Los domingos muy temprano, en Las Marianas el silencio del campo domina las calles. Pero detrás de una puerta, en un antiguo hotel de pueblo reconvertido en restaurante, la jornada empezó hace rato: doña Irma tiene las manos en la masa desde las 6 de la mañana.
Con 88 años, repite un ritual que comenzó hace más de seis décadas y que se convirtió en el principal motivo por el que cientos de personas llegan hasta este pequeño pueblo del partido de Navarro, a unos 140 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Todos buscan lo mismo: probar los ravioles caseros que Irma prepara en su cocina desde hace 66 años.
La receta permanece bajo siete llaves. “Es como la fórmula de la Coca-Cola”, dicen entre risas en el pueblo. Y ríe también Nahuel, su nieto, que aprendió el oficio junto a ella y hoy la acompaña en el restaurante familiar. Irma no revela el secreto del relleno.
Doña Irma en su ámbito preferido y con su cocina a leña. Foto PB/Viajes
Lo único seguro es que las reservas suelen agotarse con anticipación y que muchos emprenden el viaje exclusivamente para sentarse ante un plato de estos famosos ravioles.
La historia comenzó mucho antes de que Las Marianas apareciera en los mapas del turismo rural. Irma Angrigiani nació en Navarro pero vivía en el campo con sus padres. “Me casé con el hijo de la familia Camacci y nos vivimos a vivir al pueblo”, cuenta, y dice también que entonces el ferrocarril marcaba el pulso de la vida cotidiana.
El edificio que ahora es su restaurante era bar, hotel y restaurante. Su suegra era la cocinera y los ravioles tenían fama entre los pasajeros que bajaban del tren y los peones rurales que pasaban a buscar una vianda antes de seguir camino.
Irma sigue haciendo los ravioles a mano, ahora con ayuda de su nieto Nahuel. Foto Claudia Olivera
“Mi suegra los hacía fabulosos. Mi marido me ayudaba y trabajábamos los tres. Era la tradición de la familia”, recuerda Irma sentada junto a su cocina de hierro fundido, a leña.
Porque la cocina sigue siendo su territorio, y aunque su hijo le compró una cocina industrial moderna, ella sigue prefiriendo esa antigua cocina económica que conserva impecable. “Esta es mi cocina, es más linda. Este es mi territorio”, dice mientras vigila las ollas.
Con el tiempo Irma tomó la posta y mantuvo intacta una costumbre que sobrevivió al cierre del tren, a los cambios del pueblo y hasta a la pandemia.
No hay domingo sin ravioles en Las Marianas. Foto Claudia Olivera
No hay domingos sin ravioles
Los ravioles aparecen únicamente los domingos y son de verdura, elaborados con productos que llegan desde la huerta agroecológica del propio pueblo.
Pero los sábados no se quedan atrás, porque hay unos canelones y tallarines tremendos -todo casero, por supuesto- y carne al horno. Todo eso también está los domingos, pero en un segundo plano por "culpa" de los ravioles. También hay milanesas de carne o pollo a la napolitana. El menú completo, con postre (sin bebida) cuesta $ 40.000 por persona.
La entrada viene con matambre arrollado, empanada y "bombita" de papa, y para el postre hay panqueques con dulce de leche, budín de pan, flan... la cocina de las abuelas. “Hay gente que se emociona hasta las lágrimas, porque le recuerda la comida de su infancia”, cuenta Irma, que durante la semana también cocina para viajantes y proveedores que mantienen la costumbre de almorzar en su casa.
La fórmula del relleno es un secreto, pero hay una pista: la verdura proviene de la huerta orgánica del pueblo. Foto Claudia Olivera
A Irma la ayuda su familia: su hijo Andrés y su nieto Nahuel, que decidió dejar su trabajo en Navarro para instalarse definitivamente junto a su abuela, y aclara que no fue a una escuela de gastronomía, porque “la maestra es ella”. Todo dicho. Cada receta, cada secreto y cada forma de estirar la masa los aprendió a su lado.
