La plaza de Nursia (Norcia), en la provincia de Perugia, plena zona de los Apeninos de Italia, resume la reconstrucción de la ciudad después de un fuerte terremoto en 2016.
Por un lado, resplandece la Basílica dedicada a San Benito, originario de esta tierra y patrón de Europa. Por el otro, se enaltece una gran grúa torre, que se destaca entre varias construcciones en el casco histórico, reflejando que los trabajos todavía no han terminado.
En el medio, distintas norcinerie (la norcineria es una tienda tradicional italiana especializada en la elaboración, despiece y curado de carne de cerdo y sus derivados) ofrecen lentejas y, sobre todo, jamón crudo, un producto que dio origen al nombre de estos negocios que venden, además, otros embutidos, como los coglioni di mulo (testículos de mula), un salame que lleva ese nombre por su particular forma ovalada.
Reconstrucción y turismo
La reconstrucción se ha vuelto un símbolo en este pequeño pueblo italiano, que pertenece a la región de Umbría y está a poco menos de tres horas de Roma.
La basílica de San Benito y, a la derecha, una grúa que muestra que los trabajos de reconstrucción todavía siguen. Foto Mattia Panza
El alcalde, Giuliano Boccanera, cuenta que el edificio comunal -que data de época romana- se destruyó siete veces antes de que llegara al mando. La octava fue bajo su dirección. Pero eso no resultó un impedimento para salir adelante.
“El turismo se ha convertido en una de las maneras de prosperar”, transmite por su parte Andrea Lignani Marchesani, concejal municipal de Città di Castello, al consultarle sobre la reconstrucción, mientras señala las obras en ejecución.
Es que luego de aquel terremoto, la ciudad prácticamente se vació. Un total de 4.000 personas viven actualmente en Nursia, y son algunos más si se cuenta a los que ocupan las casas durante el verano. Por eso convocan y apuestan a que lleguen los viajeros.
Las calles de Nursia (Norcia). Foto Mattia Panza
La propuesta es un turismo enfocado en el arte y la naturaleza, que atrae a los propios italianos y a los extranjeros. No es casualidad que a la Umbria, región donde se encuentra esta ciudad, se la conozca como el corazón verde de Italia.
Piedra por piedra
El turismo que llega también es religioso. Una gran estatua de San Benito, ubicada en medio de la plaza principal, recibe a todos aquellos interesados en conocer la ciudad donde nació el patrón de Europa. Es ese mismo lugar donde comenzó su introspección, y desde donde parte un camino de 16 etapas que recorren, justamente, los lugares en los que el monje y fundador de la Orden de San Benito pasó durante su vida.
El primer lugar de culto es la Basílica que lleva su nombre, y que en octubre de 2025 fue abierta nuevamente al público.
Después del terremoto, restauradores, arquitectos e investigadores debieron reconstruir no solo un edificio, sino también buena parte de su historia.
Fotografías antiguas, documentos y manuscritos fueron fundamentales para comprender cómo estaba compuesto el templo y determinar la posición original de cada elemento.
El trabajo se realizó siguiendo el principio de la anastilosis, una técnica que consiste en volver a colocar las piedras y los fragmentos recuperados exactamente en el lugar que ocupaban antes del derrumbe. La intervención fue tan minuciosa que, en el arco que funcionaba como acceso a la antigua catedral, solo fue necesario incorporar cuatro piedras nuevas. El resto pudo reconstruirse con los materiales originales, identificados y catalogados uno por uno.
Pero la restauración no se limitó a devolverle a la basílica su apariencia anterior. Las obras también permitieron sacar a la luz elementos que habían permanecido ocultos durante siglos. El desplazamiento de una columna, por ejemplo, dejó visible la representación de un santo que hasta entonces no podía observarse.
Entre las imágenes recuperadas aparece San Claudio, protector de los molineros, además de una representación de San Benito del siglo XVI en la que el santo sostiene a Nursia entre sus manos.
La basílica conserva principalmente el estilo adquirido durante las reformas del siglo XVIII, según lo que nos explica la restauradora Emanuela D’Abbraccio. A ese período pertenecen algunos de sus espacios más significativos, como una pequeña capilla y la llamada Sala dei Quaranta.
Además, la visita permite descender a la cripta, uno de los lugares más vinculados con la memoria de San Benito y con los orígenes religiosos de Nursia.
Jamón crudo de Norcia. Foto Dante Trefoloni
Como un adelanto, el alcalde confiesa que a partir de estas transformaciones, Nursia será candidata a oficiar de Capital de la Cultura italiana en 2033.
La cuna de la norcineria
En Nursia, la reconstrucción no se limita a los edificios. También implica preservar los sabores, los oficios y las tradiciones que durante siglos definieron la identidad de la ciudad. Entre ellas se encuentra la norcineria, el arte de trabajar y conservar la carne de cerdo, una actividad tan vinculada con este territorio que Norcia terminó dando nombre tanto al oficio del norcino como a los establecimientos especializados en embutidos y productos porcinos.
Desde la calle principal, con un delantal gris bien limpio, Maurizio nos introduce a este universo. Nos invita a entrar y, casi como si se tratara de algo pequeño, nos propone hacer un assaggino, una probadita básicamente.
Maurizio, en la puerta de su local, invita a probar sus productos. Foto Mattia Panza
Pero una pequeña degustación puede transformarse rápidamente en un recorrido por la historia gastronómica de la ciudad: embutidos, quesos y, por supuesto, el jamón que lleva su nombre.
Mientras corta con precisión las fetas, nos cuenta que la tradición nació y se desarrolló entre estas montañas, donde los habitantes perfeccionaron técnicas artesanales que se transmitieron de generación en generación. Con el tiempo, muchos norcini comenzaron a trasladarse hacia otras ciudades italianas, primero de manera estacional y luego permanente, abriendo los primeros locales dedicados a la elaboración y venta de estos productos.
