José Luis Perales nació en Castejón, un pequeño pueblo de Cuenca donde la música apareció mucho antes de que pudiera imaginar una carrera como cantante.
Su primer instrumento fue un laúd. Con él entró en la rondalla del pueblo y comenzó a estudiar solfeo mientras todavía era un niño.
En su casa también había música. Su padre cantaba flamenco y su madre acostumbraba a cantar mientras realizaba las tareas cotidianas.
“Cuando mi madre me oía canciones que yo cantaba y escribía me decía: ‘¡Ay hijo mío, qué pena que no las conozca nadie!’”
Perales recordó a su madre como una mujer “listísima” y con una inteligencia natural extraordinaria. También señaló un hábito que quedó especialmente asociado con ella: cantaba mientras hacía cualquier cosa.
Cuando él empezó a escribir, ella se convirtió en una de sus primeras oyentes. “Cuando mi madre me oía canciones que yo cantaba y escribía me decía: ‘¡Ay hijo mío, qué pena que no las conozca nadie!’”, contó durante una gira por América.
Su padre tenía otro vínculo con la música. Perales lo definió como “aprendiz de todo y maestro en nada”: había sido capataz de carretera, albañil y huertano, pero en la casa también cantaba flamenco.
José Luis Perales, 81 años, sobre su infancia.
El deseo del padre era que su hijo se dedicara precisamente a ese género. Perales terminó tomando otro camino, aunque la música ya ocupaba un lugar importante antes de que abandonara Castejón.
Él mismo recordó que aprendió a amarla desde niño. Sus antiguos compañeros incluso le decían que había sido un alumno aventajado en las clases de solfeo.
El laúd, un libro de Bécquer y las primeras canciones de José Luis Perales
Castejón tenía alrededor de 100 habitantes cuando Perales era niño. El músico utilizó ese número años después durante un concierto en México: cuando él se marchó, bromeó, quedaron 99.
También se definió como un chico solitario. La calle donde nació se llamaba Soledad, un nombre que posteriormente apareció en su propia obra.
Uno de sus recuerdos más concretos está en el desván de la casa de sus padres. Allí leía un libro que le había regalado su hermano mayor: “Rimas y Leyendas”, de Gustavo Adolfo Bécquer.
El laúd, un libro de Bécquer y las primeras canciones de José Luis Perales.
Perales contó que llegó a aprenderlo de memoria. En aquella etapa escribió Una canción llamada soledad, vinculada directamente con esos años y con el lugar donde había crecido.
La música tampoco se limitaba a escribir a solas. Con el laúd formó parte de la rondalla local y todavía de adulto decía recordar melodías de algunas de aquellas primeras lecciones musicales.
De Castejón a Sevilla: el camino que llevó sus canciones fuera de casa
La situación económica de su familia obligó a Perales a cuidar sus estudios. Necesitaba mantener una beca que finalmente le permitió salir de Cuenca y trasladarse a Sevilla.
Allí estudió ingeniería industrial, una elección alejada de la trayectoria laboral de su padre. Al mismo tiempo siguió acercándose a la música.
De Castejón a Sevilla: el camino que llevó sus canciones fuera de casa.
En Sevilla comenzó a construir sus propios instrumentos, se incorporó a la tuna y participó en concursos. Esas experiencias ampliaron los contactos que hasta entonces habían quedado concentrados en su pueblo.
También empezó a escribir canciones para otros intérpretes. Una de las composiciones que terminó marcando esa etapa fue Por qué te vas, grabada por Jeanette y convertida después en uno de sus títulos más conocidos como autor.
Todavia no hay comentarios aprobados.