El hotel funcionó hasta la pandemia, cuando decidieron cerrarlo y derribar paredes para ampliar el comedor, y construir dos cabañas a dos cuadras para quienes quieran buscan pasar un fin de semana de “campo y ravioles”.
El boca a boca hizo el resto. Hoy llegan familias especialmente desde Buenos Aires, pero también de Mercedes, Luján, Lobos y otros puntos de la provincia. Incluso hay quienes reservan con semanas de anticipación.
El restaurante está en un antiguo hotel familiar de Las Marianas. Foto PB/Viajes
La iglesia, lo de Mimí, la panadería
Como tantos pueblos bonaerenses, Las Marianas nació alrededor del ferrocarril: se fundó en 1908 con la llegada del Belgrano Sur, y durante décadas el tren fue mucho más que un medio de transporte: llevaba encomiendas, pasajeros, leche, trabajadores, noticias... era el vínculo con el mundo.
“Yo me fui a vivir a Tapiales pero venía siempre, y cuando el tren llegaba, todo el pueblo estaba esperando en la estación”, recuerda Nancy Eberle, delegada municipal y guía turística local los fines de semana.
Y, también como en tantos pueblos, el cierre del ramal en los años noventa redujo drásticamente la actividad: “El pueblo llegó a tener más de 2.000 habitantes; hoy no somos más de 500”, resume Nancy con angustia. Sin embargo, en los últimos años el turismo rural empezó a reescribir la historia.
La antigua estación sigue en pie, ahora funciona como centro de jubilados, y conserva buena parte de su arquitectura original. En uno de los galpones funciona un museo armado con objetos donados por los vecinos y un mercado de productos regionales (UTEP), atendido por Sergio y Daiana, donde se consiguen productos artesanales hechos aquí como dulce de leche, queso, miel, salame, huevos de campo y hasta gin. Muy cerca está la huerta agroecológica que abastece de verduras frescas al pueblo, Doña Irma incluido.
La estación de tren ahora funciona como centro de jubilados. Foto Turismo Las Marianas
Los fines de semana hay un divertido paseo en una zorrita que circula por las vías de trocha angosta -justo hoy está en reparación-, y el recorrido bien puede continuar por senderos rurales ideales para caminar y observar aves o la feria de emprendedores, que suele instalarse los domingos.
Y su hermosa plaza central, frente a la cual se alza la capilla Santa Teresita, una de las primeras dedicadas a esta santa en la provincia, que se levantó por iniciativa de monseñor D'Andrea e inauguró en 1934. Y aunque nunca fue restaurada, luce impecable, incluyendo los hermosos vitrales hechos en Austria especialmente para esta capilla.
Y cuando ya la tarde empieza a caer, es hora de conocer a otro personaje imprescindible de Las Marianas: en una típica esquina en ochava funciona el boliche-almacén La Media Luna, aunque nadie lo llama así. Para todos es “lo de Mimí”.
La capilla Santa Teresita, frente a la plaza del pueblo. Foto Turismo Las Marianas
Hace casi tres décadas, Fadila Asunción -Mimí- atiende el viejo almacén de ramos generales heredado de una familia libanesa que llegó a la Argentina en 1914 y se puso al frente del comercio cuando alrededor todavía había poco más que campo.
“Pedile un Gancia, que dicen que prepara el mejor de la zona”, me había avisado Nancy. Y cuanto le pregunto, se ríe y responde “así dicen”, mientras acomoda vasos detrás del mostrador.
¿Y cuándo funciona más, se juntan los viernes?, le pregunto. "Todos los días". ¿El aperitivo es a mediodía o a la tarde? "Y a la noche también". De lunes a jueves vienen los habitués, de Las Marianas y pueblos cercanos, como Almeyra, cuenta Mimí desde detrás del antiguo mostrador de una esquina que fue declarada Patrimonio Cultural por el municipio. Y los fines de semana es más para los visitantes de más lejos, muchos turistas.
