Ubicado junto al río Sena, es uno de los edificios más imponentes de París, la capital de Francia. Y, si bien miles de personas pasan delante de él a diario -a pie o en los clásicos bateaux parisinos- y se toman fotos allí, son pocos los que deciden entrar y visitarlo. Menos aún los que conocen en detalle la inabarcable riqueza de la historia que alberga.
Su fachada es una de las más célebres de la ciudad y su interior seduce a los admiradores de la arquitectura por su grandioso estilo gótico. Símbolo de la realeza y luego de la revolución, la metamorfosis de La Conciergerie es también la de una ciudad eternamente rebelde.
Patrimonio Mundial de la UNESCO, es cierto que La Conciergerie no es precisamente el primer lugar que suelen visitar quienes recorren la ciudad en busca de sus sitios más icónicos como el Museo del Louvre o incluso el Pompidou, o el turístico barrio Le Marais.
La Conciergerie está en el muelle del Reloj. Foto Shutterstock
Mucho para descubrir detrás de las paredes
Pero este imponente edificio tiene mucho para ofrecer... y contar. De hecho, sus paredes guardan algunos de los secretos más importantes de los últimos siglos de Francia. Seguramente, muchos turistas se toman fotos frente a su bella fachada sin sospechar siquiera todo lo que pasó en el interior.
Una de sus historias más interesantes es la de María Antonieta. Por eso, adentrarse en este lugar es meterse de lleno en los entretelones de uno de los hitos más importantes de la evolución del mundo entero: los orígenes de la Revolución Francesa.
Su emplazamiento es ideal, porque la visita a este espacio único de la Ville Lumiére puede combinarse con una recorrida por los célebres puentes parisinos, o bien con un paseo en bateaux por el río Sena. El edificio está ubicado en el famoso el muelle del Reloj, dentro del primer arrondissement.
El origen de la Conciergerie se remonta al siglo XIII. Foto (Shutterstock
De palacio a prisión
El origen de la Conciergerie se remonta al siglo XIII y está íntimamente ligado al reinado de Felipe "el hermoso", famoso en toda Europa por su belleza. El monarca, que ostentó la corona entre los años 1285 y 1314, tuvo un rol esencial en la reconversión del que fuera en su momento el Palacio de la Cité.
Casa de reyes y luego prisión.
A partir de su reinado, este edificio cobró radical importancia, dado que todo el archivo real fue trasladado allí. Además, se puso en marcha una considerable construcción de las salas góticas que hoy son un imán para los turistas.
Pocas personas saben que esta fue la primera residencia en París de los reyes de Francia. Era imposible imaginar en aquella época que años más tarde este emblema de la monarquía ubicado en pleno corazón de la ciudad se convertiría en símbolo de la revolución.
La transformación de este espacio, que modificaría para siempre su destino, llegó recién hacia el siglo XV. Fue en ese momento que el majestuoso palacio dejó de funcionar como residencia monárquica, si bien continuó manteniendo sus actividades vinculadas a la administración del reinado.
Esta etapa fue la que dio al edificio el nombre que mantiene hasta la actualidad: pasó a llamarse Conciergerie, dado que el mismo rey nombró a un conserje para que se hiciera cargo de una parte del palacio, que comenzó a cumplir las funciones de una prisión. Por impensado que pareciera, esa misma prisión creada por la monarquía iba a tener a uno de sus máximos exponentes entre sus celdas.
Vista general donde se ve el río Sena, el puente Notre Dame, la Sainte-Chapelle, la Conciergerie y la Toerre Eiffel, entre otras cosas. Foto Eric Feferberg / AFP)
A partir de ese momento, la elegancia del palacio que otrora sirviera a los reyes de Francia como residencia de lujo en París fue cediendo terreno a un nuevo espacio: una cárcel que albergaría en su interior a algunos de los prisioneros más famosos del país galo. Entre ellos, el conde de Montgomery (1574), Ravaillac (1610), la marquesa de Brinvilliers (1676), el célebre ladrón Cartouche (1721), Damiens (1757) y la condesa de la Motte (1786).
