La vuelta al trabajo y a la rutina se produce este año tras uno de los veranos más calurosos registrados en España, y las altas temperaturas seguirán durante las próximas semanas. En oficinas y hogares, el aire acondicionado continúa siendo imprescindible para mantener una temperatura confortable.
Sin embargo, un uso inadecuado puede resecar e irritar las vías respiratorias, especialmente en personas con asma, rinitis o alergias. En conversación con La Vanguardia, Santiago Parreño, otorrinolaringólogo del Hospital Vall d’Hebron explica cómo debemos usarlo correctamente para evitar estas molestias y qué errores conviene evitar.
Muchas personas creen que el aire acondicionado les provoca resfriados. ¿Cómo podemos saber si nuestros síntomas se deben al aire acondicionado o a una infección vírica?
Lo primero es valorar y descartar los factores relacionados con el aire acondicionado. Este puede tener efectos beneficiosos, pero también negativos dependiendo de cómo se utilice. En situaciones de elevada contaminación ambiental o durante épocas de alta concentración de polen, por ejemplo, las personas con alergia pueden beneficiarse de permanecer en un espacio cerrado y climatizado. Sin embargo, para que esto sea así, el equipo debe encontrarse en buen estado, tener un mantenimiento adecuado y disponer de filtros capaces de retener las partículas presentes en el aire. Si hemos controlado todos estos factores y, aun así, aparecen síntomas compatibles con una infección, entonces debemos considerar que su origen pueda ser vírico.
¿Qué temperatura deberíamos mantener en casa para evitar que el aire acondicionado irrite las vías respiratorias?
En el domicilio, una temperatura de alrededor de 26 grados es adecuada. Más allá del ahorro energético, lo importante desde el punto de vista respiratorio es evitar cambios demasiado bruscos de temperatura. Pasar de un ambiente con aire acondicionado a otro con una diferencia de más de 12 grados puede desencadenar una respuesta inflamatoria. Una persona con rinitis, por ejemplo, puede salir de un espacio muy caluroso y entrar en otro climatizado a una temperatura considerablemente inferior y empezar inmediatamente con síntomas. No es necesario que haya partículas, polvo o alérgenos en el ambiente: el propio cambio brusco de temperatura puede provocar esa reacción de la mucosa nasal.
Además de la temperatura, ¿qué importancia tiene la humedad del ambiente?
Lo recomendable es mantener una humedad relativa de entre el 30% y el 50%. En ese intervalo funciona de manera adecuada el denominado aclaramiento mucociliar, que es uno de los mecanismos naturales de limpieza de nuestra nariz. Además, estas condiciones dificultan la proliferación de ácaros, que son un alérgeno muy importante. Mantener esos niveles de humedad no es una recomendación exclusiva para las personas alérgicas, sino para toda la población. Cuando el aire acondicionado reduce la humedad por debajo del 30 %, la mucosa nasal puede resecarse y perder capacidad de limpieza y protección. Incluso en personas que no tienen una rinitis alérgica, un ambiente excesivamente seco puede favorecer la irritación y desencadenar una respuesta inflamatoria.
¿Cómo podemos saber si la humedad de una habitación se encuentra dentro de esos niveles recomendados?
Hay dispositivos digitales muy sencillos y económicos que permiten conocer tanto la temperatura como la humedad relativa de una estancia. Son pequeños higrómetros o estaciones ambientales que podemos colocar en casa y que nos permiten comprobar fácilmente si nos encontramos dentro de ese intervalo de entre el 30% y el 50%. Esto puede resultar especialmente útil porque algunos equipos de aire acondicionado tienden a secar considerablemente el ambiente.
¿Cómo podemos aumentar la humedad cuando es demasiado baja?
Si detectamos que la humedad es demasiado baja, se puede valorar el uso de un humidificador ambiental para compensarlo. Lo importante es controlar los niveles, porque tampoco se trata de generar una humedad excesiva, que podría favorecer otros problemas.
¿En qué situaciones puede el aire acondicionado resecar o irritar especialmente las vías respiratorias?
Uno de los principales problemas aparece cuando nos situamos directamente bajo el flujo de aire. El aparato emite un flujo frío y seco para poder climatizar el resto de la estancia y, si lo recibimos directamente, puede favorecer la irritación y la inflamación de la mucosa. El segundo factor importante es el mantenimiento. Un equipo antiguo, sucio o con los filtros en malas condiciones puede convertirse en un reservorio de polvo, ácaros o incluso moho.
Un equipo antiguo, sucio o con los filtros en malas condiciones puede convertirse en un reservorio de polvo, ácaros o incluso moho. Foto: IG/ficabibcn
¿Qué efectos puede tener esto sobre nuestra salud?
Cuando lo encendemos, esas partículas pueden volver a circular por la estancia y entrar en contacto con nuestras vías respiratorias. Todo ello puede actuar como irritante o desencadenar síntomas de rinitis. Por eso es importante respetar los periodos de revisión y limpieza indicados por cada fabricante, ya que pueden variar según el aparato. Por tanto, no solo importa la temperatura que seleccionemos, sino dónde nos situamos respecto al aparato y en qué condiciones se encuentra.
¿Es perjudicial dormir toda la noche con el aire acondicionado encendido?
No necesariamente. Se puede dormir con el aire acondicionado durante toda la noche siempre que se respeten unas condiciones adecuadas de temperatura y humedad, que el aparato tenga un buen mantenimiento y que el flujo de aire no incida directamente sobre nosotros. El problema no es tanto mantenerlo encendido durante varias horas como utilizarlo de manera incorrecta. Si mantenemos una temperatura cercana a los 26 grados y una humedad adecuada, no tendría por qué resultar perjudicial.
¿Las personas con asma, rinitis o sinusitis deberían tomar precauciones adicionales?
Las recomendaciones son básicamente las mismas, pero estas personas deben ser especialmente cuidadosas a la hora de cumplirlas. Cuanto más reactiva sea la vía respiratoria de una persona, mayor será la posibilidad de que determinados estímulos ambientales desencadenen síntomas. Un cambio brusco de temperatura, un ambiente excesivamente seco o una concentración elevada de partículas puede tener un impacto relativamente pequeño en alguien sin patologías respiratorias, mientras que en una persona con rinitis, asma o determinados problemas nasosinusales puede provocar una reacción mucho más evidente.
Anna Calpe
Todavia no hay comentarios aprobados.