La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de muchas personas. Desde la aparición de herramientas como ChatGPT, en 2022, millones de usuarios comenzaron a usarla para estudiar, trabajar, buscar información, crear imágenes o resolver tareas en cuestión de segundos.
Pero el avance de estas herramientas también abrió una pregunta que va más allá de la tecnología: ¿qué lugar ocupará el ser humano cuando las máquinas sean capaces de hacer cada vez más cosas que hasta ahora solo nosotros podíamos hacer?
Sobre este escenario reflexionó Juan Luis Arsuaga, antropólogo y paleontólogo español especializado en evolución humana.
En una entrevista con Esquire, el catedrático analizó el avance de la IA y puso el foco en la necesidad de que haya una persona detrás de lo que los sistemas inteligentes crean.
Además, advirtió que el debate no pasa solamente por si la inteligencia artificial va a reemplazar algunos trabajos.
También hay que pensar qué ocurrirá si eso sucede y cómo cambiará el modelo económico cuando millones de personas puedan verse afectadas por esa transformación.
Juan Luis Arsuaga, antropólogo, sobre la revolución de la Inteligencia Artificial
Para Arsuaga, una de las claves para analizar el panorama está justamente en distinguir entre la capacidad de una máquina para imitar un resultado y lo que realmente hay detrás de una creación humana.
La inteligencia artificial puede alcanzar un enorme nivel de precisión, pero eso no significa necesariamente que exista una intención creativa detrás de lo que produce, consideró.
Para Arsuaga, la IA todavía depende de los humanos. Foto: Archivo.
El antropólogo pone como ejemplo el arte. En ese terreno, explica, no alcanza con reproducir fielmente una imagen. “La máquina puede simular muy bien. Pero yo al arte le pido otra cosa. Los buenos ilustradores no son simplemente realistas. Hacen algo más artístico”, planteó en diálogo con la revista estadounidense.
Además, el catedrático insiste en que aun las máquinas necesitan de un humano para guiarlas con los famosos prompts. Es decir, pueden ejecutar una instrucción y hacerlo cada vez mejor, pero dependen de alguien que primero imagine qué quiere conseguir y cómo quiere hacerlo.
“A la inteligencia artificial tienes que decirle cómo quieres que lo haga, y eso tiene que existir antes de alguna forma”, explicó.
Arsuaga tampoco pasa por alto el hecho de que el avance de la inteligencia artificial puede generar un cambio mucho más profundo es en el trabajo.
Sin embargo, la posibilidad de que algunas tareas sean reemplazadas por máquinas no parece ser, para él, necesariamente algo negativo. Sobre todo cuando se trata de tareas repetitivas.
Juan Luis Arsuaga, paleoantropólogo y escritor español.
El problema, planteó, aparece cuando esa transformación afecta a una parte importante de la sociedad y obliga a pensar qué hacer con esos empleos que "dejan de ser necesarios".
Por eso, el debate no debería quedar reducido a si una máquina puede hacer determinada tarea mejor o más rápido que un trabajador.
También hay que preguntarse cómo se distribuirán los beneficios de esa mayor productividad y qué sucederá con quienes queden fuera de ese nuevo modelo laboral.
Al mismo tiempo, el antropólogo recuerda que no sería la primera vez que una transformación tecnológica modifica por completo la economía y genera tensiones sociales. La historia muestra que esos cambios no siempre fueron pacíficos.
“Las revoluciones económicas se han solucionado con conflictos. La Revolución Industrial produjo conflicto social”, afirma. El divulgador, sin embargo, no plantea que ese desenlace tenga que repetirse necesariamente.
La inteligencia artificial puede marcar otro punto de inflexión, pero todavía queda por definir cómo va a repercutir su impacto. “Ojalá esta vez no ocurra, pero no hay precedentes de un cambio de modelo económico que no produzca conflictos”, advierte.
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