencia del trabajo apresurado con Swift, la agencia espacial tiene más tiempo para explorar opciones para salvar al Hubble, manifestó Nicky Fox, jefa de misiones científicas de la NASA.
“El Hubble todavía tiene mucha ciencia por realizar", expresó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en un comunicado, "y deberíamos estar analizando toda oportunidad razonable para que siga rindiendo durante el mayor tiempo posible”.
Agencias AP y EFE.
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