Juan Ramón Lucas atiende el teléfono desde el coche, camino de Asturias, el lugar al que regresa siempre que puede. A los 67 años vuelve a levantarse entre las dos y las dos y media de la madrugada para ponerse al frente de las mañanas de Radio Nacional de España.
Aceptó el encargo como un desafío personal, quince años después de haber alcanzado las mejores audiencias del programa. El precio son los horarios, el cansancio y la distancia de su gente; la recompensa, asegura, sigue siendo el placer diario de hacer radio y su audiencia.
La conversación parte del oficio y se adentra en aquello que una carrera larga deja escrita a pie de página: el tiempo que no dedicó a sus hijos, el amor después de 22 años junto a Sandra Ibarra, la pérdida de audición y la necesidad de convivir con los propios límites.
Lucas entiende la edad como una combinación de experiencia y curiosidad y reivindica el diálogo con quienes tienen veintipocos años. “Ese vínculo requiere apertura por las dos partes: que la gente sénior sea capaz de dejarse enseñar y que la gente joven entienda que también les podemos enseñar”, asegura.
"Cuanta más vida eres capaz de vivir y asimilar, más vida puedes compartir"
-A sus 67 años y después de más de cuatro décadas de carrera, ha regresado a las mañanas de Radio Nacional de España, uno de los trabajos más exigentes de la radio. ¿Qué le llevó a aceptar un reto así en este momento de su vida?
-Porque me sigue divirtiendo mucho hacer radio y quería asumir un último desafío personal: terminar mi carrera en alto. Hace quince años alcanzamos en "Las Mañanas de RNE" unas audiencias que nunca se habían logrado. Volver me permite intentar encarrilarlas de nuevo antes de retirarme.
Es otro país, otra sociedad y otro mundo, pero ¿por qué no intentarlo? El precio son unos horarios infames, estar menos con mi gente y alejarme de Asturias. Lo compensa el placer diario de hacer radio y la posibilidad de contribuir al crecimiento de la radio pública, aunque las audiencias se muevan muy despacio.
Juan Ramón Lucas tiene 67 años y está al frente de "Las Mañanas de RNE". Foto: Web
-¿Qué cree que puede ofrecer hoy que no podía ofrecer a los 40 años?
-Más experiencia, más serenidad, más vida. Cuanta más vida eres capaz de vivir y asimilar, más vida puedes compartir. Es como quien se empeña en enamorarse de alguien sin estar enamorado de sí mismo; no puedes dar lo que no tienes.
-Al ir cumpliendo años, ¿qué ha dejado de importarle y qué ha empezado a importarle mucho más?
-Me da exactamente igual lo que piensen de mí. Antes me preocupaban los juicios; ahora, no. El único que me importa es el de la audiencia. Si no consigo que suba la de Radio Nacional, el intento no habrá tenido éxito, pero eso no significa que haya fracasado.
Las críticas ajenas solo me interesan cuando son inteligentes, porque de ellas se aprende. Ahora me importan mucho más la salud y el vigor físico. Mentalmente me encuentro más consistente, pero físicamente estos quince años se notan. Siempre he hecho deporte y he buscado la naturaleza, y eso ayuda, pero el desgaste es inevitable.
"Siempre he hecho deporte y he buscado la naturaleza, y eso ayuda, pero el desgaste [con los años] es inevitable"
-Cómo prepara el cuerpo y la cabeza, a los 67 años, para levantarse de madrugada y sostener un programa en directo?
-Como periodista, siendo consciente que es un trabajo duro, pero muy importante, estás en el prime time de la radio. Físicamente, durmiendo. Si no te disciplinas para dormir, te encuentras peor y no tienes el ánimo necesario para afrontar lo que te espera.
-¿A qué hora se acuesta para comenzar el directo a las seis de la mañana?
-A las ocho de la tarde. Me levanto entre las dos y las dos y media, procuro tomar una siesta y medito todos los días. La meditación descansa la mente y el cuerpo porque el cerebro entra en un estado muy cercano al sueño. También hago deporte y procuro no desconectar de la naturaleza. En mis días libres, ir a Asturias o al mar es desconectar de todo lo demás.
-En una profesión como el periodismo, que privilegia constantemente lo nuevo, ¿ha sentido que lo miraban de otra manera por su edad?
-Sí, claro. Pero eso no puedo controlarlo. Tengo la edad que tengo y no quiero echarme atrás. Soy un señor de 67 años que hace radio junto a gente de veintitantos.
"Hay algo que mi generación debe saber hacer: tener experiencia, pero también espíritu crítico y deseo de aprender"
-La edad aporta experiencia, pero el mundo audiovisual ha cambiado radicalmente. ¿Cómo evita que esa experiencia se convierta en rigidez?
-Hay algo que mi generación debe saber hacer: tener experiencia, pero también espíritu crítico y deseo de aprender. Yo conozco bien un mundo audiovisual que ya casi no existe; si pretendiera imponer ese conocimiento por encima de lo que pueden aportarme la gente joven, la tecnología o las redes sociales, me equivocaría.
Camarón de la Isla, el reconocido cantaor que murió en 1992, no habría cambiado el flamenco sin conocerlo a fondo, pero tampoco sin comprender que debía llevarlo por otro camino e innovar. Aplicar la experiencia sin dejar de aprender, esa es la fórmula.
-¿Qué aporta a la radio reunir en un mismo equipo a profesionales sénior y a jóvenes de veintitantos años?
