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Natalia Zubizarreta, diseñadora de interiores: “Si solo tienes una habitación de 8 m², apuesta por un escritorio compacto, almacenamiento en altura y una cama abatible”

Natalia Zubizarreta, diseñadora de interiores: “Si solo tienes una habitación de 8 m², apuesta por un escritorio compacto, almacenamiento en altura y una cama abatible”

Menos muebles, más almacenamiento cerrado y una distribución flexible son las claves de la interiorista para que una habitación pequeña pueda cambiar de función con facilidad.

Durante mucho tiempo hemos cometido el error de poner demasiadas etiquetas a las habitaciones: “este es el despacho”, “esta es la habitación de invitados”, “esta es la salita”. En una casa grande nos lo podemos permitir, pero en un piso pequeño es casi un lujo tener una estancia que apenas se utiliza tres horas a la semana. Así lo plantea la interiorista Natalia Zubizarreta, quien propone cambiar la perspectiva para proyectar: no tanto pensar en “qué es esta habitación”, sino en “qué necesito que ocurra aquí”.

Cuando se hace ese ejercicio, las necesidades reales terminan siendo casi siempre las mismas. “Para mí hay una combinación que funciona especialmente bien: salita, despacho, habitación de invitados y almacenamiento”, explica Zubizarreta a La Vanguardia. Se trata, en palabras de la interiorista, de una de las estancias más agradecidas de la casa, porque acaba convirtiéndose en una especie de comodín familiar. La clave está en que esos usos rara vez se necesitan al mismo tiempo.

Cuatro usos que no compiten entre sí

Durante el día, la estancia puede funcionar como despacho para teletrabajar. Por la tarde, convertirse en una pequeña salita para leer, ver una serie o dejar que jueguen los niños. Cuando estos crecen, puede pasar a ser un espacio donde estar con sus amigos. Y cuando llegan visitas, transformarse en dormitorio.

Cuatro usos que no compiten entre sí. Foto: FB/nataliazubizarretainteriorismo

El cuarto uso es casi permanente: el almacenamiento. Un buen armario puede descargar buena parte del resto de la vivienda y servir para guardar ropa de otra temporada, maletas, ropa de cama, aspiradora, tabla de planchar, documentación o juguetes.

“Las casas también tienen que estar pensadas para esas cosas poco fotogénicas que forman parte de la vida real”, señala Zubizarreta. “A veces diseñamos viviendas pensando muchísimo en dónde irá una lámpara preciosa y muy poco en dónde vamos a guardar la aspiradora”.

La ventaja de este planteamiento es que la estancia también puede evolucionar a medida que cambia la familia. “No deberíamos diseñar una casa únicamente pensando en cómo vivimos hoy, porque nuestras necesidades cambian muchísimo más rápido que nuestras viviendas”.

Una habitación, cuatro funciones. Foto: FB/nataliazubizarretainteriorismo

Una habitación, cuatro funciones

  1. Despacho: escritorio, enchufes y espacio para documentación.
  2. Salita: sofá, diván o butaca para leer, descansar o ver la televisión.
  3. Dormitorio de invitados: sofá cama, diván con cama integrada o cama abatible.
  4. Almacenamiento: armarios para ropa, maletas, juguetes y enseres de uso ocasional.

Cuántos metros hacen falta y cómo distribuirlos

La interiorista defiende que entre 8 y 10 metros cuadrados ya pueden ser suficientes si la distribución está bien pensada. “El error sería intentar meter cuatro habitaciones completas”, advierte. No se trata de tener permanentemente un gran despacho, una salita, un dormitorio y un vestidor dentro del mismo espacio, sino de conseguir que la estancia pueda transformarse según el momento.

En unos 8 metros cuadrados habrá que ajustar más: escritorio compacto, almacenamiento en altura y una cama que pueda desaparecer durante el día. Con 9 o 10 metros ya existe margen para combinar un frente de almacenamiento con un escritorio y un sofá cama o diván. Y a partir de 11 o 12 metros cuadrados se pueden incorporar elementos adicionales, como una butaca, una librería más amplia o un escritorio más generoso.

