
Las aplicaciones que se usan todos los días para mandar mensajes, guardar archivos o revisar el correo —como WhatsApp o Gmail— empezaron a quedar bajo la lupa en Europa por un tema concreto: qué pasa con los datos que manejan.
El planteo lo hizo el experto en tecnología y ciberseguridad Ben van der Burg, que recomendó dejar de usar apps como WhatsApp, Gmail, Google Drive o Dropbox y mirar alternativas europeas con otro enfoque en privacidad.
El tema no es menor. Muchas de estas plataformas dependen de empresas de Estados Unidos, incluso cuando los usuarios están en Europa o usan servidores ubicados allí. En ese contexto, empezó a tomar forma una pregunta más concreta: qué opciones existen hoy para cambiar esas aplicaciones y qué cambia realmente al usarlas.
La recomendación de Van der Burg no pasa solo por cambiar una app por otra. Apunta a reducir la dependencia de plataformas como WhatsApp y Gmail, que concentran contactos, archivos, correos y buena parte de la actividad digital.
En correo electrónico, una de las alternativas más mencionadas es Proton Mail, con base en Suiza. Funciona con cifrado de extremo a extremo y, en la práctica, eso implica que ni el propio servicio puede acceder al contenido de los mensajes.
Otra opción es Tuta, desarrollada en Alemania. También trabaja con correo cifrado y está pensada para quienes quieren salir del entorno de Gmail sin perder funciones básicas.
Threema permite usar la app sin vincularla a un número de teléfono, algo que la diferencia bastante del modelo más extendido.
Olvid, por su parte, apunta a reforzar la seguridad en la identidad de los usuarios y reducir al mínimo los datos expuestos. No es tan popular, pero va en esa línea.
Para almacenamiento, una de las herramientas más citadas es Nextcloud. Permite manejar archivos, calendarios y documentos, pero con una diferencia: el control sobre dónde se guardan esos datos.
El cambio no responde solo a una moda tecnológica. En Europa, la protección de datos tiene un marco fuerte con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que regula cómo se usan y almacenan.
El conflicto aparece cuando esos datos quedan bajo empresas que responden a otras leyes. Ahí entra en juego, por ejemplo, la CLOUD Act de Estados Unidos, que puede obligar a compañías a entregar información bajo determinadas condiciones.
Ese cruce es el que empuja a buscar alternativas. No tanto por la app en sí, sino por quién está detrás y bajo qué reglas funciona.
Por eso se habla cada vez más de “soberanía digital”. No es un concepto técnico aislado: tiene que ver con quién controla la información y qué margen real tiene el usuario sobre sus propios datos.
El cambio, de todos modos, no siempre es inmediato. Muchas personas siguen usando WhatsApp, Gmail o Drive porque allí están sus contactos, sus archivos y sus rutinas de trabajo.
