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Acantilados, leyendas y vistas infinitas: 6 faros fascinantes donde podés quedarte a dormir

Acantilados, leyendas y vistas infinitas: 6 faros fascinantes donde podés quedarte a dormir

Desde Irlanda hasta Finlandia y Australia, vigías del mar reconvertidos en hospedaje. Cómo es cada faro, la historia y cuánto cuesta pasar la noche.

Un vigía solitario, una luz de esperanza en el horizonte, un guía en mares revueltos, un guardián en la noche. Según el diccionario de la Real Academia Española, un faro es una “torre alta en las costas, con luz en su parte superior, para que durante la noche sirva de señal a los navegantes”.

Aunque los modernos sistemas de navegación relegaron en gran parte las funciones de estas luces históricamente imprescindibles en costas complicadas y mares traicioneros, los faros siguen generando fascinación en todo el mundo.

Los hay en funcionamiento y también abandonados; los hay abiertos a las visitas o transformados en pequeños museos; y hasta hay faros que, reconvertidos en pequeños alojamientos, invitan a dormir en su torre o en las casas aledañas de los antiguos fareros.

“Abre en la costa, el faro / su abanico solar / ¿A quién busca en la noche / que gira sin cesar?”, decía Alfonsina Storni en el poema Faro en la noche.

Dormir en un faro significa rememorar historias de navegantes, atesorar paisajes y geografías de acantilados y piedras; sentir el viento marino al otro lado de la ventana, escudriñar el horizonte o imaginar a célebres aventureros o piratas malvados. Por eso aquí proponemos una selección de seis faros en distintos lugares del mundo que invitan a dormir y soñar. ¿Vamos?

1) Clare Island Lighthouse (Irlanda)

El faro está en la isla Clare y vigila la entrada a Clew Bay, frente a la costa de Irlanda. Es parte de la Wild Atlantic Way, la famosa ruta costera del Atlántico (unos 2.500 km).

El faro de Clare Island convertido en Bed & Breakfast. Foto Shutterstock.

Situado en lo alto de un acantilado, durante casi dos siglos fue un referente para los barcos y un refugio para los marineros. Lo construyó John Denis Browne, primer marqués de Sligo, en 1806. Pero en 1813 un incendio destruyó parte de la torre. Se lo reconstruyó en 1818 y siguió funcionando hasta que, en 1834, un rayo volvió a dañar su estructura. Dejó de funcionar en 1965.

Fue transformado en un pequeño alojamiento estilo Bed & Breakfast con seis habitaciones y espacios comunes, donde el protagonismo lo ganan las espectaculares vistas al mar y el entorno natural inspirador. Sin televisores, pero con conexión wifi.

Donde se ubicaba la vivienda original del farero ahora hay una cocina, sala de estar con chimenea y comedor-biblioteca, espacios comunes ideales para socializar con otros huéspedes. Las habitaciones cuentan con baño privado y tienen muebles y accesorios de época, obras de arte originales y camas de hierro fundido muy cómodas.

La isla es ideal para recorrer en bicicleta y hacer senderismo. Se puede disfrutar de la playa de aguas cristalinas que está junto al puerto principal y conocer el castillo de Granuaile, construido en el siglo XVI por los O’Malley.

La localidad de mayor tamaño y más cercana al faro es Westport, con un encanto particular y alguna vez elegida como “mejor lugar para vivir en Irlanda”.

Hay un servicio diario de ferry que sale desde Roonagh y conecta la isla. Alojarse en este lugar cuesta entre 330 y 350 euros por noche por habitación doble y se puede pedir un desayuno “estilo faro” y saludable por 15 euros por persona (clareislandlighthouse.com).

2) Faro Isla Pancha (España)

Un islote ubicado en la parte más externa de la ría de Ribadeo, en Galicia, norte de España, y un faro. O mejor dicho, dos. Primero, el faro antiguo, el de 1857, de estructura cuadrada. Luego, el nuevo faro, el de 1983, construido cerca del primero, dentro del mismo islote, pero con el formato de torre de hormigón cilíndrica con las típicas franjas negras y blancas.

