Jaime Mc Lean: el experto que le pone un segundo piso a los campos ganaderos

Muchos campos de la Cuenca del Salado producen 100-120 kilos de carne por hectárea de manera inercial, con un esquema muy básico de “monocultura” de cría sobre campo natural, muchas veces degradado y de baja productividad, con venta de terneros al destete. Tampoco hay controles estrictos de los aspectos reproductivos y genéticos del rodeo. Así, se sigue con un sistema conservador pero de baja rentabilidad, algo que puede transformarse radicalmente con la aplicación de un paquete de tecnologías disponibles y ya probadas desde hace varios años. El tema cobra actualidad en estos momentos de alto precio del ternero y es analizado por Jaime Mc Lean, médico veterinario y asesor privado especializado en producción y reproducción animal, quien desarrolla un decálogo de recomendaciones para poner un segundo piso a este tipo de campos.

1. Definir objetivos. “Lo primero y principal es definir los objetivos de la empresa ganadera -el “qué”- y luego armar el plan estratégico para llegar al objetivo, es decir el “cómo”. En esta segunda etapa, los veterinarios tenemos una buena oportunidad para colaborar con la gerencia y comprometernos con los resultados futuros de la empresa”, expresa Mc Lean.

2. Conocer en detalle del campo y su ambientación. Estos aspectos son pilares importantes para trabajar en el “como”. “Se podría decir que cerca del 80% de los campos de cría de la cuenca del Salado cuentan con una superficie con mayor aptitud productiva, que se puede mejorar implantando verdeos o pasturas. Realizar la recría de la propia producción en esas superficies empuja mucho la producción de carne por hectárea”, resalta Mc Lean.

Cerca del 80% de los campos de cría del Salado tiene superficie con mayor aptitud productiva que puede aprovecharse con verdeos o pasturas

3. Correcta nutrición. “Las vacas y los toros deben comer bien a lo largo del año. La planificación forrajera para cada categoría es condición sine qua non. “Un vientre mal alimentado, con baja condición corporal en el preparto y con poca disponibilidad de forraje en el posparto, quedará en anestro y su intervalo parto-primer celo será largo, con el riesgo de preñarse tarde o resultar vacío”, alerta el consultor. ¿Cuál es la consecuencia? Menos terneros, más livianos al destete, lo que se correlaciona directamente con baja producción de carne por hectárea. Por otro lado, las recrías se deben clasificar al destete; las más livianas podrán ir a un corral de inicio y las de mayor peso, al campo.

Es clave una buena alimentación

4. Adecuación de la carga animal. Ajustar la carga en todas las actividades ganaderas es de suma importancia para lograr la mayor eficiencia en cada una. “De nada sirve amontonar vacas y tenerlas mal alimentadas con bajos índices de preñez y magros pesos al destete; así se fracasa desde el inicio de la producción de carne”, critica Mc Lean. Las vacas deben comer bien a lo largo de todo el año. Hay dos etapas bien diferentes en cuanto a sus requerimientos: en la que va del destete al preparto se pueden pastorear por horas maíces o sorgos diferidos, dándoles “almuerzos” para que mantengan su condición corporal. De esa forma, se pueden reservar lotes con buena disponibilidad forrajera para el preparto. Los maíces diferidos cumplen diferentes funciones: por un lado, “limpian” de malezas los potreros que se van preparando para la siembra de pasturas perennes y permiten desocupar temprano los lotes de campo natural donde irán las vacas a parir. Para lograr ese objetivo es muy importante liberar esos lotes a mediados de marzo; de lo contrario no se logrará acumular el pasto que se produce durante el otoño. Entonces, al volver con las vacas en condiciones de parir, que es la segunda etapa, de mayores requerimientos nutricionales, no contarán con la alimentación necesaria y por lo tanto no tendrán celos fértiles tempranos y se atrasarán en su nueva fecha de concepción. La limpieza de los potreros de mayor potencial de producción forrajera se destinará a la recría de la propia producción.

Una correcta planificación forrajera es clave para evitar anestro, mejorar la preñez y aumentar la producción de carne por hectárea

5. Conveniente aprovechamiento de los recursos forrajeros: Establecida una buena cadena forrajera, es preciso asignar los recursos apropiados a cada categoría. En esa etapa, será necesario evitar el sobrepastoreo y evaluar si es necesaria una suplementación estratégica, sin olvidar las cosas básicas, como medición de materia seca o el cambio diario de parcelas.

6. Manejo adecuado de cada categoría En la cría, lo deseable son los servicios cortos, que den alta proporción de terneros “cabeza” de parición. Para lograr este propósito hay que hacer un manejo con “sintonía fina” por parte del personal, que apreciará la condición corporal de los vientres, analizará la curva de parición y evaluará el porcentaje de celo diario en cada rodeo. “Las recorridas del personal deben ser cada vez más dirigidas a la observación clara de los indicadores de eficiencia; la devolución del recorredor y su informe permitirán a la gerencia tomar medidas correctivas en el momento oportuno”, aconseja Mc Lean. En la recría son recomendables el cambio diario de parcela, la suplementación correcta y la evaluación de la sanidad (sobre todo vigilancia de parasitosis externas) por parte de los recorredores.