Mimí detrás del mostrador de su boliche, en el que sirve un Gancia famoso en la zona. Foto PB/Viajes
Algunos se sirven un aperitivo, conversan un rato y siguen viaje: otros se quedan escuchando historias. Como ocurre en los pueblos donde todavía todos se conocen, el boliche funciona como una extensión de la vereda y del living de cada casa.
Entre los ravioles de Doña Irma, el aperitivo de Mimí y la tranquilidad de un pueblo que encontró en el turismo una nueva oportunidad después de la partida del tren, Las Marianas ofrece una escapada distinta, con personalidad.
De esas donde el mayor atractivo no es un monumento ni un paisaje espectacular, sino el privilegio de sentarse a conversar con personas que siguen manteniendo vivas las tradiciones de siempre.
El boliche La Media Luna fue declarado Patrimonio Cultural por el municipio. Foto PB/Viajes
Y si se queda con ganas de más y quiere llevarse otro recuerdo imperdible, acérquese hasta la panadería Los Dos Hermanos y pídale su especialidad: tortitas negras. Pero ojo, dicen que una vez que las pruebe, no va querer otras.
Gin con sabor local
Las Marianas perdió buena parte de su actividad y su población tras el cierre del ferrocarril, pero de la mano del turismo rural, va encontrando en los últimos años nuevos emprendimientos que ayudan a su recuperación. A la fábrica de quesos, la producción de miel, dulce de leche y salames, hace poco sumó una microdestilería de gin artesanal que ya empieza a hacerse un nombre dentro y fuera de la provincia.
La marca es 8 y 5, nombre que no esconde ningún misterio. “La realidad es que se llama así porque estamos en las calles 8 y 5”, resume su creador, Emiliano Valdivia, un contador de Lanús que llegó al pueblo en plena pandemia buscando bajar el ritmo de la ciudad.
Emiliano Valdivia prepara Gin Tonic y Negroni con sus dos variedades de gin, elaboradas en Las Marianas Foto PB/Viajes
“Vine para tratar de cortar un poco con las presiones de Capital y tener mejor calidad de vida”, cuenta. Compró un terreno por Internet, sin haber pisado nunca Las Marianas, y cuando llegó se encontró con que el lote incluía una construcción de más de cien años, que decidió recuperar. “Respetando la fachada y toda la construcción original, la transformé en la fábrica”, cuenta.
La idea, dice, nunca fue solo montar un negocio. “Quería hacer algo para aportar al pueblo, no para hacer un negocio con él”. Después de evaluar distintos proyectos, eligió elaborar gin porque “no había nada parecido a 50 kilómetros a la redonda”.
Hoy la producción -del London Dry clásico- sigue siendo artesanal, en partidas pequeñas y dos variedades: una joven y otra estacionada, con 6 meses en barrica de roble. Y una comercialización que busca beneficiar al lugar.
Las Marianas está a 140 km de Buenos Aires. Foto Claudia Olivera
“En el pueblo no vendo directamente: lo hacen el mercado de UTEP en la estación, la panadería, el almacén El Porvenir y otros comercios. Mi idea era ayudar a que la gente venda”, dice Valdivia, convencido de que cada nueva iniciativa puede convertirse en otro motivo para que cada vez más visitantes se detengan en Las Marianas.
MINIGUÍA
Cómo llegar
De Buenos Aires a Las Marianas son 140 km por Acceso Oeste hasta salida Ruta 5, luego RP 47 hasta Navarro y RP 44 (del cruce con la RP 41 al ingreso a Las Marianas son 18 km de tierra). Otra opción es autopista Ezeiza Cañuelas, RN 205 y RP 41 hasta la RP 44 (150 km).
Dónde alojarse
En el pueblo hay cabañas y casas que ofrecen alojamiento, como las cabañas Doña Irma, que cuestan $ 60.0000 por noche para hasta 4 personas. Más opciones en Navarro, a 25 km.
Dónde informarse
Instagram: @saloncomedor_irma; reservas al Whatsapp +54 9 2227 614985
@lasmarianas_navarro
@turismonavarro
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