Revolución y terror
La llegada de la Revolución Francesa -cuyo símbolo más recordado fue la Toma de la Bastilla, en 1789- transformó para siempre a Francia, al mundo europeo y, por supuesto, otorgó un carácter renovado a la Conciergerie. El emblemático edificio sufriría una nueva reconversión, esta vez de la mano de los revolucionarios.
Cuatro años después de la Revolución, se puso en marcha la llamada "ley de sospechosos". A partir de esta medida, se detenía de manera inmediata a todas las personas consideradas sospechosas de ser "enemigas de la república". Entonces, los presos que se encontraban en las distintas cárceles de la ciudad fueron trasladados al edificio de la Conciergerie, donde se enfrentaban a un tribunal. Este lugar, que hoy se encuentra entre los más bellos de la ciudad, llegó a ser conocido durante esta época como la “antesala de la muerte”.
En 1794 comenzó a regir el régimen que pasó a la historia como el Gran Terror. Dos de los padres de la Revolución, Danton y Robespierre, llegaron a pasar por las celdas de este edificio. El último de ellos incluso fue ejecutado allí sin acceder siquiera a un juicio previo.
Aunque muchos ni siquiera llegaban tan lejos. Otro de los rasgos que caracterizaban a esta cárcel eran la falta de higiene y las plagas. Según la historia oficial, las condiciones sanitarias de la prisión acabaron con la vida de 600 hombres y mujeres, que murieron hacinados.
Las huellas de María Antonieta
Un año antes, el antiguo palacio convertido en cárcel se preparaba para recibir a la que sería, sin dudas, su prisionera más célebre: la famosa María Antonieta. En agosto de 1793 la reina -detestada en toda Francia por su nivel de despilfarro y ostentación- fue trasladada de la prisión de Temple a la Conciergerie, donde pasaría sus últimos días con vida.
Se recrearon las celdas para las visitas turísticas. Foto Shutterstock
Considerada una de las figuras más emblemáticas de la monarquía gala, permaneció en una celda de la prisión durante poco más de dos meses -el museo guarda aún algunos de sus objetos que se pueden ver en la visita- a la espera del juicio, que llegó recién en octubre. Tras ser condenada por “alta traición”, el tribunal decidió ejecutarla en un gesto que pasó a la historia como símbolo de la Revolución Francesa.
Dos décadas más tarde, la celda en la que durmió la reina en sus últimos días fue transformada en una pequeña capilla, que se puede recorrer ahora al visitar el edificio.
Ingresar a La Conciergerie vale la pena no solamente por la ubicación de lujo de este edificio cuya fachada se encuentra entre las más bellas de París. Sino también porque la historia del ex palacio devenido en prisión es la del tránsito de una monarquía a una república. Y porque es en su interior donde la reina más famosa de toda Francia pasó sus últimos días.
Cuenta la leyenda que en sus últimas palabras antes de pasar por la guillotina no ocultó su furia por la condena a muerte del tribunal: “Yo era una reina y tú me quitaste mi corona”.
Lo que tenés que saber
- La Conciergerie abre todos los días (excepto 1 y el 2 de octubre) de 9.30 a 18, y forma parte del Palacio de Justicia de París.
- La entrada cuesta 13 euros. Se recomienda comprar el ticket por Internet, para evitar largas colas en el ingreso.
- Un dato importante a tener en cuenta: La Conciergerie se encuentra dentro de la lista de museos cuyo acceso es gratuito el primer domingo de cada mes (como es el caso del Louvre o el Musée d’Orsay, ente otros).
- Además de las colecciones habituales, periódicamente se realizan exposiciones temporarias y talleres de arte. Es un lugar vivo que funciona como epicentro de la cultura.
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