En el norte del España, el faro Isla Pancha. Foto Adobe Stock

Dicen que el faro de Isla Pancha es uno de los más lindos de Galicia. Forma parte de la ruta de los Miradores y es el primero que uno encuentra entrando desde la vecina Asturias.

En 1984 se cerró el acceso al islote por cuestiones de seguridad, y casi 30 años más tarde se decidió apostar al turismo: en 2013 se aprobó un plan para reconvertir las estructuras de ambos faros en alojamientos turísticos.

“Un paraje natural de inigualable valor paisajístico, desde el que, en las apacibles tardes de primavera-verano, el remanso de las aguas invita al descanso, al relax… y en los crudos meses de otoño-invierno poder deleitarse con el batir de las olas rompiendo contra las rocas mientras disfrutan del avistamiento de aves”, dicen en la web oficial.

A dos kilómetros de la Villa de Ribadeo, el lugar cuenta con dos apartamentos con capacidad para 4 personas cada uno y zona de jardín individual. Cuentan con cocina equipada y wifi, estacionamiento y terraza panorámica.

La estadía cuesta 300 euros por noche por apartamento en agosto y septiembre, que es temporada alta (faroislapancha.es).

3) The Lighthouse (Nueva Zelanda)

Lo curioso de este faro es que tiene forma de faro, pero nunca lo fue. El lugar está en Island Bay, frente a la playa, tiene vistas impresionantes, hay pequeñas piscinas naturales y es fácil llegar, ya que está a 15 minutos en auto del centro de Wellington, la capital de Nueva Zelanda.

Pequeña casita con forma de faro. Foto Airbnb

Su primer dueño construyó este lugar con una estructura de faro, pero como estudio de arte para su esposa. Nunca funcionó como faro real, aunque tiene la luz original de un faro en el piso superior. En 2024 cambió de dueños y se ofrece como alojamiento en la plataforma Airbnb.

Ventana con vista al mar en The Lighthouse, alojamiento con forma de faro. Foto Airbnb

Cuenta con una cómoda cama doble y escaleras empinadas; es un espacio privado y tranquilo, perfecto tanto para disfrutar de un día soleado como para sentirse acogido durante una tormenta”, lo describen. En septiembre cuesta alrededor de 220 dólares por noche.

4) Cape Otway (Australia)

Es el faro más antiguo que se conserva en Australia continental y está frente a las complicadas aguas del Estrecho de Bass (que separa la isla de Tasmania del resto de Australia) y el océano Atlántico, a 225 km de Melbourne. La lámpara, traída de Londres, se encendió por primera vez el 29 de agosto de 1848, tras años de trabajos de exploración cargados de desafíos logísticos.

Imponente geografía la que rodea al Faro Cape Otway, Australia. Foto Adobe Stock

Como muchos otros faros, se creó para evitar los naufragios que asolaban a las embarcaciones en su paso por el cabo de Otway. Le solían decir Faro de la Esperanza porque para muchos inmigrantes del siglo XIX, que pasaban meses viajando en barco rumbo a Australia, era la primera luz que veían.

“El destello duraba tres segundos, seguido de cincuenta segundos de oscuridad. La linterna tenía tres caras y el conjunto giraba por completo cada dos minutos y treinta y nueve segundos. En cada cara había siete lámparas Argand que funcionaban con un aceite especial de ballena”, cuenta Donald Walker en Beacons of Hope.

Funcionó como faro hasta 1994, cuando quedó solo con una luz de baja potencia alimentada por energía solar.

El lugar es una atracción destacada en la Great Ocean Road, una ruta escénica de 240 km en Victoria, en el sureste australiano. Tiene visitas históricas (vale aclarar que por estos días la torre está en refacción y no se puede ingresar), un café llamado The Lightkeepers y alojamiento.