-Ese vínculo exige apertura por las dos partes, que la gente sénior se deje enseñar y que la gente joven entienda que, aunque vengamos de otra época, también podemos enseñar y que la experiencia aporta mucho. He formado equipos que trabajan así y es mucho más divertido.
-Ha reconocido que no vivió la infancia de sus tres hijos tan de cerca como le hubiese gustado. ¿Es uno de los grandes precios que ha pagado por su carrera?
-Estoy relativamente satisfecho con la vida que he vivido, pero esa es mi gota de amargura. No me puedo quejar, aunque me pesa. Tampoco culpo a la profesión de mis fracasos personales, la responsabilidad fundamental es mía, no del oficio.
-Visto en perspectiva, ¿qué le diría al joven Juan Ramón que acababa de tener a su primera hija?
-Que no se distrajera, que lo importante es su gente. Aprender a quererte y a querer a quienes te quieren y te necesitan es lo esencial. Solemos saber qué importa si nos escuchamos y atendemos a nuestra intuición. Le diría: “Estate más con tu hija. Pelea por tu oficio, pero no busques excusas en él para no estar con ella”.
-Después de 22 años junto a Sandra Ibarra, ¿qué ha aprendido sobre el amor?
-Que una relación se sigue construyendo 22 años después y que debe basarse en la confianza. No es una línea recta, es la vida misma, con momentos buenos, malos y desencuentros.
Hemos seguido juntos porque hemos sabido escuchar, entender y dejar vivir al otro, y porque el entusiasmo inicial da paso a una cercanía serena. Ha habido momentos de “esto se acabó”, pero siempre hemos encontrado de dónde tirar y hemos vuelto a ilusionarnos.
Juan Ramón Lucas está en pareja con Sandra Ibarra desde hace 22 años. Foto: Rubén Ortega/Wikipedia
-Su compromiso con la Fundación Sandra Ibarra lo ha acercado a personas que han sobrevivido a un cáncer. ¿Qué le han enseñado sobre la fragilidad y las ganas de vivir?
-Sobre todo, a dar valor a la vida. Como dice Sandra: “Dame salud, que lo demás ya lo pongo yo”. Quien no tiene salud te enseña lo más hermoso de la condición humana y también la fragilidad de la vida. Su ejemplo y el impulso de Sandra, de apariencia delicada, pero extremadamente fuerte, me han enseñado el valor del presente, de la solidaridad y de la ciencia.
-También contó que perdió gran parte de la audición del oído izquierdo. Para alguien que ha vivido de escuchar a los demás, ¿cómo aceptó esa limitación?
-Nunca la acepté del todo hasta que, por la insistencia de Sandra, me puse un audífono y fui consciente de lo que me estaba perdiendo. Es otra lección de vida: cuando crees que las cosas ya no tienen remedio, puede aparecer algo que te quite la razón.
Resignarse es aceptar la condición cuando ya has perdido; darse por vencido es el paso previo a perder. Puede que no pierdas si no te das por vencido.
-Practica deportes de resistencia, camina descalzo y se baña en agua casi helada. ¿Qué busca al someter el cuerpo a esas exigencias?
-Tienen una doble vertiente: me ayudan a resistir mejor, pero, sobre todo, me procuran una conexión conmigo mismo y con la naturaleza. Bañarme en invierno en un río a dos grados me acerca a mi cuerpo. Forzarme un poco, andar descalzo y estar con animales, ahora con caballos, me ha enriquecido emocionalmente y me ha ido muy bien.
-Aunque nació en Madrid, se crió en Asturias y regresa allí siempre que puede. ¿Qué encuentra en ese paisaje a medida que cumple años?
-Ahora mismo voy hacia allí y me encanta Asturias. Pero también disfruto en el desierto, en Fuerteventura o en Almería. Un desierto conmueve por su inmensidad, igual que una montaña por su majestuosidad, y ambos enseñan los propios límites.
En Asturias aprendo, vivo y siento, pero disfruto en cualquier lugar donde conecto con la naturaleza. No es solo la belleza del paisaje, sino sentirme conectado con el todo.
-En esta etapa de su vida, los caballos se han convertido en una forma de reconectar con la naturaleza. ¿Qué proyecto tiene entre manos relacionado con ellos?
-Sandra, mi mujer, y yo ya estamos trabajando en un proyecto que queremos seguir desarrollando en el futuro. Buscamos crear experiencias en las que el caballo sea una puerta de entrada a la naturaleza y ayude a las personas a reconectar con el mundo del que venimos. También queremos promover una relación con el animal basada en la confianza, no en la disciplina.
-También dirigió y presentó el videopódcast Sr. Wolf. ¿Qué encontró en ese formato?
-Fue una experiencia gratísima que espero recuperar cuando termine mi etapa en Radio Nacional.
"El tiempo es vida"
-¿Sabrá reconocer cuándo ha llegado el momento de retirarse?
-No lo sé. Si el público me echa, me iré. De todas maneras, me veo en Asturias, con los caballos, escribiendo lejos del ámbito urbano y disfrutando del silencio. Eso no implica abandonar por completo mi profesión; podría recuperar un proyecto como Sr. Wolf, que me permite hacer lo que me gusta sin la responsabilidad de una cita diaria.
-Para terminar, diría que el paso del tiempo merece la pena cuando…
-Tienes disposición sobre él y la capacidad real de gestionarlo. El tiempo es vida. Benjamin Franklin decía que el tiempo es oro; José Luis Sampedro, que no, que el tiempo es vida.
Evelyn López, La Vanguardia
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