Congestión, fiebre y tos: cómo saber si es gripe o solo un resfrío

Con la llegada del frío, aparecen los primeros síntomas: congestión, dolor de garganta, tos, algo de cansancio. Y una frase se repite casi automáticamente: “me engripé”. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se trata de eso. Resfrío y gripe no son lo mismo, aunque compartan algunos síntomas, y saber diferenciarlos ayuda a entender cómo evoluciona el cuadro y qué hacer [y qué no] en casa.

En líneas generales, el resfrío es leve y progresivo, mientras que la gripe suele ser más intensa y aparece de forma brusca. “A diferencia del resfrío, la gripe suele presentarse de manera repentina y con síntomas más marcados”, señalan en sus guías los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Esa diferencia inicial es clave: mientras el resfrío se “instala” lentamente, la gripe golpea de entrada.

En el caso del resfrío, los primeros días suelen empezar con molestias en la garganta, estornudos o secreción nasal en forma de “aguita”. Luego, los síntomas cambian: aparece más congestión, el moco se vuelve más espeso y puede sumarse algo de tos. Ese pasaje no implica un empeoramiento, sino todo lo contrario. “Los síntomas suelen alcanzar su punto máximo entre el segundo y el tercer día y luego comienzan a mejorar de forma progresiva”, explican los CDC. Incluso el cambio en el color del moco [que puede volverse blanco, amarillo o verdoso] forma parte de la evolución normal.

El resfrío avanza de forma progresiva y cambia de síntomas, mientras que la gripe suele aparecer de manera brusca y con mayor intensidad

Por eso, uno de los errores más comunes es interpretar cualquier cambio como una señal de alarma. En los cuadros leves, el punto no es cuánto duran, sino cómo evolucionan. Un resfrío típico no desaparece de un día para el otro, sino que va rotando de síntomas: primero la nariz, después la congestión, luego la tos. Esa transición es esperable y dura alrededor de una semana.

La gripe, en cambio, tiene otra dinámica. Suele comenzar con fiebre alta, dolores musculares intensos, cansancio marcado y una sensación general de decaimiento. A diferencia del resfrío, no es un cuadro que permita seguir la rutina con normalidad: es el que obliga a quedarse en la cama. Puede haber también tos y congestión, pero lo que la define es la intensidad.

En ambos casos, se trata de infecciones virales que, en la mayoría de las personas sin factores de riesgo, se resuelven solas. “La mayoría de los resfríos mejora sin tratamiento en un plazo de entre siete y diez días”, señala la Mayo Clinic, que además aclara que, en general, no es necesario acudir al médico por un cuadro de este tipo, salvo que haya un empeoramiento o síntomas fuera de lo habitual.

En la Argentina, el Ministerio de Salud advierte que durante el invierno aumenta la circulación de virus respiratorios, con cuadros en su mayoría leves que se presentan con síntomas similares, como congestión, tos y malestar general. La clave, en ese contexto, es reconocer cuándo se trata de una evolución esperable y cuándo no.

La mayoría de los cuadros respiratorios de invierno son leves y se resuelven en casa sin necesidad de consulta médica

Qué medicación tomar

En cuanto al manejo en casa, no es necesario empezar a tomar medicación desde el primer síntoma. La recomendación general es simple: si el malestar no interfiere con la vida diaria, se puede esperar. Cuando los síntomas empiezan a incomodar —dolor de cabeza, congestión fuerte o fiebre—, los analgésicos o antigripales de venta libre pueden ayudar. “Los medicamentos de venta libre pueden aliviar los síntomas, pero no curan la enfermedad”, señalan los CDC. Es decir, hacen que el cuadro sea más llevadero, pero no acortan su duración.

En ese contexto, es habitual que muchas personas recurran a combinaciones de venta libre que incluyen analgésicos, descongestivos y antihistamínicos. Si bien pueden resultar útiles para aliviar varios síntomas a la vez, conviene tener en cuenta qué contiene cada uno para evitar superposiciones, sobre todo cuando se combinan con otros medicamentos que también se usan para el dolor o la fiebre.

Los medicamentos de venta libre pueden aliviar los síntomas, pero no acortan la duración del cuadro ni lo curan

Algo similar ocurre con la actividad física y la rutina diaria. En un resfrío leve, sin fiebre ni cansancio marcado, no es necesario suspender toda actividad, aunque sí conviene bajar la intensidad. En cambio, si hay fiebre, dolor muscular o debilidad, lo indicado es descansar. No se trata de “parar todo”, sino de adaptarse a cómo responde el cuerpo.

Otro punto importante es el contagio. Tanto el resfrío como la gripe se transmiten fácilmente, sobre todo en los primeros días, incluso cuando los síntomas son leves. Por eso, medidas simples como ventilar los ambientes, cubrirse al toser o lavarse las manos hacen una diferencia, especialmente si se convive con personas con patologías previos o vulnerables, como niños pequeños o adultos mayores.

Finalmente, hay algunas señales que sí marcan una diferencia y pueden indicar que el cuadro no está evolucionando como se espera. Fiebre alta sostenida, dificultad para respirar, dolor en el pecho o un empeoramiento claro después de varios días son motivos para consultar.

Creer que todo es gripe es un error común: qué síntomas diferencian a cada cuadro, cuánto duran y cómo evolucionan los más frecuentes en invierno sin necesidad de caer en alarmas innecesariasSociedadLA NACION