Aquellos saberes siguen siendo la base de una de las especialidades más representativas de la zona: el Prosciutto di Norcia IGP.
Imperdible, la especialidad local. Foto Mattia Panza
Durante el terremoto, muchos de estos productores sufrieron pérdidas. Por ejemplo, la familia Cataldi, de la productora de jamón IGP Patrizi, que lleva el nombre en honor al apellido de la abuela que era la encargada del desangrado de las patas de jamón. Una de las tantas que tuvieron que reinventarse para seguir la tradición del producto en el territorio.
El Consorzio di Tutela del Prosciutto di Norcia IGP, formado por 10 productores de jamón, se encarga de proteger esa tradición, controlar el respeto de las normas de producción y garantizar la autenticidad de un producto estrechamente ligado al territorio. Detrás de cada pieza no existe solamente una receta, sino una combinación de conocimiento artesanal, condiciones geográficas y técnicas conservadas durante siglos.
Lentejas entre montañas
A pocos kilómetros de Nursia, el camino asciende hasta los Piani di Castelluccio, una extensa planicie rodeada por los montes Sibilinos. Allí se cultiva otro de los productos más reconocidos del territorio: la Lenticchia di Castelluccio di Norcia IGP, una pequeña lenteja adaptada a las condiciones de altura y convertida en símbolo gastronómico de la zona.
Las floraciones en Castelluccio di Norcia. Foto Shutterstock
Pero la importancia de las lentejas no se limita a la mesa. Entre finales de mayo y julio, los campos de Castelluccio protagonizan la llamada fioritura, que es cuando amapolas, acianos, margaritas, violetas y otras especies espontáneas rodean los cultivos y transforman las planicies en un mosaico natural. La flor blanca, con algunos matices violáceos es, precisamente, la de la lenteja.
Este fenómeno se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la zona, que cada año lleva a miles de visitantes hasta el altiplano, a tal punto que ya dicen que son demasiados.
Más allá de la floración, Castelluccio también ofrece recorridos de senderismo, paseos en bicicleta, cabalgatas y actividades vinculadas con el paisaje de montaña.
Sabores que hay que probar
Cuando nosotros llegamos, los campos todavía no habían alcanzado la explosión de colores que muestran durante las semanas centrales de la floración. De todo esto nos enteramos en el Agriturismo Il Sentiero delle Fate, un emprendimiento de Sara Coccia, donde pudimos comprobar que la riqueza agrícola de la zona va mucho más allá de las famosas lentejas de Castelluccio.
La lenticchia di Castelluccio y otras legumbres locales. Foto Shutterstock
La degustación comenzó con quesos de oveja elaborados en el propio establecimiento, acompañados con miel también producida allí. Uno de los platos más singulares fue la farrecchiata di roveja con anchoas. La roveja -también conocida como arveja silvestre- es una antigua legumbre de montaña que se muele hasta obtener una harina con la que se prepara una especie de polenta. Durante años su cultivo fue quedando relegado, pero en la actualidad atraviesa un proceso de recuperación y vuelve a despertar interés por el protagonismo que adquirieron las legumbres en las dietas contemporáneas, especialmente en aquellas que buscan alimentos vegetales, nutritivos y vinculados con el territorio.
Según nos explica Sara durante la visita, los productores de la zona han comenzado a cultivar nuevamente y con más fuerza. La farrecchiata representa, por lo tanto, algo más que una receta tradicional: es también la recuperación de un ingrediente que estuvo cerca de desaparecer de las mesas locales.
La presencia de anchoas en un plato nacido en plena montaña puede resultar llamativa. Sin embargo, precisamente porque se conservaban en sal, resultaba uno de los pocos pescados que podían transportarse hasta las zonas del interior y mantenerse durante largos períodos.
Y es también un lindo resumen del territorio: recuperar lo que alguna vez fue para construir el futuro desde los cimientos. Desde la religión, los edificios, los paisajes y por supuesto la comida, la tradición de Nursia renace para que todos la conozcan.
Cómo llegar a Nursia
- Nursia está en Umbría, en el centro de Italia. Desde Roma, en auto, se llega por la A1, con salida en Orte, y se continúa hacia Terni, Spoleto y la Valnerina.
- También se puede ir en tren hasta Spoleto y tomar allí el bus de “Norcia Link” hacia la ciudad: sale frente a la estación y tarda alrededor de una hora. Cuesta 18 euros. Consultar los horarios antes de organizar la vuelta.
Dónde alojarse
- El sitio oficial de turismo en Umbría ofrece alternativas interesantes para alojarse en Nursia o en sus cercanías.
- Palazzo Seneca, en Via Cesare Battisti 10, ofrece alojamiento en un palacio del siglo XVI, a pasos de la plaza principal, aunque a un precio elevado.
- Para una estadía rural y tranquila, Il Casale degli Amici tiene habitaciones, restaurante y piscina en las afueras.
- Reservar con anticipación es aconsejable durante la floración de Castelluccio.
Qué comer
Los protagonistas son la trufa negra, el jamón de Nursia con indicación geográfica protegida y los embutidos de las norcinerie, las tiendas de especialidades porcinas. También vale probar el queso pecorino, la sopa de lentejas de Castelluccio y la pasta alla norcina, con salchicha y crema.
Qué hacer
- Recorrer a pie el casco histórico y la plaza de San Benedetto, y dedicar otro día a Castelluccio y los montes Sibilinos.
- Entre junio y julio, la floración colorea la llanura: las fechas dependen del clima. Antes de subir, revisar las condiciones de acceso y las posibles restricciones al tránsito.
Dónde informarse
- www.umbriatourism.it
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