Balotaje en Perú: la dos caras de un país partido en dos y sin reconciliación

Lima. Enviado especial. Con el dato aún caliente y provisorio de las urnas, hay al menos dos cuestiones a observar. La elección confirma la existencia de un Perú partido en dos, con personalidades y posiblemente ambiciones divergentes. En esa dimensión, se verá hasta qué punto los votos cosechados por Keiko Fujimori desde la derecha y Roberto Sánchez por la izquierda les pertenecen en su totalidad, o son la respuesta al rechazo contra el otro. En la primera vuelta, vale recordar, estos dos líderes recibieron alrededor de 20% de los votos, el 80% del país los ignoró.

En el balotaje, como en aquella primera instancia, las urbes consagraron a la hija del ex dictador Alberto Fujimori y el campo a su adversario por diferencias abrumadoras en ambos casos. Para muchos analistas, entre ellos el académico en opinión pública, Hernán Chaparro, es la reacción a una centralidad de Lima, que también traduce como un fuerte racismo hacia el otro Perú, no solo del Sur, sino de las sierras.

En estos últimos años, desde la caída del ex presidente Pedro Castillo, a cuya imagen, encarcelado por el autogolpe de diciembre de 2022, se ha aferrado Sánchez, galvanizó la identidad de ese espacio, por la sangrienta represión que tuvo como focos principales Puno y Ayacucho, donde murió medio centenar de personas, sin que haya habido proceso contra los culpables. En otras palabras, hoy es peor que antes la disputa entre esos dos mundos lo que explicaría varias cuestiones respecto a la votación del candidato de izquierda .

Su poderío electoral es menor al de Castillo, cuya imagen se derrumbó por su pésimo gobierno. Asimismo la coalición que encabeza Sánchez, Juntos por el Perú, es un amontonamiento ultranacionalista de última hora con disputas con los sectores más fanatizados por ciertas decisiones pragmáticas sobre el respeto al capital privado a que obligó la elección. Nunca ha sido nada clara la capacidad de sobrevivencia de esa alianza en una experiencia gubernamental. Pero representa el rostro en la disputa de uno esos dos países que confrontan por el poder en Perú. No reclaman a la capital, buscan ocupar su lugar. El voto por Sánchez ha sido el voto contra Fujimori

Del otro lado, la veterana política derechista, que es pro mercado e integraría la legión conservadora que crece en la región, arrastra, sin embargo, el peso de la peripecia de su padre, el dictador Alberto Fujimori acusado y procesado por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Pero además, una historia legislativa de opacidades, causa de sus anteriores derrotas en los balotajes de 2011 ante Ollanta Humala, 2016, frente a Pedro Pablo Kuczynski y de 2021 con Castillo. Todos ellos beneficiados por un rechazo que posiblemente le ha servido también ahora a Sánchez.

Este voto cruzado y la deformación del Legislativo, cuyas dos cámaras tienen mayoría del fujimorismo, promete una gran inestabilidad más allá de quien se siente en la casa de gobierno. Un desafío claro es integrar en un mismo proyecto a ese interior defraudado, trauma que se refleja también en costos sociales explosivos Perú tiene 7 de cada 10 trabajadores en la informalidad que es absoluta en el ambiente rural (94,8%). El otro reto es desarmar la dictadura parlamentaria. Es el único camino para que Perú madure, pero no es claro que de esta elección surja que ese sea el plan.

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