Para dormir hay tres opciones dentro del predio del faro. Vistas espectaculares y desconexión (casi) total: no hay señal de TV y la cobertura de señal de celular es baja, pero hay wifi. El Studio es para dos personas y cuesta desde US$ 212. La Cottage tiene dos versiones según cantidad de gente y cuesta entre US$ 219 y US$ 255. El Lodge es más moderno, ideal para familias o grupos de amigos. En general se incluye desayuno continental y ascenso al faro por la mañana, una vez que esté habilitado el acceso nuevamente (www.lightstation.com).

5) Heceta Head (Estados Unidos)

Dicen que es uno de los faros más hermosos del mundo, el más fotografiado del país y, junto con la casa del farero, es considerado Lugar Histórico.

Pero vayamos por partes. El faro empezó a funcionar el 30 de marzo de 1894, ayudando a las embarcaciones a sortear las dificultades que imponían las corrientes fuertes y traicioneras del océano Pacífico. Sigue en funcionamiento, con su luz proyectada 33 km mar adentro, desde la costa de Oregón, en el noroeste de Estados Unidos.

Uno de los más lindos y más fotografiados de Estados Unidos. Foto Adobe Stock

El nombre se explica por Bruno de Heceta, que, por encargo del virrey de Nueva España, navegó por la costa oeste en 1775 y, antes de regresar, logró registrar el promontorio rocoso que tiene su nombre y donde se ubica el faro.

Algunos hitos de la historia marcan que en la década de 1930 se finalizó la construcción de la carretera U.S. Highway 101 -lo que resolvía el aislamiento del lugar-, que en 1963 el faro se automatizó y que en 1973 el Servicio Forestal de EE.UU. lo incluyó en el Registro de Lugares Históricos y decidió convertir la casa del farero en Bed & Breakfast que permitiera compartir la historia y las vistas del lugar ubicado sobre un acantilado.

La casa cuenta con seis habitaciones y una capacidad total para hasta 15 huéspedes. Para fines de septiembre, por ejemplo, hay habitaciones dobles desde US$ 390 y la casa entera se puede alquilar por unos US$ 3.100 (www.hecetalighthouse.com).

6) Faro de Bengtskär (Finlandia)

El islote, situado en mar abierto, tiene el faro más alto de los países nórdicos y es el destino turístico más al sur de Finlandia. Dicen que ningún otro faro tiene una historia tan “dramática”, desde los múltiples naufragios antes de su construcción hasta los ataques que sufrió en las dos Guerras Mundiales, con un intento por hacerlo “volar”.

El faro más alto de los países nórdicos. Foto Adobe Stock

Las obras para construirlo comenzaron en marzo de 1906 y nueve meses después, el 19 de diciembre, la luz se encendió.

Aquí vivían durante todo el año cinco fareros con sus familias, cada una en su propio apartamento. Los registros indican que en la isla llegaron a vivir 32 personas (entre ellas, 21 niños). Los fareros debían encargarse de la luz, de la sirena de niebla y de hacer guardia en la torre de manera permanente.

Museo del Faro Bengtskär Lighthouse, Finlandia. Foto Bengtskär Lighthouse

Después de la Segunda Guerra Mundial ya no hubo familias en el lugar: solo fareros que trabajaban por parejas en turnos de dos semanas. En 1968 llegó la automatización al sistema de iluminación y el edificio quedó vacío.

El paso del tiempo, el desgaste del viento y el mar y el vandalismo de un lugar sin gente fue deteriorando el edificio.

Tras una etapa de reparaciones, el faro reabrió en 1995, pero ya como atractivo turístico, con museo y hotel. Un destino al que cada año llegan unos 15.000 visitantes, entre los que pasan a visitar o tomar un café y los que deciden alojarse.

El lugar tiene siete habitaciones (25 camas en total), todas en el faro y con vista al mar; seis habitaciones en el tercer piso y la séptima en el segundo piso, junto a la cafetería. El baño es compartido y hay un sauna que se puede usar con reserva. Hay opción de contratar el hospedaje con pensión completa, que es lo más recomendable por la ubicación del faro. Cuesta US$ 65 por persona (www.bengtskar.fi).

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