7. Incorporación de buena genética al rodeo. En la actualidad se cuenta con muy buena genética para incrementar la producción de carne, pero es muy importante tener en claro cuáles son las características de mayor importancia económica en las vacas de cría. “Luego de muchos años trabajando con el apoyo técnico de Select Debernardi, consideramos prioritarios los aspectos maternales: precocidad sexual, fertilidad y longevidad. Estas características permitirán producir más terneros, más pesados al destete y a una edad más temprana en la reposición”, destaca el profesional. En la recría, hay que analizar las curvas de crecimiento más convenientes: lo ideal son bajos pesos de nacimiento, elevados pesos al destete, alta velocidad de crecimiento hasta los 18 meses, con un engrasamiento adecuado, y luego un freno en el crecimiento, para no elevar el peso y tamaño de los vientres. Este biotipo permitirá vender los novillos con menos de dos años de edad y con más de 450 kilos. También posibilitará llegar con las vaquillonas de reposición a los 14/15 meses de edad con más de 300 kilos. Últimamente, también se está prestando mucha atención a las características de la carcasa, especialmente al área de ojo de bife y al engrasamiento.

Ajustar la carga animal y asegurar buena alimentación durante todo el año resulta determinante para la eficiencia del rodeo

8. Plan sanitario completo y ajustado a la empresa. Debe ser supervisado por un médico veterinario quien, además de verificar su realización, deberá capacitar al personal de ganadería en la correcta aplicación de los productos, en la cadena de frio de las vacunas, en la limpieza del instrumental y en el bienestar animal a la hora de los encierres y trabajo en la manga. También deberán llevar un estricto control de enfermedades venéreas y abortivas, con el convencimiento del empresario de la necesidad de su vigilancia, control y erradicación. “Hay un tema que los veterinarios debemos involucrarnos mucho y es el control mensual de las parasitosis gastrointestinales y de los ectoparásitos. Es muy común que en los campos no se controlen de manera rigurosa. El asesor veterinario deberá llevar planillas de cada tropa donde se registrarán los controles de los tratamientos realizados y las drogas aplicadas. El costo económico oculto que generan las parasitosis es cuantioso y, más allá de esto, impiden que se logren los objetivos de pesos a determinada edad del animal y generan un mal desarrollo óseo y muscular de los animales; en definitiva están hipotecando el potencial productivo ganadero”, advierte.

Llegó la lluvia, pero no a todos: el centro de la región núcleo sigue siendo el lugar más comprometido del país

9. Capacitación del personal ganadero. Este es un tema muy importante y necesario para lograr eficiencia. Se debe orientar al manejo de los rodeos con “sintonía fina”. Esto incluye la evaluación de la condición corporal de los vientres, la correcta aplicación del plan sanitario, conocimientos acabados de la sanidad reproductiva y el rol de ellos en la prevención y el cuidado del ingreso de toros o vacas ajenas y la salida de toros propios. Otros temas importantes son la eficiencia en el aprovechamiento del forraje, el registro y manejo de la información y el uso de las nuevas herramientas electrónicas.

Definir objetivos productivos y un plan estratégico claro es el primer paso para mejorar la eficiencia ganadera

10. Registro de la información. En muchos campos se mide muy poco y por tal motivo no se toman las medidas correctivas a tiempo, para lograr los objetivos definidos. “El registro de pariciones, abortos, la medición de la ganancia de peso diario en las recrías, las raciones que aporta un recurso forrajero, son semáforos que nos van indicando como transcurre la operación de la empresa”, observa Jaime. “Sin ellos, no sabemos cómo llegaremos a destino”, plantea. La información genera datos, el análisis de estos genera conocimiento y da la posibilidad de generar cambios en los momentos oportunos.

Finalmente, Mc Lean concluye así: “vemos con claridad que con los objetivos claros, el “qué” y el “como” detallados, con un equipo capacitado en sintonía fina del manejo, de la nutrición y de la sanidad, se pueden manejar rodeos de vacas muy eficientes. Estos contemplan servicios cortos, pariciones tempranas y altos pesos al destete. Al eliminar las vacas improductivas se comenzará la recría de los destetes con buenos pesos iniciales y, a partir de allí, con adecuada alimentación, control de las parasitosis y correcta aplicación del plan sanitario, se le puede poner otro piso al campo y duplicar la producción de carne por hectárea”.

El médico veterinario y asesor privado desarrolló un decálogo para duplicar la producción de carne por hectárea en empresas de cría de la Cuenca del SaladoCampoLA NACION