Juan tiene 82 años y una idea que nadie le saca de la cabeza: que sus amigos, esos compinches con los que se juntaba los domingos en un bar de Toledo, están envejeciendo más rápido que él.
“Los fines de semana salíamos un grupito, cenábamos juntos y tomábamos una cervecita, luego un cafecito y a casa. Pero esos amigos han ido envejeciendo un poquito más deprisa que yo. Y claro, ya no nos podemos juntar, entonces esas costumbres que teníamos, pues nada, las hemos retirado”, dice Juan.
-¿Cree que usted está envejeciendo lentamente o siente que no envejece?
-Creo que no envejezco. Soy consciente de que voy cumpliendo años, naturalmente, pero no me siento viejo porque, para mí, la palabra “viejo” o “vieja” es una cosa que no vale. Yo sí valgo. No soy igual que los jóvenes, por supuesto que no, pero valgo para muchas cosas.
Juan Lopez García. Cezaro de Luca.
De estas palabras sinceras de Juan López García, ciudadano español nacido un día de enero de 1944, la ciencia pone en duda lo de “no soy igual que los jóvenes”.
Porque este mecánico de autos jubilado, casado con Mari, su novia de los 15, y papá de cuatro mujeres que le han dado cinco nietos y un bisnieto, es hoy un atleta senior de excelencia en un cuerpo que pareciera no acusar recibo del paso del tiempo.
Con más de 80, sus parámetros físicos, similares a los de alguien 50 años más joven, lo convierten en un caso único.
Comenzó a moverse, por sugerencia de una de sus hijas, con unos trotecitos para estirar las piernas a los 66, cuando la jubilación lo alejó del taller. Hoy es campeón en descontar segundos: corriendo a 10,5 kilómetros por hora, don Juan estableció un nuevo récord mundial en su categoría -mayores de 80 años- en la carrera de 50 kilómetros. Los recorrió en cuatro horas, 47 minutos y 39 segundos.
“A veces no hay tantos competidores en mi categoría -admite Juan-. Pero aunque esté sólo yo en un grupo, voy pensando en alcanzar el récord. Logré el de Europa, en tres horas, 39 minutos, 10 segundos. Y luego el de los 50 kilómetros.”
“En cuanto al nivel cardiorrespiratorio, tiene la capacidad de un chaval de 30 años que hace ejercicio a diario”, destaca Iván Baltasar, profesor de Ciencias del Deporte de la Universidad Castilla-La Mancha que sigue a Juan López como un caso de estudio.
“A nivel óseo, Juan es una persona que tiene huesos completamente sanos. No tiene ni osteopenia, que es el antesala de la osteoporosis, y, por supuesto, no tiene osteoporosis”, agrega Baltasar, que pertenece al grupo Genud Toledo, uquipo de investigación de la Universidad Castilla-La Mancha sobre crecimiento, ejercicio, nutrición y desarrollo.
“El consumo de oxígeno máximo, que es la capacidad que tiene el organismo de extraer el oxígeno del aire, enviarlo a través de la sangre al músculo y utilizarlo para producir energía y movimiento, es un marcador de longevidad de los más importantes que hay, junto con la potencia muscular de las piernas”, apunta Baltasar.
“En el caso de Juan, su consumo de oxígeno máximo es superior al del 80 por ciento de los hombres de 30 años activos, y es el valor más alto jamás registrado en una persona de más de 80 años”, subraya.
Juan Lopez García. Cezaro de Luca
Atleta revelación
El primer indicio de su resistencia tuvo algo de mística revelación: “Un día surgió la idea de hacer a pie el camino de Santiago, que son 800 kilómetros. Lo hice en 20 días”, dice Juan.
-¿Iba solo?
-No, con un primo mío. Pero a mitad de camino no aguantó y se volvió en autobús.
Juan tiene una hija que es escaladora. Fue ella quien le recomendó salir a correr: “Empecé, pero no aguantaba nada. Entonces le dije: ‘No valgo para esto’. ‘Tú sigue, poquito a poco’, me respondió. Y al cabo de los días, pasé de 10 minutos a un cuarto de hora. Y así fui aguantando.”
-¿Corría en alguna pista de atletismo?
-No, por el campo. Por el campo y solo.
Luego se unió a un grupo de fondistas, que son corredores de larga distancia, de un club de Toledo, donde vive.
Juan Lopez García. Junto a un bisnieto.
“Me daba vergüenza -reconoce Juan-. ¿Cómo iba a salir yo, con 60 y tantos años, con corredores más jóvenes? Pero salí con ellos y me di cuenta de que había algunos que se quedaban atrás.”
Se federó a los 70. Con cariño, en el ambiente lo llamaban “el atleta revelación”.
“Me cambió la vida totalmente”, reconoce Juan.
-¿Qué le pasa por la cabeza mientras está corriendo?
-Los que se dedican a los estudios lo saben mejor que yo. Le llaman endorfinas. Por ahí anda la cosa. Cuando uno corre, ve las cosas más alegres, seguro.
