Escribió más de 4.000 novelas románticas y vendió cientos de millones de ejemplares. Convirtió los celos, el deseo y el desamor en una continuidad casi infinita de palabras e historias. Sí, Corín Tellado fue, es y será por siempre, la gran dama de la novela rosa.
Tan prolífica como incansable, la escritora española hizo soñar a varias generaciones con sus relatos tan insolentemente almibarados como inverosímiles. Pero siempre cargados de una magia única.
Sin embargo, detrás de aquellas historias había una mujer pragmática que aseguraba que de romántica tenía poco; que decía que nunca había vivido una pasión arrebatada y que confesó algo inesperado que pocos hubiesen imaginado: jamás había pronunciado un "te amo".
"No soy una romántica, una soñadora o una visionaria. Sin embargo, alguien tenía que escribir novelas acerca del amor, y resultó que me tocó a mí"
Corín Tellado provocó un fenómeno sociológico que trascendió fronteras, lenguas -fue traducida a 27 idiomas-, edades y clases sociales.
No obstante, nada más apartado de ese mundo de enamoramientos o desengaños en destinos remotos, batas de seda y finales felices que su propia vida. Una vida sin enigmas ni excesos y –tal vez el secreto de su éxito- sin romances exóticos ni apasionados.
Corín Tellado escribió sobre sentimientos que aseguraba no haber experimentado. Foto: EFE
"Yo nunca he dicho 'te amo', 'te quiero', 'vida mía'". Parece mentira pero esta frase salió de su boca: Corín se lo confesó en julio de 1987 al periodista Javier Cuartas.
Y añadió una explicación aún más sorprendente viniendo de la narradora que había hecho del amor una verdadera industria literaria. "Sólo lo sugiero en las novelas para que se emocionen otros", sostuvo. Cuartas recuperó aquella conversación en una nota de El País tras la muerte de la escritora, en 2009.
En este punto, la contradicción deviene irresistible. Corín Tellado escribió durante décadas sobre mujeres y hombres dominados por sentimientos que ella aseguraba no haber experimentado de aquella manera.
"Nunca estuve locamente enamorada. Quise apaciblemente", reconoció sin vergüenza. Y fue todavía más terminante: "No he sufrido nunca ese amor ardiente y arrebatado".
¿Cómo consiguió entonces que una infinita cantidad de lectores creyeran en las pasiones de sus personajes? Tal vez porque entendía perfectamente la diferencia entre sentir una historia y saber contarla.
Cuando Mario Vargas Llosa la entrevistó en 1981 para la televisión peruana, explicó su procedimiento con una sencillez totalmente desconcertante.
Así, describió entonces, tomaba un conflicto, lo dramatizaba mediante erotismo, violencia y amor, y decidía si correspondía darle un final feliz o desgraciado. Para entonces decía haber escrito cerca de 2.500 novelas y aseguraba que podía terminar cien páginas en 48 horas.
La historia de la mujer a la que Mario Vargas Llosa definió como "una extraordinaria escribidora"
María del Socorro Tellado López, “Socorrín”, nació el 25 de abril de 1927 en Viavélez, Asturias. Sus padres, un maquinista de la Marina Mercante y un ama de casa, tuvieron cinco hijos. Ella era la única mujer.
En 1939, el trabajo del jefe de la familia los llevó a Cádiz. Allí, ya una Corín adolescente estudió en un colegio de monjas.
Amante de la lectura desde muy pequeña, en su mesa de luz convivían las novelas de Dumas y Balzac con los relatos eróticos de Pedro Mata. Ese fue el germen, la semilla que despertó una vocación incuestionable.
Pero fue la prematura muerte de su padre la que, por necesidad, la empujó a comenzar a escribir a los 19 años.
Desde ese momento y hasta sus últimos días, sus historias de romances con obstáculos, “cazadores cazados” y finales felices se apoderaron de su vida con tanta fuerza que hasta la llevaron a figurar en el Guinness como la autora más vendida en español después de Cervantes.
De ese tiempo, cuenta la leyenda que Don Onofre, el librero de Cádiz que la surtía de novelas, se enteró de que Corín escribía y la contactó con la Editorial Bruguera que buscaba siempre nuevos autores.
Corín Tellado escribió más de 4.000 novelas románticas. Foto: Archivo
“El 12 de octubre de 1946, esa misma casa editora le publicó su primera novela, ‘Atrevida apuesta’. Por ella recibió una paga de 3.000 pesetas (una cantidad importante en los años 40). Esta novela tuvo 36 reimpresiones”, precisa el sitio mujeresnotables.com.
Instalada en Roces, en las afueras de Gijón –lugar del que prácticamente nunca se movió- desde 1951, su casa se convirtió en su refugio y su espacio de inspiración.
Ese sitio era en el que todos los días escribía de manera estricta y rigurosa desde las 5 de la mañana y durante 10 horas. Tal rigor fue el que hizo que el propio Mario Vargas Llosa la definiera como una “extraordinaria escribidora”.
Inmune a las críticas, fue así como, sin prisa pero sin pausa, a lo largo de varias décadas publicó dos novelas por semana, radioteatros, fotonovelas e historias eróticas bajo los seudónimos de Ada Miller.
Trabajaba en una habitación que no tenía ventanas. Pero el encierro casi claustrofóbico parece haber sido el pasaje perfecto hacia otros mundos.
Mundos tan fantásticos y lejanos como Hawái o Japón (para evitar la censura, raramente España era su escenario) en los que había divorcios y traiciones pero el amor siempre triunfaba. Y, habitualmente, en forma de boda.
"Yo hilvano un argumento en 5 minutos. Las historias de la vida cotidiana me inspiran. Yo recopilo las vivencias de la calle y las acoplo a mis cosas –cita Goodreads-. Mis personajes tienen una tremenda humanidad. Hay muchas chicas que en la vida real han vivido lo que viven mis personajes. Yo adorno con fantasía las realidades, siempre escribo de gente de la alta sociedad, rodeada de lujos".
Sin embargo, fuera de ese escritorio y de su increíble imaginación, poco había de romance. Su vida era una vida rutinaria, familiar, sencilla. De hecho, poca idea tenía de lo que era el amor.
Corín Tellado fue "la gran dama de la novela rosa". Foto: EFE
Es que Corín se enamoró una vez, y a fondo. Nunca dijo el nombre ni cómo era ese hombre al que nunca olvidó. Pero él sí la olvidó a ella. La realidad, cruda y dura, es que la dejó por otra. Algo que nunca jamás ocurriría en sus historias.
En ese instante juró que iba a casarse con el primero que se cruzara en su destino. Y ahí estuvo Domingo Egusquizaga para llevarla al altar en la iglesia de Covadonga, en 1959. Él fue el padre de sus dos adorados hijos, Begoña y Domingo.
Lejos de las fantásticas promesas de amor eterno que abundaban en sus novelas, a los cuatro años se separaron. “No lo quise ni antes, ni durante, ni después”, le contó la escritora al diario El Mundo. Después no hubo ningún hombre más en su vida.
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Los temas de la vida cotidiana que trata la literatura
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