Andrew Carnegie, el multimillonario Rey del Acero: “El hombre que muere rico muere deshonrado”

“El hombre que muere rico, muere deshonrado”. Con esa frase, Andrew Carnegie, el llamado “Rey del Acero”, selló en 1889 una de las declaraciones más contundentes de la historia del capitalismo sobre la responsabilidad de los millonarios. El migrante escocés que levantó un imperio siderúrgico en Estados Unidos y llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo proclamó, a contramano de la lógica patrimonialista de su época, que acumular una fortuna gigantesca y morir sin haberla puesto al servicio del bien común era, en sí mismo, una deshonra.

De obrero inmigrante a magnate del acero

Andrew Carnegie nació en 1835 en Dunfermline, Escocia, y emigró de niño con su familia a Estados Unidos, donde empezó trabajando como bobinador en una fábrica de algodón en Pittsburgh. A los pocos años pasó al mundo del telégrafo y luego al de los ferrocarriles, donde aprendió cómo se movían el capital y la infraestructura en un país que se industrializaba a toda velocidad.

En 1892 fundó la Carnegie Steel Company, que, gracias a la adopción temprana del proceso Bessemer, la integración vertical y una política agresiva de reducción de costos, se convirtió en la mayor productora de acero de Estados Unidos y pieza clave del boom ferroviario y urbano de fines del siglo XIX.

En 1901 vendió su empresa a un consorcio liderado por J. P. Morgan, operación que dio origen a U.S. Steel y le dejó a Carnegie más de 200 millones de dólares de la época, una cifra que hoy equivaldría a miles de millones.

“The Gospel of Wealth”: la riqueza como obligación moral

Fue entonces, ya en la cumbre, cuando Carnegie formuló su doctrina. En junio de 1889 publicó en la revista North American Review un ensayo titulado “Wealth”, conocido luego como “The Gospel of Wealth”, que la Carnegie Corporation define hoy como un texto fundacional de la filantropía moderna.

Allí sostiene que la desigualdad y la concentración de riqueza son un “precio inevitable” del progreso, pero que el millonario tiene el deber de administrar su excedente como “fiduciario” de la comunidad, usando su dinero para bibliotecas, educación, ciencia y obras públicas, en lugar de legarlo intacto a sus herederos o dejar que el Estado lo confisque vía impuestos a la herencia.

En junio de 1889 publicó en la revista North American Review un ensayo titulado “Wealth”, conocido luego como “The Gospel of Wealth”

En ese contexto llega su frase más famosa: tras criticar al rico que muere dejando “muchos millones de riqueza disponible” sin usar, concluye que “el hombre que muere así rico muere deshonrado”, una sentencia que la propia Carnegie Corporation destaca hasta hoy como síntesis de su filosofía.

Historiadores estiman que regaló el 90% de su riqueza

Tras la venta de Carnegie Steel, se retiró de los negocios para concentrarse en donar la mayor parte de su fortuna. Financiado con su dinero, se levantaron más de 2500 bibliotecas públicas en Estados Unidos y otros países, además de universidades, institutos de investigación y fundaciones dedicadas a la paz, la educación y la ciencia, entre ellas la Carnegie Corporation de Nueva York, creada en 1911.

Los historiadores estiman que regaló alrededor del 90% de su riqueza en vida, equivalente a miles de millones de dólares actuales, y que su “evangelio de la riqueza” inspiró a grandes filántropos del siglo XX y XXI.

Las sombras detrás del “rey” filántropo

Además de su faceta filantrópica, Carnegie arrastra un costado polémico ligado a la forma en que se construyó su fortuna. En 1892, la huelga de Homestead, en una planta clave de Carnegie Steel en Pensilvania, terminó en un enfrentamiento sangriento entre obreros en huelga y guardias privados de la agencia Pinkerton, con una decena de muertos y heridos.

Aunque Carnegie se encontraba en Europa, fuentes de la época aseguran que había avalado la estrategia de su mano derecha, Henry Clay Frick, y el rechazo a la negociación colectiva, y después intentó despegarse políticamente del episodio.

Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.

El migrante Andrew Carnegie, el “Rey del Acero”, sostuvo que morir rico era una deshonra; la historia detrás de su frase más famosa, el “Gospel of Wealth” y cómo donó casi toda su fortunaEstados UnidosLA NACION