Cuando el ingeniero de montes Ricardo Codorníu llegó por primera vez a Sierra Espuña, en la Región de Murcia, se encontró con un paisaje desolador: montes completamente descarnados, sin apenas vegetación, tras siglos de tala masiva para abastecer a la industria y la agricultura de la zona. Lo que hizo a continuación se convertiría en una de las historias de recuperación ambiental más singulares de la España contemporánea.
Dos años de estudio antes del primer disparo
Nacido en Cartagena en 1846, Codorníu no improvisó su plan. Antes de poner en marcha la reforestación, dedicó cerca de dos años a un estudio pormenorizado de todas las características del entorno, con el objetivo de repoblar cada especie en el lugar más adecuado para ella.
Según explicó el profesor de Ecología de la Universidad de Murcia José Francisco Calvo, ese modo de operar "fue un avance en la época", ya que "era la primera vez que se seguían unos criterios tan rigurosos en una obra de tanta extensión".
Sembrar donde nadie podía llegar caminando
El gran problema al que se enfrentaba Codorníu era el acceso: buena parte de las laderas más escarpadas de Sierra Espuña resultaban prácticamente inaccesibles para plantar árboles de la forma tradicional. Su solución fue tan insólita como efectiva: disparar las semillas de pino, sabina y encina utilizando cañones y escopetas, para que llegaran hasta los puntos más remotos e inaccesibles del monte.
El especialista medioambiental Ignacio Lafuente destacó que la iniciativa fue, "técnicamente, un logro: tanto en la capacidad de movilización de trabajadores, como en el hecho de tratarse de tan buenos técnicos".
Aquella solución guarda, de hecho, un curioso paralelismo con la tecnología actual: hoy en día existen drones diseñados específicamente para dispersar semillas en terrenos de difícil acceso, un método que Codorníu ya intuyó más de un siglo antes.
Hoy en día existen drones diseñados específicamente para dispersar semillas en terrenos de difícil acceso. Foto: FB/espunaturistica
El "apóstol del árbol"
El proyecto de reforestación, iniciado formalmente en 1889 y enmarcado en las primeras repoblaciones protectoras de España en la Cuenca del Segura (iniciadas en 1891 tras las devastadoras inundaciones que azotaron la región), le valió a Codorníu el apodo de "apóstol del árbol". Lafuente ha subrayado también la magnitud del desafío económico que supuso la obra: "Lo que más me sorprende de Codorníu es que fuera capaz de conseguir tanto dinero para acometer una reforestación de ese calibre".
El propio experto lamentó el contraste con la situación actual: "En la Región de Murcia ahora hay muy poca reforestación, unas 50 hectáreas al año, y es llamativo porque el cambio climático aquí va a afectar mucho".
De monte pelado a parque natural de referencia
Más de un siglo después de aquella intervención, Sierra Espuña se extiende hoy a lo largo de 17.804 hectáreas y constituye el principal referente geográfico y ecológico de la Región de Murcia, con su punto más alto en el Morrón de Espuña, a 1.583 metros de altitud. El espacio combina una rica biodiversidad con formaciones kársticas propias de sus rocas calizas y dolomías, como cuevas, simas y desfiladeros.
La obra de Codorníu, calificada por José Francisco Calvo como "un ejemplo modélico y con un valor ecológico muy importante", demuestra que las soluciones basadas en la naturaleza y planificadas con rigor científico pueden transformar por completo un paisaje devastado en cuestión de décadas, convirtiéndose en un referente que hoy, más de un siglo después, sigue siendo estudiado como pionero en la lucha contra la desertificación.
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