El Giro de Italia, entre la tradición del ciclismo de ruta y un impacto económico multimillonario

El comienzo del 109° Giro de Italia, una de las tres Grandes Vueltas del ciclismo de ruta, junto a la Vuelta a España y al Tour de Francia, tuvo una foto final arrolladora por la aparatosa caída ocurrida en el sprint final, antes de que el francés Paul Magnier se quedara en Burgas con la primera de las tres etapas que se correrán en Bulgaria.

No es para nada extraño que una prueba tan importante tenga etapas fuera del país de origen. Porque el impacto de un evento como éste no solamente es multimillonario en cuanto a ingresos económicos, marketing y posicionamiento de las ciudades sino porque a los espectadores que ven pasar a los ciclistas de elite les cambia la vida y los motiva a mejorar o, directamente, a subirse a una bicicleta.

El danés Jonas Vingegaard debutó en el Giro como gran favorito a llegar a Roma el 31 de mayo con la “maglia rosa” de líder y así terminar las 21 jornadas que suman 3.459 kilómetros de recorrido y 48.550 metros de desnivel. Es lógico si se tiene en cuenta que no estarán su némesis, el esloveno Tadej Pogacar, el joven prodigio francés Paul Seixas, el británico Simon Yates -defensor del título-, el mexicano Isaac Del Toro, el ecuatoriano Richard Carapaz ni el belga Remco Evenepoel.

Como conquistó dos Tours de Francia y una Vuelta a España, si Vingegaard cierra el círculo de las “tres grandes”, se uniría en ese logro a los legendarios Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Felice Gimondi, Bernard Hinault, Vincenzo Nibali, Alberto Contador y Chris Froome.

¿De qué se habla cuando se habla de impacto económico de una Gran Vuelta como el Giro de Italia?

“Es un evento global con sólidas cifras año a año. Los datos de la encuesta Ifis Sport lo demuestran claramente: un impacto económico de 2.100 millones de euros y un crecimiento sostenido de espectadores, con más de 2,3 millones de asistentes en directo. Gracias a su amplia cobertura mundial, la Corsa Rosa llega a más de 18 millones de espectadores internacionales, además de cientos de miles de personas en las rutas”, especificó Paolo Bellino, CEO de RCS Sports & Events, empresa organizadora del Giro.

¿Cómo se llega a la exorbitante cifra de la que habla el ejecutivo? Las tres semanas dejan 620 millones de euros por donde pasan y hay un impacto diferido de 1.400 millones, porque ese es el monto que se estima que gastarán quienes tras ver el Giro de Italia visitarán en los siguientes 12 o 18 meses alguno de los lugares por los que pasó la carrera.

Esta maquinaria se aceita con precisión. Si bien no hay comunicaciones oficiales, se estima que las ciudades que deseen tener una largada de una etapa deben pagarle a la organización entre 70.000 y 100.000 euros (salida). Y si quieren la llegada, 200.000.

La visibilidad turística es evidente e incita a semejante erogación. Para tener las primeras etapas, en Bulgaria debieron invertir alrededor de 12,5 millones de euros. De hecho, en Albania, sede de la salida del Giro en 2025, aportaron 7 millones de euros desde el Gobierno y sponsors locales.

Cualquiera que haya visto alguna etapa de las Grandes Vueltas por televisión seguramente se ha maravillado con los paisajes naturales de los países. Ese es el intangible que se “vende” en cada etapa de las pruebas. En el sitio web del Giro se han registrado 65 millones de visualizaciones, con 48 millones en redes sociales, para una carrera que tiene 2.000 periodistas y fotógrafos italianos y extranjeros acreditados.

En el último Festival del Deporte de Trento, Urbano Cairo, presidente de RCS MediaGroup, especificó: “El Giro cuenta la historia de Italia al mundo a través del deporte, la cultura y sus regiones. Es un acelerador del crecimiento, la pasión deportiva y la innovación para toda la nación”. Y Matteo Zoppas, presidente de la Agencia Italiana de Comercio, dio ejemplos numéricos: “La difusión del ciclismo permitió que en 2024 ese sector exportara por 759 millones de euros y que en el primer semestre de 2025 alcanzara los 429 millones”.

Pero hay otro factor en el que impacta fuerte una prueba como el Giro de Italia: mejora el bienestar de los espectadores. En la encuesta de Ifis Sport quedó claro que 71 % de quienes presenciaron el evento (nada menos que 1.600.000 personas) afirmó que asistir al Giro tuvo un efecto positivo en su bienestar personal. El 23% declaró que empezaría a hacer ejercicio tras esa vivencia, mientras que el 57 % afirmó que aumentaría la frecuencia de sus entrenamientos. Por cada euro invertido en el evento se generaron casi tres en beneficios sociales.

Semejantes estadísticas dejan en claro por qué otros países siguen siendo sedes de etapas clave de estas pruebas. Por caso, la largada del próximo Tour de Francia será el 4 de julio en Barcelona y el recorrido tendrá tres días en tierra española. Y en 2027, la 114° edición de Le Tour saldrá de suelo británico, porque se largará en Edimburgo (Escocia), pasará por Inglaterra y la tercera etapa llegará a Cardiff (Gales).

Nadie quiere dejar de ver a la elite mundial en las Grandes Vueltas. Y, queda claro, nadie quiere quedarse afuera del negocio.

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