Tres distribuciones según el tamaño. Foto: FB/nataliazubizarretainteriorismo

Tres distribuciones según el tamaño

  • 8 m²: Un frente de armarios y escritorio compacto combinado con una cama abatible. Conviene liberar al máximo el centro de la habitación.
  • 9-10 m²: Un frente de almacenamiento y trabajo en una pared y, en la opuesta, un sofá cama o un diván. Es la medida que permite equilibrar mejor los cuatro usos.
  • 11-12 m²: Da margen para incorporar una butaca, una librería más amplia, un escritorio mayor o diferenciar mejor la zona de trabajo de la de descanso.

Sin embargo, los metros cuadrados no lo son todo. “Muchas veces importa más la geometría”, señala. Una habitación rectangular de 9 metros, con una puerta y una ventana bien situadas, puede resultar más fácil de aprovechar que otra de 12 condicionada por pilares, radiadores o demasiadas zonas de paso.

Antes de decidir la distribución, conviene comprobar cuánto ocupan los muebles cuando están abiertos. “No sirve de nada conseguir que quepa un sofá cama o una cama abatible si, cuando los abrimos, bloqueamos la puerta o no podemos movernos cómodamente”. Por eso recomienda dibujar previamente la estancia a escala. “En una habitación pequeña los centímetros importan”.

Pocos muebles, pero capaces de hacer más cosas. Foto: FB/nataliazubizarretainteriorismo

Pocos muebles, pero capaces de hacer más cosas

En una estancia multifunción, acumular piezas pequeñas suele ser menos eficaz que concentrar varias necesidades en pocos muebles. ”El mobiliario a medida puede resultar especialmente útil”, resume Zubizarreta. Un escritorio puede incorporar cajones, baldas, archivos, enchufes o espacio para la impresora. Un armario puede adaptarse exactamente a aquello que se necesita guardar. Y un diván puede funcionar como sofá durante el día, cama por la noche y espacio de almacenamiento gracias a cajones inferiores.

La condición es que transformar la estancia resulte sencillo. “Si para transformar una habitación tienes que desmontar media casa, dejarás de hacerlo”. También pueden ayudar pequeñas piezas con más de una función: un puf puede ser asiento, reposapiés o mesa auxiliar; una silla de escritorio puede servir como asiento extra y una pequeña mesa puede convertirse en mesilla cuando se abre la cama.

Lo mismo ocurre con los armarios hasta el techo. Zubizarreta es partidaria de aprovechar la altura, pero no de llenar todas las paredes. “El problema no es que el mueble llegue hasta el techo. El problema es cómo lo diseñamos”, explica. Los frentes limpios, con pocos cortes visuales, tiradores discretos y tonos similares a las paredes pueden integrarse mejor en el espacio.

Su recomendación es concentrar mucho almacenamiento en uno o, como máximo, dos frentes y dejar respirar el resto de la habitación. “En espacios pequeños necesitamos almacenamiento, sí, pero también necesitamos vacío. El ojo necesita encontrar zonas tranquilas”.

Diseñar para lo que realmente se va a usar

“Cuando tenemos pocos metros sentimos muchas veces la necesidad de aprovechar absolutamente todos los rincones y terminamos consiguiendo justo lo contrario”, señala Zubizarreta. “Una habitación pequeña no necesita tener algo en cada esquina. Necesita que podamos entrar, movernos y respirar”.

Antes de comprar muebles, la interiorista recomienda decidir cuál será la función principal de la estancia. Si se teletrabaja cinco días a la semana y los invitados llegan cuatro veces al año, el espacio debería ser ante todo un buen despacho. La cama puede permanecer escondida hasta que se necesite.

Si los abuelos se quedan a dormir cada fin de semana, la comodidad del dormitorio deberá tener más peso. Y si la habitación acabará siendo el refugio de dos adolescentes, quizá tenga más sentido priorizar un sofá cómodo, almacenamiento y un lugar donde puedan estar con sus amigos. “La casa tiene que adaptarse a nuestra vida y no nuestra vida a una distribución que hemos decidido sobre un plano”.

Paula Martínez

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