La vuelta de vacaciones no termina necesariamente cuando el auto entra en el garaje. Después de cientos o miles de kilómetros, jornadas de calor y muchas horas de aire acondicionado, algunos componentes pueden acusar el esfuerzo acumulado y hacer visibles pequeñas anomalías que hasta entonces habían pasado inadvertidas. Una fuga leve, un sistema de refrigeración que no funciona correctamente o un filtro que ha llegado al final de su vida útil no siempre dejan una señal evidente. A veces, el primer aviso aparece en forma de olor, ruido, vibración o un comportamiento diferente al habitual.
“Muchas veces, el vehículo avisa de que algo no va bien”, explicó Francisco Javier Suárez, propietario de un taller multimarca y creador de contenido sobre automoción y buenas prácticas. Su trabajo diario entre vehículos le ha enseñado a leer esos cambios que para un conductor pueden parecer anecdóticos, pero que en ocasiones anticipan una avería. “Tras el verano, cuando el auto recupera la rutina después de los viajes y las altas temperaturas, hay señales que conviene no dejar para más adelante”, señala Suárez, en conversación con La Vanguardia.
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El consejo de Francisco Javier Suárez, mecánico y profesor.
Después de más de 25 años en un taller, ¿cuál es el error más frecuente que comete un conductor cuando nota que su auto hace algo extraño?
El error más frecuente es seguir conduciendo como si no pasara nada. Y el más grave, intentar solucionarlo por cuenta propia o llevar el vehículo a algún sitio donde simplemente se lo puedan ‘apañar’. La automoción ha cambiado muchísimo y continúa haciéndolo. Los vehículos incorporan cada vez más tecnología y sistemas complejos, y estar al día exige formación e inversión constante. Eso es algo que en determinados lugares brilla por su ausencia. Hay que tener presente, además, que se está circulando en un vehículo que muchas veces transporta a toda la familia. Una mala reparación puede poner en riesgo no solo al conductor, sino también a los acompañantes y al resto de usuarios de la vía.
¿Qué señales puede detectar un conductor simplemente prestando atención al comportamiento del vehículo?
El vehículo suele avisar de que algo no va bien, aunque hay excepciones. Un ejemplo muy claro es el olor. Una fuga de refrigerante del motor desprende un olor característico, ligeramente dulce, que muchos técnicos identificamos enseguida. También el olor puede revelar unos frenos atascados, haber circulado con el freno de estacionamiento accionado, un uso excesivo de los frenos o incluso un problema de embrague. En estos casos aparece ese olor a quemado tan particular y desagradable.
Los ruidos también ofrecen mucha información. Si aparecen al pasar por baches o por un pavimento irregular, pueden apuntar hacia un problema en la suspensión, que es precisamente uno de los sistemas que intervienen ante esas irregularidades. Hay otro ruido bastante característico: uno parecido al despegue de un avión al iniciar la marcha y que aumenta conforme lo hace la velocidad. Puede indicar un problema en los rodamientos de rueda o incluso que los neumáticos estén deformados. Y en los frenos hay una señal especialmente importante. Si al frenar aparece una vibración, sobre todo perceptible en el volante, que disminuye a medida que baja la velocidad, puede ser síntoma de que los discos de freno están deformados.
Hay señales que conviene no dejar para más adelante. Foto: IG/franciscojaviersuarez1
¿Qué papel juegan los testigos del cuadro?
Los vehículos actuales cuentan con sistemas cada vez más complejos para monitorizar prácticamente todos sus componentes. Por eso, si se enciende un testigo en el cuadro, lo recomendable es acudir al taller lo antes posible. Si esa luz viene acompañada de olor, vibraciones, pérdida de potencia, ruidos fuertes procedentes del motor o un sobrecalentamiento, la situación cambia: hay que detener el vehículo y solicitar una grúa. Continuar circulando puede convertir una avería relativamente sencilla en un problema mucho mayor y, además, comprometer la seguridad.
Continuar circulando puede convertir una avería relativamente sencilla en un problema mucho mayor. Foto: IG/franciscojaviersuarez1
La batería, el embrague y los frenos suelen estar entre los elementos que más preocupan a los conductores. ¿Cómo avisan de que están llegando al final de su vida útil?
La batería es probablemente el componente que menos avisa. En un automóvil convencional, uno de los primeros síntomas suele ser que el arranque se vuelve más lento, como si al motor le costara un poco más ponerse en marcha. En los vehículos con sistema Start-Stop, hay otra señal bastante habitual: el sistema deja de funcionar. Cuando eso sucede, puede ser un aviso de que la batería está llegando al final de su vida útil y puede dejarnos tirados en cualquier momento.
El embrague da señales diferentes. Una de las más claras aparece al circular en marchas largas, quinta o sexta, y acelerar. Si las revoluciones del motor aumentan pero el avance del vehículo no corresponde con ellas, aparece esa sensación de patinamiento. También puede cambiar la consistencia del pedal, exigir más esfuerzo para accionarlo o variar la altura a la que el vehículo comienza a desplazarse. En ocasiones, incluso con el embrague completamente pisado, se percibe cierta dificultad o rigidez al cambiar de marcha. En ese momento, el embrague prácticamente está diciendo: ‘Voy a salir del grupo’. Con los frenos hay que estar especialmente atentos a una pérdida de eficacia, una variación en la altura del pedal, ruidos extraños o ese sonido metálico de roce entre metal y metal que cualquier profesional identifica rápidamente: pastillas y discos.
¿Qué comprobaciones sencillas puede realizar un conductor en casa sin herramientas ni conocimientos de mecánica?
Cada vez son menos las comprobaciones que puede hacer una persona sin conocimientos específicos. Se pueden revisar los niveles de aceite del motor, líquido refrigerante y lavaparabrisas, además de la presión de los neumáticos. También conviene comprobar el estado de las escobillas, asegurarse de que limpian correctamente, verificar que funcionan todas las luces, el claxon y los anclajes de los cinturones de seguridad. Poco más. Antes de desmontar, manipular o ‘toquetear’, es preferible acudir a un profesional. Una intervención aparentemente sencilla puede terminar provocando un problema. Por ejemplo, completar el circuito de refrigeración con un líquido incorrecto puede obligar a vaciar y limpiar todo el sistema. O mezclar aceites de motor que no corresponden con las especificaciones del vehículo puede llegar a provocar daños graves.
Se puede empezar por sustituir el filtro de polen o de habitáculo y realizar, si es necesario, una higienización del sistema de climatización. Foto: IG/franciscojaviersuarez1
¿Qué conviene revisar después de un verano de altas temperaturas y mucho uso del aire acondicionado?
Se puede empezar por sustituir el filtro de polen o de habitáculo y realizar, si es necesario, una higienización del sistema de climatización. Dependiendo del tipo de vehículo, sus condiciones de uso y su historial de mantenimiento, también puede ser conveniente revisar o sustituir el líquido refrigerante del motor y comprobar que todo el sistema funciona correctamente. Hay que verificar la activación de los ventiladores, el funcionamiento del termostato y la posible existencia de pequeñas fugas en manguitos o en la bomba. Son elementos que trabajan especialmente cuando las temperaturas son elevadas. De todos modos, el sistema de refrigeración está diseñado para soportar los cambios de estación y trabajar con temperaturas exigentes dentro de unos límites. El problema aparece cuando existe un componente que ya estaba deteriorado y las condiciones del verano terminan poniendo de manifiesto esa debilidad.
Pau Allué
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