Es prácticamente imposible visitar Madrid sin recorrer su encantadora Gran Vía, la avenida más emblemática de la capital española, que comenzó a construirse allá por 1910 por orden del entonces rey Alfonso XIII.
Con unos 1.300 metros de extensión, entre la calle de Alcalá y la plaza de España, la avenida más famosa y de la ciudad no solo es la principal arteria comercial y turística de Madrid, sino que también alberga varios teatros y antiguos cines devenidos salas de espectáculos, en los que se presentan constantemente obras y musicales, por lo que se la suele llamar “el Broadway madrileño”.
Algunos de ellos incluso han pasado a alojar grandes tiendas, como el espectacular cine Avenida, inaugurado en 1928 en la esquina de Gran Vía y Calle de la Abada.
De unos 1.300 metros, la actual Gran Via comenzó a construirse en 1910. Foto Getty Images.
También la Gran Vía es icónica por su arquitectura, que despliega varios edificios históricos y emblemáticos de la ciudad, como el célebre Metrópolis, inaugurado en 1911; el Edificio Telefónica -que abrió en 1930 y es considerado el primer rascacielos de España, el edificio más alto de Europa al inaugurar y el más alto de Madrid hasta 1953- y el Edificio Capitol, históricamente conocido como Carrión, que abrió en la década de 1930 frente a la ahora siempre concurrida plaza del Callao.
También la Gran Vía es un muestrario permanente de tiendas -entre ellas, grandes locales de reconocidas marcas de moda internacionales-, restaurantes, puestos de souvenires y de comida al paso, locales de comida rápida y hoteles.
Como el hotel Hyatt Centric, ubicado en Gran Vía 31, en un histórico edificio art déco construido en 1920.
Diana, la diosa de la caza, disparando sus flechas desde la cima de un edificio art déco de 1920. Foto P. Bizón
Diana, la cazadora
El edificio es extraordinario por su arquitectura, pero esconde un detalle que a muchos de los que caminan la avenida seguramente se les pase de largo: en su azotea sobresale una imponente escultura dorada de cinco metros de altura y 900 kilos de peso: es Diana -la diosa de la caza en la mitología romana-, una obra de la artista Natividad Sánchez Fernández instalada en 2017.
Las flechas de Diana que no llegaron a destino quedaron en la vereda de enfrente de la Gran Vía. Foto Archivo
Acompañada por una jauría de cinco perros, Diana está apuntando con su arco hacia el cielo. O al menos eso parece vista desde abajo.
Pero hay que girar 180 grados y seguir mirando hacia arriba para ver hacia dónde apunta en realidad: enfrente, en Gran Vía 32, en el edificio que ahora aloja una conocida tienda de ropa de varios pisos, hay otra azotea con una escultura.
En la cima de Gran Vía 32, la escultura del Ave Fénix y Endimión. Foto P. Bizón
En este caso colocada en la década de 1950 por una compañía de seguros que tenía su sede en ese edificio, se trata de un enorme Ave Fénix que intenta levantar vuelo llevando encima a Ganímedes, que en esta historia de flechas cruzadas se transforma en Endimión, un pastor del que la diosa se habia enamorado perdidamente.
En el suelo, frente a la entrada a la enorme tienda de ropa, dos flechas yacen en la vereda: son los intentos fallidos de Diana por acertarle al ave y evitar que se llevara a su amado.
Las esculturas están inspiradas en la fábula de Diana -aunque en el mito griego original se trataba de Selene, diosa de la Luna- y Endimión, el amor prohibido entre una diosa y un mortal.
Video
La historia de un amor imposible en la Gran Vía.
Enterado del amor, el dios Zeus, padre de Diana, le concede a Endimión el regalo de la juventud eterna pero a un alto precio: sumergirlo en un sueño perpetuo dentro de una cueva del monte Latmo. Allí, la diosa lo visitaba cada noche para darle un beso y contemplarlo.
En la Gran Vía, en cambio, Diana -que había jurado castidad- baja cada noche a ver a Endimión. Pero cuando Zeus se entera enfurece, y envía al Ave Fénix a que secuestre al pastor y se lo lleve lejos de su hija. Diana, desesperada, intenta retener a su amado lanzándole flechas al ave, pero erra, y éstas caen al suelo.
Entre tanta gente que va y viene, tantas tiendas, puestos, restaurantes y tanto ajetreo, en lo alto de la Gran Vía dos amantes siguen detenidos en su amor eterno para la eternidad.
Diana, la diosa cazadora, con sus perros y el arco tensado, lista para disparar. Endimión mirándola, mientras no puede evitar que el Ave Fénix lo eleve.
Un amor imposible de miles de años sobre una avenida moderna. La próxima vez que visite la Gran Vía, no olvide mirar hacia arriba.
Todavia no hay comentarios aprobados.