¿Qué significa realmente ser feliz? En una época en la que la felicidad se vende como una mezcla de bienestar, éxito, viajes, experiencias y realización personal, el filósofo Enric F. Gel nos da a entender que quizá estamos buscando la felicidad en el lugar equivocado.
“La mitología de la felicidad moderna está demasiado centrada en el propio individuo, consigo mismo, su propio placer, la propia carrera profesional, el éxito personal”, explica en una charla publicada por AprendemosJuntos.
En este sentido, él opta por ampliar la mirada y recuperar una concepción de la felicidad más cercana a la de los grandes clásicos.
Ampliar la mirada
Según Gel, el problema no es el placer. De hecho, Aristóteles tampoco lo rechazaba. “No es erróneo buscar el placer, lo erróneo es poner el placer en el centro de lo que sería la vida feliz”, resume el filósofo. El placer puede formar parte de una vida buena, pero no debería convertirse en su medida.
La diferencia parece pequeña, pero cambia mucho las prioridades. Una persona puede tener una vida cómoda, entretenida y llena de estímulos y, aun así, sentir que algo fundamental no encaja.
Gel recurre a los clásicos para explicarlo. Aristóteles comparaba al ser humano con un arquero que tiene un blanco, pero que primero necesita saber dónde está ese objetivo.
La pregunta no sería “¿qué me hace sentir bien?”, sino “¿qué vida quiero construir?”. Foto: Shutterstock
“¿Qué tiene más sentido? ¿Que nos paremos a reflexionar dónde está el blanco o que empecemos a disparar de diestro y siniestro sin haber hecho esa reflexión previa?”, plantea.
La cuestión, por tanto, no sería únicamente preguntarse “¿qué me hace sentir bien?”, sino “¿qué vida quiero construir?”.
Una felicidad que no cabe en uno mismo
La palabra que Aristóteles utilizaba era "eudaimonía", un concepto que, según Gel, se queda pequeño si lo traducimos simplemente como “felicidad”.
Para él, la eudaimonía se acerca más a la idea de florecimiento humano, esto es, desarrollar las propias capacidades, adquirir buenos hábitos, cultivar la virtud y cuidar dimensiones como la amistad, el amor o la vida intelectual.
“Cuidar un poco todas las diferentes dimensiones del ser humano, intentar llevar cada una de ellas a la plenitud, es en lo que consiste la felicidad para Aristóteles”, explica.
Y hay otro detalle importante: el ser humano no florece aislado. “El ser humano también es un ser social para Aristóteles, que florece en comunidad”, añade.
Para Aristóteles, el ser humano es un ser social. Foto: Freepik
El World Happiness Report 2025 también sitúa las conexiones sociales en el centro del bienestar y señala que los jóvenes que declaran tener vínculos sociales de mayor cantidad y calidad tienden también a mostrar una mayor satisfacción con su vida.
España aparece con una alta proporción de jóvenes que mantienen algún vínculo cercano y con una valoración relativamente elevada del apoyo social.
¿Y qué pasa cuando confundimos placer y felicidad?
Gel recurre a un experimento mental del filósofo Robert Nozick: imaginemos una máquina capaz de proporcionarnos todo el placer posible durante el resto de nuestra vida. Podríamos vivir permanentemente conectados a ella, sin dolor, sin fracaso y sin frustraciones. La pregunta es inevitable: ¿entraríamos?
Su respuesta es que probablemente muchos preferiríamos una vida real, aunque fuera menos placentera. Queremos relaciones reales, proyectos, decisiones, experiencias y acciones que tengan un significado. “El placer no es el último bien, no es el bien último”, concluye.
Marc Mestres, La Vanguardia
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