Septiembre llegó y parece que alguien ha pulsado el botón de reinicio. Vuelven el trabajo, el colegio, los horarios, las extraescolares, las compras y las obligaciones que durante unas semanas habían quedado en segundo plano. En resumidas cuentas, toca ponerlo todo en orden.
Gimnasio. Dieta. Casa impecable. Agenda organizada. Dormir ocho horas. Recuperar amigos. Empezar ese proyecto pendiente. Todo desde el día 1. Ahí es donde está el error según María Leániz, organizadora profesional y fundadora de Atelier del Orden.
“Septiembre no es una carrera. Es una puesta a punto”, explica en su podcast En casa con María. Y, sobre todo, hace hincapié en que no debería convertirse en un reinicio vital.
Organizarse no significa llenar la agenda
“Organizarse no consiste en conseguir encajar cada vez más cosas en nuestra vida”, aclara Leániz. A veces organizarse significa quitar. Decidir qué merece realmente nuestro tiempo y nuestra energía, asumir que no todo puede hacerse a la vez y dejar de medir una buena rutina por la cantidad de tareas que conseguimos completar.
Por eso, su recomendación para septiembre es bastante menos espectacular que la habitual lista de nuevos propósitos. Léaniz insta a elegir solo tres cambios y empezar por ellos. Cuando estén asentados, añadir otro. Y si incorporar hábitos cuesta, avanzar incluso a razón de uno por semana.
No es una estrategia pensada para conseguir resultados inmediatos. De hecho, la ciencia tampoco respalda demasiado la idea de que un hábito pueda quedar instalado en cuestión de días.
Un estudio clásico de University College London siguió durante 12 semanas a 96 personas que intentaban convertir una conducta cotidiana en un hábito. La media fue de 66 días para alcanzar cierta automaticidad, aunque hubo diferencias enormes entre individuos: de 18 a 254 días.
Lo que empieces en el primer día de septiembre probablemente no estará perfectamente integrado el próximo lunes. Foto: FB/atelierdelorden
Es decir, lo que empieces en el primer día de septiembre probablemente no estará perfectamente integrado el próximo lunes.
Los mínimos para septiembre
El planteamiento de Leániz se concreta en acciones muy poco llamativas, pero precisamente por eso fáciles de mantener. Por ejemplo, recomienda establecer cuatro o cinco cenas sencillas que puedan repetirse durante la semana y tener un par de opciones “comodín” para los días en los que no apetece cocinar.
También propone simplificar los desayunos, hacer el cambio de armario de manera progresiva y no intentar limpiar toda la casa de golpe: basta con escoger una prioridad semanal y dedicarle unos 20 minutos.
Lo mismo ocurre con la gestión familiar. Un calendario compartido, ya sea en formato digital, en una pizarra o en una hoja visible, puede reunir citas, extraescolares y recordatorios y evitar que toda la carga mental recaiga sobre una sola persona.
Y hay otro mínimo que suele quedar relegado precisamente cuando vuelve la rutina, que es el autocuidado. Leániz opta por reservar 15 minutos diarios para caminar, estirar, leer, meditar o simplemente llamar a un amigo.
Leániz opta por reservar 15 minutos diarios para caminar, estirar, leer, meditar o simplemente llamar a un amigo. Foto: FB/atelierdelorden
Hay que aprender a no llegar a todo
“Date permiso para no llegar a todo”, insiste enérgicamente. Ante la avalancha, muchas personas deben bajar el nivel de autoexigencia, que no quiere decir dejar de lado las obligaciones. El método de Leániz se basa en escoger cada día un máximo de tres tareas esenciales.
Una idea especialmente pertinente en septiembre, cuando a las obligaciones habituales se suman gastos, horarios nuevos y la logística de la vuelta al colegio. La propia vuelta a la rutina puede generar estrés precisamente porque obliga a reorganizar de golpe horarios, desplazamientos y responsabilidades familiares.
Así pues, la experta tiene claro que el primer paso es recuperar el suelo. Comer con cierta regularidad. Dormir en horarios razonables. Organizar las cenas. Poner una lavadora cuando toca. Saber qué hay en la agenda y reservar un pequeño espacio para uno mismo.
Marc Mestres
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