La vida no se ajusta a un guion predeterminado, sino que se despliega como un proceso abierto en el que cada persona construye su biografía a partir de decisiones que, en muchos casos, no tienen marcha atrás. Pero no todo depende de la voluntad. También intervienen hechos imprevistos, acontecimientos que irrumpen sin aviso y alteran el curso de una vida. Entre lo elegido y lo que simplemente sucede se configura aquello que cada individuo llega a ser.
El filósofo y teólogo Francesc Torralba reflexionó ampliamente sobre el sentido de la existencia, la libertad y la esperanza. Su pensamiento, estrechamente vinculado a la experiencia personal, se vio influido tras la muerte de su hijo, una vivencia que modificó su forma de abordar el sufrimiento, el tiempo y la toma de decisiones, incorporando una dimensión más concreta a su reflexión filosófica. En una reciente intervención en el podcast Tengo un plan, abordó la relación entre libertad, destino y responsabilidad en un contexto de incertidumbre permanente.
En esa línea, Torralba señala que la muerte prematura de un ser querido abre un espacio de enigma, no solo por la ausencia, sino por todo aquello que ya no podrá acontecer. “Hubiera podido ser padre, abuelo, crear una familia, y eso es algo que no podrá hacer. Choca porque damos por hecho que hay cuatro etapas en la vida y que las vamos a culminar. La única certidumbre que tenemos al nacer es que vamos a morir”, afirma.
Asumir la muerte de un hijo cuestiona la idea de destino como un guion cerrado. Foto: FB/francesctorralba
A partir de ahí, el autor de No hay palabras: Asumir la muerte de un hijo cuestiona la idea de destino como un guion cerrado y defiende una concepción de la vida más cercana al drama que a la tragedia. En la tragedia, explica, los personajes están sometidos a una fuerza inevitable que determina su final. En cambio, en el drama, en la línea de la distinción de Victor Hugo en el prólogo de Cromwell, los personajes eligen, se equivocan y construyen su recorrido desde la libertad. Esa capacidad de decidir es, precisamente, lo que define su existencia.
Desde esta perspectiva, el ser humano va configurando su propio destino a través de sus actos. Cada decisión abre un horizonte de incertidumbre, con la posibilidad de acertar, equivocarse, perder o avanzar, y forma parte de la experiencia humana. No decidir, subraya Torrabalba, también es una forma de decisión, porque incluso la inacción tiene consecuencias.
La angustia como efecto de la libertad
Para Torralba es en ese punto donde emerge la angustia. En su discurso, el filósofo la considera no como un elemento accesorio, sino inherente a la libertad: “Aparece cuando asumimos que somos responsables de nuestras decisiones”. Y añade: “Quien no se ha angustiado nunca es que quizá nunca ha hecho un acto libre. Siempre ha vivido obediente al compás y le han movido como un títere”.
“Aparece cuando asumimos que somos responsables de nuestras decisiones”. Foto: FB/francesctorralba
La vida, por tanto, no es un estado de espera, sino un ejercicio continuo de elección. No existe una posición neutral desde la que evitar decidir, ya que toda omisión implica también una toma de partido. “Uno decide en una encrucijada o A o B o C y no puede no decidir”, recuerda el filósofo.
En este sentido, la decisión no es un acto aislado, sino un proceso continuo que va delineando la biografía de cada persona. “Quien decide es el ser humano y eso va construyendo un futuro”, afirma, subrayando que no existe un destino previo cerrado, sino un horizonte que se va formando a partir de las elecciones individuales.
La libertad como responsabilidad
Torralba insiste en que esta dinámica no se queda en el plano abstracto, sino que se concreta en decisiones vitales irreversibles. “Yo decidí casarme, yo decidí tener hijos”, señala, destacando que toda elección implica efectos reales que no pueden anticiparse ni deshacerse. “Eso tiene sus consecuencias, naturalmente”, añade. Y tal vez vivir con lucidez implique asumir que toda decisión abre un camino, pero también cierra para siempre todos los demás.
En definitiva, la libertad no se entiende como una mera capacidad de elección, sino como una forma de responsabilidad que se despliega en el tiempo. La existencia, en su visión, no es una historia escrita de antemano, sino un proceso abierto en el que cada decisión contribuye a definir quiénes somos y hacia dónde vamos.
Christian Jiménez
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