Según la distancia que le toque recorrer, Juan va pensando en sus seres queridos. “Divido los metros o los kilómetros de la competencia en 11 partes, que son los más allegados: mi mujer, mis hijas, mis nietos y mi bisnieto”.
Las pulsaciones y los niveles de oxigenación en sangre de Juan López García llegaron a las revistas científicas como Frontiers in Physiology, una publicación que le dedicó varias páginas con este título: “Exploración de los límites fisiológicos del envejecimiento: un estudio de caso del récord mumasculino de 50 kilómetros en la categoría de mayores de 80 años”.
Iván Baltasar integra el equipo que presentó la investigación. “Juan es un caso único -resalta-. En cuanto a composición corporal, es decir, el porcentaje de grasa que tiene Juan o el porcentaje de músculo que tiene, está más o menos en torno a la media de una persona de 30 años.”
“No toma ningún tipo de medicación, no tiene ninguna patología diagnosticada, conserva perfectamente su visión y toda la dentadura”, enumera el profesor.
Cuenta Juan: “Este año, en enero, se me vencía el carné de conducir. Y entonces fui a hacer la revisión para que me lo ampliaran. Y cuando me iban a dar el carné, vi que era para cinco años. Les dije: ‘Había oído que a los 80, ustedes lo daban por uno o dos años’. Y me respondieron: ‘Según está usted, no le podemos dar para uno o dos años’. Y me la dieron por cinco.”
-Físicamente, ¿de qué edad se siente?
-Bueno, pues me acuerdo cuando tenía alrededor de 60 años. Yo estaba muy bien y si no hubiera sido por otras circunstancias familiares, pues creo que estaría haciendo las mismas cosas que cuando tenía 60 años.
Cábalas y genética
“No soy supersticioso, pero creo que todos lo somos un poquito. Antes de una carrera, siempre me calzo la zapatilla izquierda primero. Pero incluso cuando lo que me pongo no son las zapatillas de correr, sino de vestir”, admite Juan.
-¿Lleva alguna dieta especial para deportistas de alta competición?
-Rotundamente no. Siempre he comido bien, pero nada especial. Los guisados de Mari, mi esposa. Y ahora, que ella no está bien de salud, estoy guisando yo y sigo un poco su escuela. Pero nada de preparación de dietas especiales para mí.
“La genética es una parte importante de Juan, es decir que él tiene esos genes que le hacen rendir muy bien cardiorrespiratoriamente en carreras de larga distancia, específicamente -dice el especialista que lo está estudiando-. Pero hay una cosa muy importante que es la epigenética. Es decir, que alguien puede tener ese gen, pero si no hace que ese gen se exprese, pues ese gen no se va a manifestar. Queda silenciado o no expresado.”
“En el caso de Juan se juntan ambas cosas. Es una persona que probablemente tenga esa genética y que además lleva una rutina diaria, una alimentación basada en dieta mediterránea, unos hábitos de ejercicios semanales muy buenos y todo ese conglomerado, ese cóctel, hace que Juan pueda ser hoy como es”, resume Baltasar.
-Juan, ¿alguien en su familia llegó a una edad avanzada en un estado tan saludable?
-Sobre mi padre no puedo saberlo porque murió cuando yo tenía dos años y medio. Murió por un accidente con una bicicleta. Mis tíos sí han sido longevos. Tengo todavía uno en Francia que tiene 92 años y andaba en bici hasta hace muy poquito. Creo que un poco de genética debe haber.
Sin sponsors
A pesar de los récords mundiales que obtuvo en atletismo, Juan no tiene sponsors.
-¿No consigue quien lo patrocine o no le interesa?
-Ha habido alguien que me ha insinuado algo, que si haces algo aquí, te damos no sé qué. No quiero tener obligaciones. Mi vida ha sido una obligación constante siempre, porque yo empecé de cero a trabajar. Hemos estado casi siempre entrampados, con préstamos, debiendo a los bancos y todo eso. Entonces ahora, ¿qué voy a estar pendiente de que me digan: ‘Oye, que tienes que ir a una carrera’?. No, no. Voy a la que quiero. ¿Que me hace falta dinero? Por supuesto que sí, porque la economía también cuenta cuando te tienes que ir al extranjero a competir, que es mi ilusión.
-¿Hay algo que lo preocupe?
-Me preocupa lo de siempre: la salud de Mari. Muchísimo. Es la dedicación de mi vida. La conocí con 15 años y con ella estoy.
-¿Le teme al paso del tiempo?
-Temo a perder la cabeza con estas enfermedades que hay como el Alzheimer o algo de eso. A eso sí lo temo. A lo demás, no. Ley de vida, todo se acaba, pero cuanto más esté en ese tiempo que yo me pueda valer por mí mismo, pues bienvenido. El otro tiempo, que sea lo más corto posible. Es lo que pretendo. Ese es mi objetivo.
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