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A sus 23 años, el estudiante que se gradúa entra a la ceremonia llevando la bolsa térmica que usó durante años para vender bocadillos en el autobús, rindiendo homenaje a su madre, quien preparaba los bocadillos todas las noches, y transformando su diploma

A sus 23 años, el estudiante que se gradúa entra a la ceremonia llevando la bolsa térmica que usó durante años para vender bocadillos en el autobús, rindiendo homenaje a su madre, quien preparaba los bocadillos todas las noches, y transformando su diploma

Bruce Carneiro Friederich llevó a su graduación en Santiago, Río Grande do Sul, la misma bolsa térmica que utilizaba para vender lanches durante sus años de facultad. Su madre, Cim

A los 23 años, Bruce Carneiro Friederich llegó a uno de los momentos más importantes de su vida académica con un objeto que, a primera vista, podía parecer fuera de lugar en una ceremonia de graduación: una bolsa térmica.

No era un accesorio elegido al azar. Era la misma que había utilizado durante años para llevar los alimentos que vendía en el colectivo mientras cursaba la carrera de Educación Física en la Universidad Regional Integrada (URI), en Santiago, Río Grande do Sul, Brasil.

Bruce decidió llevarla consigo durante la ceremonia porque quería que su diploma también representara todo lo que había ocurrido fuera de las aulas para poder conseguirlo. La bolsa recordaba las mañanas de venta, pero también las noches de trabajo de su madre, Cimara Carneiro Friederich, quien preparaba los alimentos que su hijo llevaba al día siguiente.

La idea de vender comida para pagar la facultad

La iniciativa surgió del propio Bruce. Durante la carrera necesitaba una forma de conseguir ingresos para ayudar a cubrir las cuotas de la universidad. Según contó, fue él quien le pidió a su madre que comenzara a preparar los alimentos que después vendería.

Cimara aceptó, aunque inicialmente tenía una preocupación: que su hijo pudiera sentir vergüenza por ofrecer comida a sus compañeros mientras estudiaba.

La bolsa recordaba las mañanas de venta, pero también las noches de trabajo de su madre. (Foto: Click Petroleo e Gas)

Bruce, sin embargo, no veía ningún motivo para ocultar lo que estaba haciendo. Para él, trabajar mientras estudiaba era simplemente una manera de poder continuar con su formación.

Así comenzó una rutina que se mantendría durante buena parte de la carrera: su madre preparaba los alimentos por la noche y él los colocaba en la bolsa térmica para llevarlos al día siguiente.

Una madre que trabajaba durante el día y cocinaba de noche

El esfuerzo no recaía solamente sobre el estudiante. Cimara tenía su propio trabajo durante el día y, al regresar a su casa, comenzaba otra tarea: preparar los alimentos que Bruce vendería al día siguiente.

La fuente no precisa durante cuánto tiempo mantuvieron exactamente esa rutina ni cuántas horas dedicaba ella a la preparación, pero sí señala que ambos dividieron las tareas para que Bruce pudiera seguir pagando la carrera.

Mientras él se encargaba de llevar y vender los productos, ella se ocupaba de prepararlos. La bolsa térmica terminó siendo el punto de encuentro entre esas dos partes de la historia. Cada mañana llevaba dentro los alimentos que habían sido preparados la noche anterior y que después se convertirían en una ayuda para cubrir los gastos de la universidad.

Los compañeros también fueron parte de la historia

La venta se realizaba durante los viajes en colectivo hacia la facultad y entre quienes compartían esos recorridos había compañeros que compraban los alimentos. Algunos incluso le compraban fiado y saldaban la deuda a comienzos del mes.

De esa manera, se formó una pequeña red de clientes que terminó siendo importante para que Bruce pudiera reunir el dinero necesario para pagar las mensualidades.

El estudiante no tenía una beca ni utilizaba un programa de financiamiento público para cursar la carrera. Eso hizo que los ingresos obtenidos con la venta de los alimentos fueran una herramienta concreta para ayudar a sostener sus estudios.

La bolsa que llegó a la ceremonia

Cuando finalmente llegó el día de la graduación, Bruce podría haber dejado aquella bolsa en su casa. En cambio, decidió llevarla con él. Entró a la ceremonia de graduación de Educación Física en Santiago con el mismo objeto que había acompañado sus años de esfuerzo.

El gesto convirtió a la bolsa térmica en parte de la celebración y, sobre todo, en una forma de reconocer públicamente el trabajo de su madre.

El diploma representaba el resultado académico, pero la bolsa recordaba todo lo que había sido necesario hacer para llegar hasta ese momento. No solamente las horas de estudio y las clases, sino también las mañanas de venta y las noches en las que Cimara preparaba los alimentos.

Un diploma que también pertenece a su madre

Para Bruce, la graduación no era solamente el cierre de una etapa universitaria. También era el reconocimiento de todo el esfuerzo familiar que habían hecho. Él fue quien cursó la carrera, rindió los exámenes y recibió el título, pero detrás de todo ese recorrido había una rutina que era compartida con su madre.

Cimara trabajaba durante el día y cocinaba por la noche. Bruce llevaba los alimentos al colectivo y los vendía. Los compañeros compraban y, en algunos casos, incluso esperaban hasta fin de mes para pagar.

Cada una de esas acciones formaba parte de la misma cadena que permitió sostener la carrera. Por eso, llevar la bolsa térmica a la ceremonia tenía un significado especial: hacía visible una parte de la historia que normalmente queda fuera de una graduación.

De una herramienta de trabajo a un símbolo

Una bolsa térmica es, en principio, un objeto cotidiano. Sirve para transportar alimentos y mantenerlos en buenas condiciones. Pero para Bruce terminó representando años enteros.

Fue el objeto que llevó en los viajes en colectivo, el que utilizó para vender los alimentos y el que estuvo presente mientras intentaba combinar el estudio con el trabajo.

Al llevarla a la graduación, convirtió algo asociado con las dificultades económicas en un símbolo de su conquista. En lugar de esconder aquella etapa, decidió mostrarla frente a todos.

Una graduación con una historia detrás

La imagen del joven entrando a su graduación con la bolsa térmica resume una historia que va mucho más allá del título universitario. Bruce consiguió graduarse de Educación Física a los 23 años, pero el diploma también quedó ligado a las noches en las que su madre preparaba los alimentos y a las mañanas en las que él los vendía para ayudar a pagar las mensualidades.

La bolsa terminó ocupando un lugar que normalmente está reservado para la toga, el diploma y las fotografías familiares. Y justamente por eso tuvo tanto significado. Ese objeto sencillo permitió recordar que detrás de un título universitario puede existir una historia que no aparece en ningún certificado: la de una familia que encontró una manera de sostener los estudios cuando el dinero no alcanzaba.

Para Bruce, llevar aquella bolsa a la ceremonia fue su manera de decir que el logro no había sido solamente suyo. También pertenecía a su madre, a quienes compraron los alimentos y a todas esas noches y mañanas de trabajo que hicieron posible que finalmente pudiera recibir su diploma.

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